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Cultura

A Julio Iglesias 'le va' La Palma

El cantante se vació en el escenario, agradecido por poder regresar a La Palma 44 años después

La Palma pudo disfrutar de Julio Iglesias en toda su esencia. El concierto fue más que música. Su peculiar personalidad, la narración de muchos momentos de su vida, la expresión de sus sentimientos e incluso de sus ideas, completaron un espectáculo redondo, que llegó a convencer hasta los más escépticos. El artista no se guardó nada para sí y silenció todo el ruido que se había generado alrededor del concierto. Y tuvo esa cada vez más extraña virtud de ser agradecido por poder regresar a La Palma 44 años después de su anterior estancia en la Isla, “cuando pensaba que no iba a volver”.

Se le veía cómodo en el escenario. “No me quiero ir de aquí”, llegó a decir en algún momento, aunque reconoció también en otro instante que no le salía la voz que deseaba. Más autenticidad no se le podía pedir al cantante, que durante más de dos horas y cuarto de concierto, con un recinto lleno de público, interpretó una treintena de canciones de su repertorio clásico y adaptaciones de temas conocidos de otros autores, que fue salpimentando con divertidas anécdotas de su propia vida y guiños al público de alguien que confesó que “se siente un isleño”.

Julio Iglesias supo ganarse al público desde el primer instante con su particular sentido del humor, narrando hechos de su biografía y de ciertos mitos y leyendas (o no) que le persiguen, haciendo incluso mención al meme de “y lo sabes”. Pero el momento de mayor fusión con el público llegó cuando cantó el “palmero sube a La Palma”, que interpretó en dos ocasiones, al principio y al final del concierto. El artista se confesó un amante de la música canaria y especialmente de Los Sabandeños,  agrupación a la que hubo un tiempo que escuchaba “a diario”. A estas alturas de su vida y tras una trayectoria más que reconocida, no parece que esté para lanzar elogios gratuitos y sonaban con autenticidad

Lo que no cambia es el efecto que provocan temas tan reconocidos de su repertorio como Me va, me va, que levantó al público de las sillas para bailar, o La vida sigue igual, uno de sus primeros temas, que fue “culpable” de que viniera por primera vez a La Palma, cuando “no sabía cantar”.

También tuvo la oportunidad de hablar de política y reconoció que en este momento “me gusta que mi país sea regido por quienes mejor administran, por eso mis ideales pueden venir de cualquier lugar siempre y cuando sepan administrar”. Mientras que se mostró agradecido con el “intendente, como llaman en Latinoamérica al presidente del Cabildo” y con la “ministra” de Turismo, “guapísima por cierto”, en referencia a la consejera Alicia Vanoostende.

El final del concierto no estuvo acorde con el resto, con una despedida un tanto fría, en la que el cantante se marchó rápido, dando la sensación incluso de que estaba algo molesto con alguno de sus músicos. Una circunstancia que en absoluto desdibuja la entrega del cantante y el buen sabor que deja en La Palma su regreso, que “es el mayor privilegio de los artistas”.

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