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Escrita y dirigida por Orson Welles, “El proceso” (1962) es una libre adaptación de la novela homónima de Franz Kafka y, al igual que el lector, el espectador también se ve aquí atrapado en mitad de una pesadilla, repleta de símbolos ininteligibles.   |  publicado por: jacarrillo

El vagón fantasma

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04 de marzo de 2012 a las 10:22 GMT |
La Justicia española continúa atrapada en su propio laberinto kafkiano

Como todo buen escritor, Franz Kafka era un tipo raro. Consciente de que la tuberculosis le había puesto una fecha de caducidad inaplazable a su vida, este oficinista judío, que apenas salió de su Praga natal, le encomendó a su amigo Max Brod, albacea testamentario, que a su muerte procediera a quemar todos sus manuscritos, en la más estricta intimidad y con total discreción.

De constitución frágil y salud quebradiza, Kafka fue un individuo más bien retraído y cauteloso, que nunca se comprometió a fondo con ninguna de las numerosas mujeres a las que amó con una entrega sincera pero debilitada por la duda. Más bien tímido y huraño, el autor de La metamorfosis mantuvo una intensa relación de amor-odio con su padre (como casi todos los hijos); por el contrario, congeniaba con su madre y sus hermanas y, en el interior de su cuerpo de pájaro indefenso, enjaulado, anidaba un espíritu infeliz y atormentado que se proyectaba en las sombras siniestras de sus deslumbrantes pesadillas literarias.

Dotado de un perverso sentido del humor, sus fábulas y novelas constituyen una sorprendente y terrorífica caricatura de la realidad absurda que, por término medio, entendemos por existencia.

Sin embargo, el talento creativo de Kafka se golpeaba constantemente con las paredes de sus limitadas dotes como narrador. Y, en este sentido, su caso es bastante inusual en la historia de la literatura. Nos encontramos aquí con una imaginación verdaderamente asombrosa, que se materializa a través de una prosa torpe y poco atractiva: de diálogos lacónicos y rígidos, con personajes demasiado esquemáticos y largos pasajes irrelevantes.

Lo paradójico de todo ello es que el propio Kafka era el primero en asumir las deficiencias técnicas que oscurecen el contenido de algunas de sus mejores obras hasta hacerlas incomprensibles. De ahí que su última voluntad (por suerte, desobedecida) consistiera en la destrucción de todos sus textos inéditos.

Gracias a la feliz deslealtad de su amigo Brod, disponemos hoy de un puñado de obras maestras, tan extrañas como incompletas, que revelan, al igual que en la penumbra de un cuarto que permanece siempre cerrado, el fascinante mundo interior del individuo que las concibió.

De entre estas piezas inacabadas, sin duda, la más conocida es El proceso: un laberíntico relato en el que un ciudadano cualquiera, Josef K., queda atrapado en la infernal tela de araña tejida a su alrededor por la maquinaria judicial. En un estremecedor adelanto de los regímenes totalitarios que estuvieron a punto de destruir Europa, en esta macabra broma ideada por Kafka (que, no olvidemos, se doctoró en Derecho), con la lucidez de un visionario que presiente y percibe el horror que se aproxima en el horizonte de unos pocos años, el protagonista es encausado sin que se averigüe nunca el motivo y asiste, entre resignado e impotente, a su propia ejecución, con la mansedumbre de un cordero o la serena rendición del mártir que se sabe culpable de su inocencia.

Muchos son los preocupantes paralelismos que se pueden observar entre la Justicia parodiada en esta novela y la parodia de Justicia que debemos sufrir en España, desde la Santa (?) Inquisición hasta el actual paripé de juicio a Iñaki Urdangar(u)ín.

No obstante, con todo el absurdo kafkiano que de por sí implican los miles de expedientes amontonados en los juzgados, las sentencias irracionales, los jueces prevaricadores, los fiscales impresentables, los abogados corruptos y las reducciones de condena incomprensibles, nada de ello es comparable a los restos del vagón de cola del tren que explotó, en la estación de Santa Eugenia, la mañana del 11 de marzo de 2004, y que, a pesar de contener pruebas del peor atentado perpetrado en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, han permanecido almacenados como chatarra en distintas dependencias de la empresa Tafesa, durante los últimos ocho años.

