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Cultura

Crónica de Jonay Rocha a la presentación en Barlovento del nuevo espectáculo de Cruzado Mágico, 'Sin pelos en la lengua'

Esta noche tuve el placer de ser invitado por una amiga al teatro y me sorprendió gratamente. Presencié un espectáculo hábil y sensatamente medido para esta isla, en el que se logra la interacción del público, el espacio y los artistas.

Y me resulta renovador, porque sin inventar nada nuevo, revindica la cercanía del público como vínculo, mostrando de manera desnuda que la interpretación somos ambas partes, los que observan y los que actúan, que los guiones son universales y el verdadero asunto es adaptarlos a nuestra idiosincrasia…

Los artistas, después de estudiar y repetir texto, dramatizar una y otra vez cada parte hasta lograr el sentir requerido, actúan y hacen suya una obra que se funde en su vida para siempre; a su vez la obra se mete en su piel, aportándoles bagaje, experiencia y una marca vital que los ayudará a navegar el río de emociones que les espera en sus próximos retos.

Las tres partes de la obra están gobernadas por sus protagonistas, que sorprenden con un guión cambiante como la vida misma, crítico con la ambigüedad y la doble moral de los adúlteros, resentidos y cándidos momentos por los que la vida nos ha llevado a todos de la mano.

Esa cualidad humana de lo volátil, la voluntad y el capricho, está cuidadosamente trenzada en tres monólogos de raíces diferenciadas, durante los cuales, la cordura de nuestros personajes se tensa hasta que vemos sus miedos, pesares, anhelos y filias retorciéndose, presas de la soledad y el amparo que les proporciona el desahogo cómplice del público…

O no Matilde?

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