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La tendedera

Notas del cultivo del café en La Palma / 1. "Es la hora del cafelito"

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1. Nota preliminar

Con destino a las Primeras Jornadas del Café de la isla de La Palma, celebradas en junio de 2017, me propuse realizar una primera aproximación investigadora sobre la historia del cultivo del café en la isla canaria de La Palma (hasta entonces no existía ningún trabajo previo al respecto). El encargo que me había hecho Basilio Pérez, consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo Insular de La Palma, resultó en un principio un reto y, más tarde, una satisfacción, pues descubrí la aptitud de nuestras gentes y nuestras tierras para el cultivo del cafeto, una de las bebidas de más alto consumo del mundo.

Este acercamiento también me hizo retroceder a mi infancia, cuando recogíamos los frutos maduros, color rojo, en la finca de mi abuelo Tomás Hernández Martín, situada en la zona de la calle Cabo, lindando con el barranco de Tenisca (Los Llanos de Aridane). Las líneas que siguen son el resultado de ese trabajo, que sirvió como introducción a las jornadas referidas.

2. Orígenes del cultivo y consumo del café

Cuentan los tratados que el café es una bebida muy antigua. Los turcos lo llamaban chaova y en Europa se generalizó la denominación café, si bien la chaova turca designa al fruto del árbol llamado café o cafeto.

Al parecer, el árbol tiene similitudes con el jazmín y por ello también se le conoce por jazmín arábico. Desde antiguo crecía en Arabía, Yemen o Moka, entre otros lugares.

Una leyenda explica que en esos lugares lo “escaldaban con agua hirviendo o secado al sol antes de venderlo […] por temor se extienda su cultivo en otros países”. Una actitud que evitaba su siembra en otros lugares con la consecuente pérdida comercial y que recuerda los orígenes de la seda, cuando se penaba con pena de muerte a quien osara traspasar con capullos de seda las murallas del Celeste Imperio (China).

Antes del siglo XVI, el café no era conocido en Occidente. Arabia y países próximos eran los lugares propios de producción y consumo. El café de la ciudad de Moka (Arabía), en sus distintas variedades, era el más codiciado por su olor y por su gusto más agradable.

Al parecer —y según la leyenda—, la primera experiencia humana de consumo del café proviene del superior de un monasterio de Arabia, quien, al observar el efecto que producía su ingesta en el ganado caprino, comenzó a aplicarlo como bebida destinada a los monjes del coro, a fin de que se mantuvieran bien despiertos durante el rezo de los oficios religiosos nocturnos.

Por esa época, los granos de café para la infusión no se tostaban. Por otro lado, al estar prohibido el consumo de alcohol en la cultura musulmana, el café se generaliza y se vende en las tabernas, donde la clientela lo toma a sorbos, muy despacio y muy caliente.

3. El café en Canarias

Para el archipiélago canario, en su extraordinario y voluminoso Diccionario de Historia Natural de las Islas Canarias, publicado por primera vez en 1866, el erudito José de Viera y Clavijo (1731-1813) nos da una noticia concreta de la producción del café en las islas: “En Tenerife ha prosperado, de algunos años a esta parte, muchos pies, no dejando duda de que el clima le es favorable”; el autor continúa su artículo describiendo la planta.

Algunos autores apuntan la posibilidad de que el origen de los cafetos canarios esté en relación con la creación, en 1788, del Jardín Botánico del Puerto de la Cruz, aunque falta documentación expresa de este aserto. Nosotros apuntamos otra posibilidad: el envío de plantones o semillas por los emigrantes del tornaviaje de América, tal y como nos consta documentalmente por otras producciones agrarias.

En la prensa regional del Ochocientos, por ejemplo, se recogen varias solicitudes de especies de uso agrario y ornamental. Para el primer caso, valga como muestra esta reseña aparecida en el periódico palmero El Time en 1864: según la cabecera, el aridanense Celedonio Camacho Pino (1824-1890) “introduce en esta isla el cultivo de algodoneros […] y ha hecho remitir de Cuba un cajón de semilla de dicha planta”.

Por su parte, las solicitudes de plantas ornamentales también obtienen respuesta entre la amplia colonia canaria en Cuba. Así, de nuevo El Time, de fecha 28 de febrero de 1864, dice a propósito de la plaza de España de Los Llanos de Aridane: “Los árboles que pudieran plantarse son los llamados plátanos del Líbano, ó los llamados laureles de la India. Los primeros pueden llevarse de los jardines de Argual, y no dudamos que nuestros paisanos residentes en Cuba nos remitirán algunos de los segundos, como ya han hecho para la plaza de este pueblo”.

4. Primeras referencias conocidas del café en La Palma

Sea como fuera su introducción en La Palma, lo cierto es que, en 1863 y con anterioridad, el comercio de la isla vendía café. En el establecimiento de Manuel Cáceres, llamado “El Tiempo” (Santa Cruz de La Palma), se ofrecían —además de cachorras, sombreros finos de paja, guantes, elásticos de varios colores para botines o lino— productos alimentarios como licores, cacao, arroz y café. Evidentemente, no podemos saber si la producción era palmera. También en 1863, ahora sí, especificando su origen caribeño, los señores De Las Casas y Hermanos (calle Santiago, número 7 de Santa Cruz de La Palma) negociaban con “café superior de La Habana”. Estas noticias evidencian que el café era a mediados del siglo XIX una bebida usual en La Palma.