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12 comentarios
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spica
spica

#puertito. Repito y concluyo el debate.
“pormenorizados dictámenes periciales”
sobre los explosivos, así como
“un completísimo informe conjunto de expertos de Tedax
y Guardia Civil”
¡¡¡ Que cosas!!!

Publicado el 09 de marzo de 2012 a las 10:02 GMT
puertito
puertito

La Metamorfosis de Kafka: "El próximo tren salía a
las siete; tendría que darse muchísima prisa para
alcanzarlo, ... Y, por otra parte, aun en el caso de
que llegara a alcanzar al tren,..."
En los trenes del 11M no estaban ni Federico Jimenez
Losantos ni Pedro José Ramirez, empeñados en enrredar y
en que los juicios se repitan tantas veces como sea
necesario hasta que la sentencia coincida con las
fabulaciones que han repetido en sus medios hasta el
aburrimiento, sin importarles ninguna de las
investigaciones realizadas, ni siquiera las de los
principales especialistas en explosivos de España: la
Guardia Civil y los Tedax, aunque le pese a spica.

Publicado el 08 de marzo de 2012 a las 23:59 GMT
spica
spica

#puertito.- “pormenorizados dictámenes periciales”
sobre los explosivos, así como
“un completísimo informe conjunto de expertos de Tedax
y Guardia Civil”
¡¡¡ Que cosas!!!

Publicado el 08 de marzo de 2012 a las 17:04 GMT
asis
asis

La técnica, la técnica en la escritura, en el arte, la
técnica en la vida. A Kafka no le hizo falta y los
tecnocratas de la prosa pueden llegar a aburrir
tremendamente a la par que entretener. Kafka es
sublime, y esa sencillez que le atribuye no es sino la
visión nítida de los pliegues de la existencia.
Por lo demás me sumo a las consideraciones de
"puertito" y me asomo, abrumada como Pedro
Luis, a la iluminada caverna mediática.
Saludos

Publicado el 08 de marzo de 2012 a las 13:12 GMT
mgalvan
mgalvan

El gran Kafka, tan grande que, tantos años después de
su estancia en La Tierra, seguimos usando un término
derivado de su literatura, “kafkiano”, para definir lo
raro, lo extraño, lo inquietante, lo surrealista… un
término que se puede escuchar tanto en la narración de
un partido de fútbol, como en un debate político, como
en una conversación de amigos en el bar; un término tan
universal como popular.

Es verdad que era doctorado en derecho, y por eso
mismo, y por su capacidad visionaria, no creo que le
hubiese sorprendido lo que ha ocurrido con su legado,
con ese que quería que eliminaran tras su muerte. No
deja de ser sorprendente, así como interesante e
inquietante, tanto para lo que les gustan los
legalismos, como para los que les gusta Kafka, o ambos.
Podría ser material para una de sus novelas: un
laberíntico proceso judicial sobre una herencia que se
va postergando en el tiempo, pasando de generación en
generación y de mano en mano.

