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Mar y viento

Carta dirigida a la Compañía de Seguros por el capitán de un buque extraordinariamente desgraciado.

Carta dirigida a la Compañía de Seguros por el capitán de un buque extraordinariamente desgraciado.

Muy Sr. Mío:

Le escribo esta carta embargado por la pena y acuciado por la premura. Embargado por la pena porque los hechos que a continuación relato pudieran originar una cierta incomprensión por parte de su empresa, y acuciado por la premura para tratar de evitar que se formen opiniones preconcebidas derivadas de las noticias que la prensa mundial probablemente tratará de dramatizar.

Acababa de embarcar el Práctico y el Alumno de Náutica volvía de cambiar la bandera GOLF por la HOTEL y, siendo su primer viaje, observé que tenía dificultades para estibar la bandera GOLF en su correspondiente estiba, por lo que procedí a enseñarle de acuerdo con el más elemental de los principios pedagógicos que nos guían a los veteranos. Una vez localizada la estiba y cuando me disponía a entrar en el puente, observé que el Alumno dejaba la bandera sobresaliendo en demasía de la estiba, por lo que le grité que la metiera hasta el fondo, y viendo que el alumno ponía cara de extrañeza le grité "AL FONDO".

En ese momento el Primer Oficial salía de la Derrota, donde había marcado en la carta la situación del barco, y, creyendo que mi grito era una orden referida a las anclas, dio la orden de "FONDO" por megafonía al Castillo donde el Segundo Oficial no dudó en largar el ancla de babor que había sido preparada pero no apeada. El largar el ancla desde el escobén mientras el barco navegaba en "avante toda" en régimen de maniobra, fue excesivo para la acción de frenado del molinete por lo que la cadena de babor se filó por ojo. Presumo que los daños en la caja de cadenas han sido considerables.

El efecto de frenado del ancla de babor provocó que el barco cayera a dicha banda, aproándose hacia un puente giratorio que sobrevuela un afluente del río cuyo curso estábamos remontando. El operador del puente giratorio demostró gran presencia de ánimo, abriendo el puente para que pasara mi barco pero, desgraciadamente, se le olvidó bajar la barrera para detener el tráfico rodado que en ese momento circulaba por el mismo, con el resultado de que sobre mi castillo cayeron un Volkswagen, dos ciclistas y un trailer con su remolque lleno de ganado. Mi tripulación se encuentra en estos momentos reconociendo el contenido del remolque del trailer, aunque por los sonidos que se escapan del mismo yo diría que son cerdos.

En sus esfuerzos por parar el barco, el Segundo Oficial fondeó el ancla de estribor aunque demasiado tarde para ser de uso práctico, ya que cayó sobre la cabina de control del operador del puente giratorio, quien afortunadamente la vio venir y se lanzó al río.

Tengo que resaltar que nada más oír caer el ancla de babor y empezar el barco a caer rápidamente hacia dicha banda, me lancé al telégrafo de máquinas y tras repicar por dos veces marqué "atrás emergencia". Me informaron de la sala de máquinas que la temperatura del agua era de treinta y dos grados y que si estaba loco al mandar "atrás emergencia" pues se quedaban sin vacío. Mi respuesta no añade nada constructivo a este informe.

Hasta ahora he limitado este informe al extremo proel de mi barco. A popa estaban teniendo sus propios problemas. En el momento de ser fondeada el ancla de babor, el Tercer Oficial estaba supervisando la maniobra de amarre de la estacha de remolque que se estaba arriando a la cubierta del remolcador. El efecto súbito de la frenada del ancla de babor tuvo como consecuencia que el remolcador se metiera debajo de la bovedilla justo en el momento en que yo repicaba en el telégrafo de máquinas la orden de "atrás emergencia" y la hélice por fin obedecía la orden tras mi intercambio de palabras con la sala de máquinas descrito más arriba. La pronta y acertada reacción del Tercer Oficial que hizo firme a bordo la estacha de remolque, demoró el hundimiento del remolcador el tiempo suficiente para que su tripulación pudiera ponerse a salvo.

Es curioso que al fondear el ancla de babor hubiera un corte de electricidad en tierra.

El hecho de que estuviéramos cruzando en ese momento una <> marcada en la carta, puede sugerir que quizás habíamos arrastrado algo del lecho del río. Desde luego es una suerte que los cables de alta tensión derribados por el palo de proa no tuvieran tensión eléctrica, posiblemente por haber sido reemplazados por los cables submarinos, aunque debido al oscurecimiento total en tierra no se ha podido ver donde cayó la torre que soportaba los cables aéreos.

Nunca deja de extrañarme el comportamiento de los extranjeros ante una pequeña crisis. El Práctico por ejemplo, está en estos momentos en posición fetal en un rincón de mi despacho, acusándose y llorando alternativamente después de haber ingerido una botella de ginebra en un tiempo que es digno de figurar en el libro Guinness. El Patrón del remolcador, por otro lado, reaccionó violentamente y hubo de ser reducido por la fuerza con la ayuda del mayordomo, que lo ha encerrado esposado en la enfermería de a bordo, donde está diciendo que hará cosas imposibles con mi persona y con mi barco.

Incluyo en un Anexo los nombres y direcciones de los conductores y de las compañías de seguro de los vehículos que el Segundo Oficial tomó después de evacuar precipitadamente el castillo. Estos datos permitirán a su compañía reclamar los daños que ellos causaron en la regala y barraganetes en la zona de la bodega uno.

Cierro este informe preliminar porque encuentro muy difícil concentrarme con el sonido de las sirenas de la policía y ambulancias.

Es triste pensar que si el Alumno de Náutica se hubiera dado cuenta de que de noche no es necesario izar la bandera de Práctico a bordo, nada de esto hubiera ocurrido.

Atentamente,

EL CAPITÁN

 

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