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De fútbol y otras historias

Hay que parar a los ultras.

 

  En la última jornada  vi unas imágenes que me impactaron negativamente, creo que ya es hora de sancionar y condenar el comportamiento de ciertos aficionados radicales que creen que el pagar una entrada y animar a un equipo les da derecho a insultar, amenazar y lanzar todo tipo de improperios contra jugadores y dirigentes cuando su equipo toca fondo. Las imágenes tenían como protagonistas a aficionados del Zaragoza  que esperaban a sus jugadores al final del encuentro para intimidarles por su mal rendimiento, probablemente estos mismos sujetos los vitorearían en caso de alguna conquista deportiva. Es verdad que el cuadro maño está fatal, que su plantilla fue muy mal diseñada, que ha vendido lo poco que ha producido últimamente como Ander Herrera; también que no ha sido acertada la gestión de su máximo accionista, Agapito iglesias, quien de todas maneras ha puesto mucho dinero en este club, lo que, por lo menos, le da más derechos sobre él mismo que todos estos que gritan; siempre he sido contrario a que un club pertenezca a un señor, pero sin algunos de estos mecenas muchos clubs ya hubieran desaparecido. En medio del conflicto aparecía con una sangre fría increíble el capitán del equipo, Paredes, intentando hacer entrar en razones a unos individuos que parecían tener un comportamiento demasiado visceral y de todo menos una pizca de entereza cerebral. Evidentemente, el hecho de que los futbolistas de élite sean unos privilegiados no da derecho a que en caso de que los resultados sean malos puedan ser insultados y agredidos.

  El problema está en que son estos grupos ultras los que más suelen animar y poner colorido en los estadios españoles; sin embargo, aunque animen el espectáculo prefiero su desaparición a su inmunidad ante comportamientos tan vergonzosos; andan tan crecidos que hemos visto ya en España a aficionados radicales paralizar algún entrenamiento y dialogar con los capitanes del club para que mejoren su rendimiento o se atengan a las consecuencias. Por supuesto, también jugadores y técnicos tienen que respetar en sus actos a sus aficionados, así me pareció bastante censurable la celebración que del segundo gol de su equipo hizo el técnico de Las Palmas, Juan Manuel Rodríguez, por mucho mérito que tuviera su remontada, creo que el público grancanario no se merecía su expresión de rabia.

  Recientemente, estuve en el Bernabéu, era la primera vez que acudía al coliseo madridista y confieso que llevaba mi bufanda rojiblanca camuflada; me sorprendió gratamente la mayoría del público merengue, especialmente, el de la zona donde estaba ubicado, ya que salvo algún impresentable permitía que los numerosos aficionados del Athletic pudiesen animar y expresar relajadamente sus sentimientos, con lo que pude exhibir mi bufanda; claro que estaba en el fondo contrario a los Ultra Sur que sí que con sus cánticos insultaban  al Athletic y a los vascos; aún así es de los partidos más relajados que he visto, quizás porque todo lo que ocurrió estaba en el guión, incluyendo un arbitraje algo casero en el segundo tiempo; además fui testigo de la bronca que todo el estadio dedicó a los ultras cuando vitorearon a Mourinho. Creo que este debería ser el camino, aislar a los radicales cuando su comportamiento no sea el adecuado, como cuando chillan "Pepe, mátalos" ; Laporta, tan criticado en otras facetas, dio ejemplo ahuyentando del Nou Camp a los Boixos Nois. Y es que encima muchos radicales por animar gozan de múltiples prebendas como viajes y entradas subvencionadas con lo que no dejan de ser los clubs quienes fortalecen a estos impresentables.

  No quiero culminar este artículo sin hacer alusión a la sanción de que ha sido objeto Contador. Mi opinión sobre el doping la tuvieron en uno de los primeros artículos que escribí en El Apuron ( agosto de 2009), allí advertía de la hipocresía que rodea este tema, los baloncestistas de la NBA tienen barra libre, la rigurosidad con algunos deportes que es verdad que basan sus triunfos en décimas o segundos. Creo que hay muchos dudas en el caso del ciclista madrileño como para sancionarlo y encima con el más fuerte de los castigos posibles, aunque no soy un experto en la materia y desconozco si el producto que dio Contador puede enmascarar la recepción de otras sustancias dopantes; por supuesto, opino que en vista de las circunstancias  Alberto debería recurrir a la justicia ordinaria, aunque esta me muestra tantos agujeros como la deportiva.

 

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