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Opinión
En el 92 aniversario de su nacimiento

Tras algunos recuerdos, un fruto de solidaridad

Prólogo al libro “Los orígenes de la electricidad en La Palma – El Electrón

Luis Cobiella Cuevas.

Un grupo de profesores y alumnos del Instituto de Enseñanza Secundaria (IES) “Virgen de Las Nieves” de Santa Cruz de La Palma, constituido luego en “equipo de trabajo formado por historiadores, técnicos en arquitectura y electricidad y otras especialidades afines” ha elaborado un trabajo de investigación sobre la electricidad en Santa Cruz de La Palma. El modo y la amplitud del trabajo son, a mi juicio, ejemplares y gratificantes. Seducido por su lectura, quisiera confundirme por breves instantes con el equipo redactor, y atreverme a ser incluido en el “lugar de aprendizaje, encuentro y amistad” felizmente constituido por la comunidad educativa del IES “Virgen de Las Nieves”. Por ello, en adelante y hasta el final, me reduciré a intercalar algunos ecos de carácter personal sin orden y concierto salvo el orden de la lectura y el concierto de la adhesión.

Al igual que en otras cuestiones, fue en la eléctrica pionera la isla de La Palma. En septiembre de 1892 se constituyó la Sociedad Anónima Electrón, término que, juntamente con otros igualmente representativos del romántico modo decimonónico, entre ellos la sociedad menos anónima “Urcéolo Obrero”, extendió a la primera mitad del XX los gustos del XIX. Posteriormente advendría el largo “Riegos y Fuerzas de La Palma, S.A.”, feamente abreviado en RIFU. De Electrón a RIFU ganamos la suficiente cantidad de medios y perdimos la calidad del candor.

Aparte de la energía suministrada por “Electrón” (“el letrón” para los niños de entonces), desde finales del siglo XIX hasta buena parte de la segunda mitad del XX la venta pública de electricidad coexistió o, en algunos casos, fue precedida por la que hacían establecimientos con elementos motrices orientados a particular industria, más bien limitada y pequeña, que, secundariamente, con lucro o sin él, suministraban energía a terceros en zonas igualmente limitadas y pequeñas y en número generalmente corto.

En ocasiones no frecuentes, tales centros de venta de energía continuaron haciéndolo aún después de cerrar su inicial negocio particular. Se dieron casos de pequeños fabricantes exclusivamente dedicados a la venta de energía, siempre de una manera casera y con graves limitaciones. El negocio lo era merced a la dejación de requisitos necesarios no ya para el crecimiento de la empresa sino, simplemente, para su mantenimiento; tales requisitos, generalmente obligatorios, eran de orden económico, técnico, legal y de seguridad.

Estas empresas estaban condenadas al fracaso; duraron más de lo previsible por: a) la dificultad de ser sustituidas por otras empresas idóneas; b) la dificultad de otras empresas en alcanzar la debida idoneidad; c) la tolerancia de la Administración, generalmente por motivos políticos.

El servicio eléctrico propiamente dicho, en la isla de La Palma y en las demás, comprende tres etapas: implantación (1890/1950), desarrollo (1950/1980) y consolidación (1980/1990). A su vez, en la trayectoria global cabe una clasificación aún más simple: empresa privada (1890/1970) y empresa pública (1970 hasta finales de los noventa).

Víspera de la implantación, y como premonición de la tensión eléctrica, la tensión del progreso y la aventura animaba a una singular confluencia, cordialmente diferenciada, de nobles en ocaso, burgueses en alza y selectos maestros artesanos; sumábanse así diferentes y complementarios intereses e inteligencias, en virtud del gradiente (1) que impulsaba a emprender, preciosa palabra que funda, salvadora, el sentido de la palabra “empresa”. Cedo en este punto a la tentación de transcribir algunos párrafos de la primera Memoria de la Junta Directiva de Electrón, a la que se hace referencia en el apartado 3.2 de este trabajo. Se trata de un documento singular en la historia eléctrica de la región:

Honrado con la Dirección de esta Sociedad y teniendo en consideración que ha transcurrido más de un semestre desde su constitución, tiempo que abraza la laboriosa gestación que ha precedido en progresivo y constante desarrollo al completo establecimiento de esta Empresa, júzgome en el deber de dar cuenta de la historia de su génesis, consignando sumariamente la manera con que el proyecto de alumbrado eléctrico de esta población fuera iniciado, y con qué extraña rapidez ha sido traído a la práctica un pensamiento que por tal modo determina uno de los más útiles adelantos con que los pueblos cultos se envanecen.