Kafka encargó a su amigo íntimo, editor y albacea, Max
Brod, la destrucción de sus manuscritos inéditos y
dibujos tras su muerte, pero este incumplió la orden
(por suerte para la humanidad) y se los llevó consigo a
Israel, país al que emigró huyendo de los nazis en
1939. En 1945 se los traspasó a su secretaria privada,
Esther Hoffe, dándole órdenes para que lo engrosara en
los fondos de la Biblioteca Nacional de Jerusalén,
entonces todavía en proyecto (él murió en 1968). Pero
Hoffe desobedeció a Brod (como podemos ver, aquí nadie
hace caso a nadie) y tras depositar los documentos en
un banco suizo, los legó a sus dos hijas. En 1988
subastó la novela El Proceso (pieza que también reclama
Israel, que como veremos forma parte de la disputa),
adquirida por un archivo alemán dependiente de la
antigua República Federal, en 1,5 millones de euros.
Tras la muerte de la secretaria, sus hijas (hoy en día
octogenarias), quieren hacer valer sus derechos. Esto
choca con los intereses del estado de Israel, que
también reclaman los suyos como legítimos propietarios.
Para el juicio que se avecina, a instancias del
Tribunal Supremo de Israel, se realizó un inventario de
los manuscritos. Este mismo tribunal decidirá si las
hijas de Esther Hoffe tienen derecho al usufructo de
los originales de Kafka o pasan a la potestad de
Israel. Mientras, sigue bajo custodia en una caja
fuerte de un banco suizo. Son tan misteriosas estas
cajas fuertes, que lo mismo pueden contener fortunas de
dudosa procedencia, que material inédito de ilustres
literatos. Hoy en día siguen deparando sorpresas. A
saber que más tesoros inauditos albergan.

La batalla legal está servida. Y será dura.

Algunas de las novelas de Kafka son inconclusas (El
Proceso, por ejemplo), quizás porque sabía que las
historias de la vida a menudo así lo son: no tienen un
fin determinado, sino que se prolongan y rebotan en el
tiempo. Los amantes de la literatura si pedimos que
concluyan este proceso, que se den prisa y le den
carpetazo, más que nada para luego poder abrir sus
páginas y ver que contienen y que sorpresas nos
deparan. A fin de cuentas, todo material kafkiano es
patrimonio de la humanidad. Y como humanos que somos,
solo tenemos una vida. Kafkas también solo hay uno.

Gracias José Amaro por acercarnos un monstruo de la
literatura como Kafka, ese que fue capaz de
metamorfosease en cucaracha como si fuera la cosa más
normal del mundo, sin que por ello dejásemos de
horrorizarnos, tanto de la transformación biológica del
sujeto como de la alineación sumisa de masas.

Publicado el 08 de marzo de 2012 a las 13:00 GMT
puertito
puertito

Ni el exjuez de Instrucción de la Audiencia Nacional
Juan del Olmo Ni los magistrados de ese tribunal Javier
Gómez Bermúdez, Alfonso Guevara y Fernando García
Nicolás. Tampoco los magistrados del Tribunal Supremo
Juan Saavedra, Andrés Martínez Arrieta, Miguel
Colmenero, Juan Ramón Berdugo y Luciano Varela. O los
jueces Pablo Ruz y Eloy Velasco hasta en tres
ocasiones. Ni tres magistrados de la Sección 17 de la
Audiencia de Madrid. Ninguna de las resoluciones de
hasta 14 jueces negando la reapertura de la
investigación sobre los atentados del 11M tiene más
valor que una noticia periodística.
El nuevo fiscal general del Estado, Eduardo
Torres-Dulce considera que una noticia del diario
Libertad Digital, el de Federico Jimenes, es una
“notitia criminis” que merece ser investigada por el
ministerio público para su inmediata remisión al juez
que corresponda. Torres-Dulce, sin recibir ningún
informe policial que lo avale, ha ordenado a la
Fiscalía de Madrid indagar sobre la existencia de
restos de los trenes en que se produjeron las
explosiones.
Hasta ahora, los defensores de la teoría de la
conspiración mantenían que los que trataron de ocultar
pruebas fueron los que ordenaron desguazar los vagones,
a pesar de que, antes de hacerlo, se tomaron de ellos
todas las pruebas para analizar el explosivo utilizado.

Numerosos magistrados han recordado los “pormenorizados
dictámenes periciales” sobre los explosivos, así como
“un completísimo informe conjunto de expertos de Tedax
y Guardia Civil” que se hicieron previamente.
Kafka se sorprendería que una persona inteligente como
usted, se preste a dar cuerda a las teorías de los
conspiranoicos de la caverna mediática.

Publicado el 08 de marzo de 2012 a las 00:27 GMT
mgalvan
mgalvan

VESTIDOS.