En 1866 vemos los primeros pasos —por ahora contrastados y documentados— del café cosechado en La Palma. En este año, la Sociedad Económica Amigos del País organiza su asistencia a la Exposición Universal de París de 1867. En septiembre de 1866, el periódico palmero El Time señala que Miguel Castañeda aportaba para su participación en Francia un lote de capullos, seda, maderas, tártago y café. Ello demuestra que nuestro café debía estar implantado y conocido su cultivo con anterioridad a 1866. El Time de fecha 23 de septiembre de 1866 lo recoge; la Económica debió remitir café en grano y una muestra de la madera de la planta.

En esas mismas fechas, también El Time publica un amplísimo artículo titulado “Del café” en su edición de 30 de diciembre de 1866. En primera página, describe sus orígenes, cuidados y producciones del mundo, especialmente las sudamericanas. Lo que realmente perseguía la cabecera era publicitar su cultivo en la isla, que reunía condiciones para ello.

Las exposiciones de industria, productos el campo y arte se van imponiendo en diferentes lugares del mundo y La Palma no iba a ser menos. A finales de 1867, en la aún gallera Circo de Marte se inaugura una muestra titulada “Exposición Palmense”. En la plaza de Santo Domingo se expuso durante una única jornada ganado de todas las razas y, en el recinto cerrado, entre el 25 de diciembre y el 7 de enero, se exhibieron unos 2000 objetos por parte de 800 expositores de la isla. La muestra fue visitada por unas 2500 personas (recuérdese que, en ese año, La Palma contaba con unos 30.000 habitantes).

Al clausurarse la exposición se organizó una degustación en la que aparece nuestro protagonista, el café, remetido desde San Andrés y Sauces. Por su parte, el expositor y productor Augusto Cuevas, del municipio de Los Llanos de Aridane, participó en la cata con cuatro botellas de licor, entre ellas, una de “licor de café”, además de las de anís, vainilla y perfecto amor.

La Exposición Palmense tuvo una repercusión importante. De este modo, comprobamos que los productores galardonados en 1867 utilizan en su publicidad periodística la referencia al premio concedido como garantía de calidad, una moda que se sostuvo al menos hasta principios del siglo XX.

En 1875, los plantíos de café ya eran una realidad creciente en La Palma. Así lo recoge una crónica del periódico madrileño El Globo de 16 de diciembre de1875: en La Palma “se empieza á hacer algunos plantíos de café que se espera con fundamento pueda ser algún día uno de los cultivos de más lucro en estas islas”.

Las exposiciones universales continuaron. Así, por ejemplo, en la de París de 1878, el hacendado palmero Miguel Sotomayor y Fernández de la Peña figura como expositor de varios productos, obteniendo sendas medallas de bronce por tabaco y café. Es probable que la zona de siembra fuera la Vega de Argual (Los Llanos de Aridane), donde por esos años se hacían continuos plantíos de experimentación, adaptación y aclimatación con un sinfín de variedades agrarias. De hecho, aún hoy se conservan algunas de estas plantas, algunas ciertamente exóticas.

Miguel de Sotomayor Fernández de la Peña debió ser un propietario inquieto y emprendedor según demuestra la aplicación de nuevas técnicas a los productos de sus campos. Al menos desde 1881 era titular de un molino maquilero en Argual. Este mismo acaudalado propietario obtiene en 1894 licencia para una fábrica a vapor de azúcares y licores. El 16 de junio de ese año, el Ayuntamiento aridanense concede el permiso definitivo para una fábrica de azúcares con aparato de vapor y alambique para destilar licores en la casa de unos familiares situada también en el pago de Argual.

Uno de los más detallados relatos del quehacer palmero en torno a 1885 se debe a la británica Olivia Stone y fue recogido por nuestra observadora fotógrafa en su libro de viaje Tenerife y sus seis satélites, publicado en su primera edición en Londres. En su visita a la casa y hacienda de Sotomayor en Argual, explica: “Dan trabajo a un considerable número de personas, porque cultivan caña de azúcar, té, café, viñas y tabaco, además de los alimentos necesarios para la vida diaria”.

Más adelante, la escritora describe la producción cafetera: “El cafeto es un arbusto parecido a un laurel. Aquí lo plantan entre plataneras para protegerlo del viento. La baya primero es verde, después roja y, cuando está madura, es de castaño claro, con tamaño y forma semejante a los de la zarzamora. Cuando se le quita la piel exterior encontramos una nuez dura dentro y cuando está seca se divide en dos y el café crudo está listo. Se recogen dos cosechas al año, siendo la mejor la de marzo”. La viajera y su esposo continúan recorriendo la isla y se les ofrece café en Argual, en Los Sauces y en Santa Cruz de La Palma.

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