Enterado por un individuo de mi familia, joven estudiante enardecido con el entusiasmo propio de su edad y que en el hogar doméstico pintó con los más risueños colores la posibilidad de establecer en este su país natal aquel maravilloso elemento de progreso, de que existía en Madrid establecida la casa sucursal de Jackson Hermanos, ingenieros representantes de los talleres de construcción de Oerlikon en Suiza, cuyo jefe se hallaba dispuesto a estudiar una instalación para alumbrado eléctrico de esta ciudad, escribiose a éste en 7 de Diciembre de 1891, de acuerdo con varias personas que apoyaban con patriótico entusiasmo tal proyecto y las cuales en su mayor parte se han inscrito como accionistas de la Empresa…

…En efecto: estudiado por aquel inteligente señor el pensamiento y resuelto por el mismo sobre el terreno el problema de la mejor manera de instalar los aparatos productores de la electricidad con la fuerza motriz del agua del abasto público… Aprobado el proyecto de Estatutos de la Sociedad “Electrón”; concedida por el Excelentísimo Ayuntamiento de esta Ciudad de acuerdo con la Empresa Hidráulica de la Dehesa de la Encarnación la autorización para utilizar la fuerza del agua pública como motriz de los aparatos para producir la luz eléctrica…

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1 “Gradiente” tiene voces sinónimas o familiares: atracción, avidez, tendencia, sed, impulso

Tal ha sido, en compendiado resumen, la iniciativa del pensamiento de instalar el alumbrado eléctrico en este país; tal el sucesivo desarrollo de tan importante proyecto; y tal el pronto y deseado éxito de una idea que, concebida hace apenas algunos meses, madurada, más bien que por un largo periodo de laboriosos esfuerzos, al fecundante calor del entusiasmo, cuyas energías han vencido siempre los mayores obstáculos y han llevado a la realidad las más arduas empresas, es hoy un hecho que eleva nuestro país al nivel de los pueblos para quienes no han sido letra muerta los maravillosos descubrimientos de la Ciencia y las constantes evoluciones del Progreso.

Santa Cruz de La Palma, 14 de Octubre de 1892.

¡Habría que destacar tanta cosa! La elegante corrección del lenguaje “lo digo con nostalgia y sensación de actual empobrecimiento”; el modo “decimonónico”, a veces superficialmente denostado, da cuenta aquí de la rigurosa intención de estructurar la comunicación con tanta fidelidad como riqueza de medios, ésta al servicio de aquélla.

Destacar también la imaginación creadora, en este caso partida de “un individuo de mi familia, joven estudiante enardecido con el entusiasmo propio de su edad y que en el hogar doméstico pintó con los más risueños colores la posibilidad de establecer en este su país aquel maravilloso elemento de progreso”; y destacar también la inclusión en la aventura creante de “varias personas que apoyaban con su patriótico entusiasmo tal proyecto”(2).

Cincuenta años más tarde, el Cabildo palmero, asimismo obediente a parecidos gradientes, se sintió llamado a remediar la pública penuria de energía eléctrica: una vez más se redactaron proyectos para explotar saltos de agua y se invitó al patriciado isleño a participar en la aventura… y aquí concluye el paralelismo con la primera aventura: el palmero no acudió esta vez a la suscripción de acciones. ¿Se había consumido su patriótico entusiasmo? Unicamente constato que había cesado la tensión y no hubo corriente de ilusiones y aventuras, ni de dineros, ni de electrones. Tampoco acudió capital de otras islas. Sí acudió desde otros puntos de la península: Barcelona, Madrid, Alicante (el nombre de la nueva sociedad eléctrica palmera fue mera copia de “Riegos y Fuerzas de Levante”).

En este trabajo se ha descrito con valioso pormenor el tiempo de implantación. Trabajé largos años en la empresas RIFU y UNELCO y ello me permite comentar algún detalle del tiempo de desarrollo.

Desde su inicio, Riegos y Fuerzas de La Palma, S.A. carga con la servidumbre política que aporta su accionista mayoritario, prácticamente dueño, el Cabildo de La Palma. Me refiero a la prioridad otorgada a la construcción de la central térmica sobre la central hidráulica; esta última se inauguró cinco años después, cuando RIFU estaba descapitalizada, debido, entre otras causas, a vender durante cinco años la energía térmica a los bajos precios aprobados para la energía mixta termohidráulica (3).