A menudo, cuando veo vestidos con múltiples pliegues,
volantes y grescas que ciñen bellamente cuerpos bellos,
pienso que no se mantendrán así mucho tiempo, sino que
les saldrán arrugas imposibles de alisar, que el polvo
los cubrirá, espesándose en los ornamentos, y ya no
habrá cómo quitarlo, y que nadie querrá dar una
impresión tan triste y ridícula poniéndose cada mañana
el mismo lujoso vestido y quitándoselo por la tarde.

Y, no obstante, veo muchachas que sin duda son bonitas
y muestran atractivos músculos y huesecillos, y una
piel tersa y masas de cabellos finos, y, sin embargo,
se presentan cada día con esa especie de disfraz
natural, apoyan siempre el mismo rostro en la misma
palma de la mano y dejan que su espejo lo refleje.

Solo a veces, ya de noche, cuando vuelven tarde de
alguna fiesta, lo ven en el espejo consumido, hinchado,
cubierto de polvo, visto ya por todos y apenas
llevadero.

- Fran Kafka -

Publicado el 06 de marzo de 2012 a las 10:35 GMT
PedroLuis
PedroLuis

Estimado Miguel:

Escribe don José Amaro: "como todo buen escritor,
Franz Kafka era un tipo raro". Si él lo dice, yo me
lo creo, porque ya he manifestado la credibilidad que
me inspira el brillante “descreído" Sr. Amaro.

Sin embargo, aquí me fallan varias cosas, ya sea por
conexión, concepción, o falta de fundamento, que diría
mi madre:

1. No todos los buenos escritores son raros. O sí, y
entonces José Amaro también lo es. Raro, preciso.

2. El calificativo “kafkiano” no siempre se aplica a lo
bien escrito por Kafka. O sí, y entonces surge la
revelación, la magistral revelación suya, don Miguel:
si mi escrito es “kafkiano”, es que soy como Kfka, es
decir un “buen escritor” y, por tanto, un “tipo raro”.


3. Lo de “buen escritor”, vale, lo acepto, seguramente
es verdad; pero ¡coño! un “tipo raro” no; hombre, eso
no. Eso si que no.


Un abrazo estimados amigos y muchísimas gracias por
vuestro esfuerzo, siempre perseverante e instructivo.
Disculpen las bromas, pero las cosas serias que aquí se
escriben, llegado cierto punto me abruman. Y una vez
más perdón por las faltas gramaticales de concordancia
o más, o más... Es una desgracia.

P.D.- Menos mal que Chely, no lee esto. De lo
contrario, esta noche me mandaba a dormir bajo las
grevillas del Parque de La Granja. Los locos en casa
son un peligro.

Publicado el 05 de marzo de 2012 a las 21:17 GMT
mgalvan
mgalvan

¡Tremendo relato kafkiano el de Pedro Luis!

Publicado el 05 de marzo de 2012 a las 11:36 GMT
PedroLuis
PedroLuis

No entiendo nada, no sé lo que me está pasando. He
leído el artículo y los comentarios. He visto el video
dos veces. Atormentado, me levanto y doy una vuelta por
el sótano de mi casita de Abades. En pared veo la
sombra de Garzón, que viene de Argentina en el último
vagón de un tren fletado por los GAL. Desconcertado me
siento y, sudoroso, me tocan ligeramente en el hombro,
o a mí me lo parece, me vuelvo y es Urdangarin que, con
la camiseta del Barça y una sonrisa malévola me señala
un bolso lleno de billetes, y que me dice: es tu turno,
llévalo a quien tú sabes. Yo ya he cogido mi parte.

Pero señor, yo de esto no sé nada, sólo conozco a
Pedrito…

De repente, la voz de Chely: ¡Pedro, sube ya, seguro
que estás escribiendo boberías en El Apurón… ya
podríamos estar en Santa Cruz!

Dios mío, que me está pasando…
Voooy... sí estoy escribiendo, pero no son boberías.
Son cosas serias… Después dices que estoy loco. Lo
mismo decían de Kafka ya ahora es un referente
intelectual.

¡Qué dices…!

Publicado el 04 de marzo de 2012 a las 22:14 GMT
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