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Naturaleza de Sensaciones y Sentimientos

Casi un “déjà vu”

Hace tres años y después de muchos dimes y diretes se denunciaba un contenedor que había llegado al puerto capitalino cargado de uva tempranillo y también del insecto Forficula auricularia (tijereta), especie que no existe (o existía) en La Palma. En aquel momento fue el propio importador después de la presión política generada por la presión mediática, quién tomo la decisión de devolver a origen el contenedor. Hasta el propio Consejero de Agricultura de La Palma protestó, era simplemente lo políticamente correcto o como decimos a veces, "mucho dice-dice y poco jace-jace". También clamó el presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen del Vino, y fue taxativo "no se debe dejar entrar uva sin control ya que este sector da sustento diario a muchas familias", etc. Pero viendo lo que ha ocurrido y está ocurriendo también fue más de lo mismo. Señores, si estamos en un cargo es para gestionar, aplicando las leyes sin miedo, pero creo que esto no es así, compadreo, clientelismo, son males que nos acompañan desde hace décadas.

Lo cierto es que siguen llegando contenedores con tijeretas. Lo diferente es que ahora se descargan y se distribuyen las mercancías junto con los "polizones" como ha ocurrido esta semana. Me consta que desde medio ambiente se ha hecho el esfuerzo de parar la entrada de las tijeretas pero me pregunto si desde Agricultura se ha hecho lo mismo.

 El importador los trae vía Gran Canaria, una vez que estiba y desestiba allí, ya no pasa controles aquí. Ya está hecha la trampa, y el importador lo sabe, si él tuviera la conciencia limpia no traería los contenedores por Gran Canaria, donde parece que son más laxos en los controles fitosanitarios -si no, no entendemos que circulen con tijeretas-. Si realmente quisieran lo mejor para los palmeros y nuestra isla, los traerían por aquí y pedirían que sus contenedores pasaran controles que verificaran su saneamiento. Pero parece que no les importa mucho la salud de nuestros campos. Recuerden que parte de la singularidad de nuestros vinos está en la antigüedad de nuestras cepas.

Por ello no deberíamos permitir que la riqueza de uno se pueda convertir en la desgracia de todos. No lo duden, cada plaga nueva que entra nos hace un poco más pobres a todos. Pero si queremos cifras les puedo decir que la llegada de la "Varroa" hizo que la producción de miel se encareciera unos 40.000 €/año, la "polilla guatemalteca" encareció nuestras papas unos 23.000 €/año, y así un largo etcétera.

La realidad es que todos somos un poco culpables, ya que si el importador trae uva es porque hay demanda, y demandamos a veces por pura avaricia, por querer tener más que el vecino. Por favor, si nuestra tierra solo da -por poner una cifra simbólica- para "10 bodegueros, no podemos tener 100, pues 90 pasarán penurias o se verán en la necesidad de traer uva de fuera". No estoy en contra de la importación si lo hacemos correctamente, pero parece que no es así. De lo que sí estoy convencido es que deberíamos acostumbrarnos a vivir en equilibrio con nuestro territorio, cosa que tampoco hacemos.

Si por desgracia entraran plagas como "la polilla del racimo" o "la filoxera" tendríamos un gran problema que nos costaría muchos cientos de miles de euros solucionarlo. Por eso vuelvo a pedir a la Administración que el Servicio de Inspección Fitosanitaria, Sanidad Vegetal y la Consejería de Sanidad y Consumo se ponga en funcionamiento de una vez por todas y que así se puedan realizar los controles pertinentes para certificar que los productos que entran en La Palma estén en buen estado fitosanitario y no nos vayan a perjudicar. Aunque viendo como van las cosas, dudo que nuestros representantes hagan el esfuerzo. Siempre he manifestado que somos islas no porque estemos rodeados de agua por todas partes, sino de inútiles políticos que nos aíslan.

Todos tenemos culpa, unos por acción y otros por omisión. Todos estamos entrando en un estado de indolencia preocupante que puede hacer que todos estos premios que cosechamos todos los años con nuestros vinos, se conviertan en un recuerdo del pasado y las medallas recaudadas sean tan pocas que los políticos las puedan guardar en cualquier agujero por pequeño que sea.

 

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