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Naturaleza de Sensaciones y Sentimientos

Permítanme ser pesimista

Charca de Maspalomas tomada de este enlace. http://www.fotosantiguascanarias.org/fotos.php

La historia de la humanidad está llena de civilizaciones que florecen y luego sufren un colapso ecológico que acaba en catástrofe al destruirse las condiciones naturales que sustentaban las poblaciones. De hecho si un lugar solo da para comer a 1000 personas no deberíamos desafiar a la naturaleza viviendo 10000 almas, porque probablemente 9000 pasarán hambre, aunque hoy en día seamos capaces de vivir artificialmente hasta unos niveles impensables, pero, ojo, siempre y cuando no se nos hunda el tinglado… Ejemplos tenemos muchos, quizás entre los más destacados estén los siguientes:

La isla de Pascua, con un pasado prehistórico paradisiaco presentaba una cobertura vegetal constituida por extensos bosques de palmeras y otros árboles. La sobreexplotación realizada por el hombre llevó a la práctica desaparición de esa cultura hacia el año 1200 d. C., y en un espacio corto de tiempo provocó un impacto inmediato que destruyó el territorio. Hoy en día queda una delgada capa de suelo sobre la roca madre donde se desarrolla un poco de agricultura y ganadería y por tanto sus habitantes únicamente viven del escaso turismo debido a sus buenas condiciones climáticas…

Algo similar aconteció a la civilización Maya, que en su esfuerzo por ganarse la vida y explotar los recursos, se "autoinmoló" al arruinar los biotas que la rodeaban cambiando localmente las condiciones climáticas de pluviosidad (se supone que disminuyó entre un 20% y un 30%) y de temperatura (aumentó localmente entre 3º C y 5º C), destruyendo así la dinámica de los ecosistemas y todo atisbo de futuro…

Pero eso no solo ha ocurrido en el pasado: está sucediendo en la actualidad. Así podemos hablar de un maravilloso laboratorio de la evolución como es la isla de Madagascar, en la cual viven o malviven la mayoría de sus más de veinte millones de malgaches. Esta macro-isla tiene una de las faunas más variadas y extravagantes del mundo, con animales que no se encuentran en ninguna otra parte pero que el hombre está poniendo en peligro (el 80% de sus bosques ha desaparecido) al explotar al máximo los recursos de todos los hábitats de este santuario de la naturaleza …

Para seguir viendo ejemplos, realmente no hay necesidad de irse tan lejos: aquí, en Canarias, hemos llegado a extinguir prácticamente un ecosistema como fue la idílica y llorada Selva de Doramas (Gran Canaria), antiguo bosque de laurisilva que fue destruido entre el siglo XVIII y XIX (obtención de varas, carbón y suelo agrícola). Hoy queda poco más del 1% del relíctico bosque. Igual suerte corrieron las Dunas de Guanarteme. Ya más recientemente (década de los años 50), similar despropósito ocurrió con la Charca de Maspalomas (Gran Canaria), magnífica laguna costera de aguas salobres, claro representante de un biotopo marismeño que fue drásticamente transformado por las urbanizaciones hoteleras construidas en los alrededores que derivaron sus aguas fecales hacia ella.

 Ahora nos asustamos y gastamos millones de euros en rescatar y recuperar lo que teníamos, pero por muchas plantas que sembremos y por muy limpias que estén sus aguas, lamentablemente son irrecuperables las innumerables especies de animales (al menos invertebrados) que desaparecieron para siempre.

Está claro que pasan los años y esto no ha cesado, seguimos en las mismas: consumir naturaleza para mantener nuestro status y luego llorar por nuestros paraísos perdidos.

Lo sé, estoy siendo pesimista. Aunque debemos de tener muy claro que si algún rincón de este planeta nos ha llegado natural o salvaje es porque no ha despertado interés en el hombre, por peligroso, por inservible o por escasamente rentable, ya que es propio de la condición humana alterar y acondicionar a sus necesidades cualquier espacio, permitiéndole como máximo llegar bien conservado hasta nuestros días.

Tristemente hemos organizado la huída hacia delante, por eso creo que es poco probable que esto cambie. Es razonable pensar que somos en estos momentos la mayor plaga que le ha caído a este planeta, desarrollando en nuestra inmensa locura la sensación de impunidad al considerarnos "creados a imagen y semejanza de Dios…" Si seguimos actuando con desprecio hacia los demás seres vivos, posiblemente en un tiempo no muy lejano la Tierra nos hará un juicio sumarísimo por los múltiples crímenes contra la biodiversidad, enviando nuestras miserias hacia una nueva extinción.

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