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2 Merece destacarse la deliciosa grandilocuencia del párrafo citado en la Introducción, publicado en 1894 en “Amor Sapientiae” , grupo social y periódico promovidos y dirigidos, entre otros, por mi abuelo Pedro Cuevas Pinto.

Aún así, RIFU inicia le electrificación insular(4), lo que precipita la precariedad de sus medios, en especial centrales de producción. A finales de los años cincuenta redacté un Proyecto de Electrificación Insular, que fue aprobado por el organismo administrativo correspondiente, la Comisión Provincial de Servicios Técnicos. No se materializa el proyecto por defecto de la coyuntura económica. El Proyecto de Electrificación se realizó sucesivamente hasta completar el servicio a los catorce municipios. Aunque, en el recuerdo, esta tapa se me ha hecho entrañable “tuve ocasión de patear la isla desde Garafía a Fuencaliente (para cruzarlo, bajaba al fondo del Barranco de Gallegos mediante escaleras de mano porque aún no había continuidad de pista)” consideradas en su actualidad, sin el noble y encubridor trabajo del tiempo, fueron duras: los pocos medios disponibles derivados de la grave penuria de la empresa obligaron a realizar trabajos en condiciones desfavorables y arbitrar electrificaciones con la colaboración “en especie” de los vecinos: ellos proveían la postería para las redes de baja tensión, arrancando árboles de sus terrenos, no de pino sino de castaño, más resistente al pudrimiento, pero también menos recto que el pino: sus trazas curvadas hacían difícil cualquier alineación y, consecuentemente, la consistencia del sistema. Fuimos por aquel entonces pioneros de los apoyos metálicos en Canarias para la alta tensión merced a la idea del Consejero Delegado Don Antonio Carrillo Kábana, que nos que nos sugirió la posibilidad de hacer el tendido con esos apoyos metálicos, más practicables que los pesados postes de hormigón, de difícil trasiego a través del accidentado relieve insular.

Llega el momento en que se plantea la transferencia de RIFU al sector público, vía INI. Estamos en un punto de inflexión de trascendencia regional, porque la transferencia de RIFU concluyó en el hito principal de la historia del servicio eléctrico en Canarias: la conversión de UNELCO privada, restringida a las islas capitalinas,, en UNELCO pública extendida al archipiélago. He aquí La Palma presente en los momentos claves de la electrificación regional: en su inicio y en su salvación ha sido pionera modesta y decisiva. En esta etapa estaban enfrentadas las posiciones de UNELCO y RIFU, ésta favorable a la intervención estatal, aquélla dilatando la intervención directa del INI. Como Director Técnico de RIFU me fue dado sostener conversaciones con UNELCO e INI y añadir a otras vías principales o directas una mediación tan modesta como interesada.

El proceso de integración de RIFU en el INI concluyó en 1965. Hasta 1969, la relación del INI con UNELCO se reduce al establecimiento en Tenerife, desde 1962, de la central flotante “Nuestra Señora de La Luz”.

RIFU despega: completa la electrificación insular y realiza en buena parte las de La Gomera, El Hierro y Fuerteventura; atendí y estuve presente en la construcción de centrales y redes principales de las dos primeras islas. Me trasladaba

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3 Uno de los cuatro motores Paxman citados en el párrafo 3.3 sufrió grave accidente en su descarga del barco al muelle, lo que significó una merma inicial de potencia.

4 Creo recordar que, en principio, se suministraba energía a Santa Cruz de La Palma y las Breñas, tal vez aledaños de Mazo. Los municipios del Valle de Aridane estaban atendidos por las Hidroeléctricas de Argual y Tazacorte.

periódicamente a ellas, llevando conmigo a Concha y a María, mi hija mayor, entonces muy pequeña. Cuando los dueños americanos de UNELCO aceptaron entrar en conversaciones solicitadas por el Gobierno español, RIFU compró UNELCO por más de 1.300 millones de pesetas; fue la mayor inversión hasta entonces del Estado en Canarias. Sucede así la fusión RIFU-UNELCO, que viene a ser administrada por el Consejo de RIFU. Desaparece ahora el nada eufónico nombre de “RIFU” y se sustituye por el tampoco eufónico de “UNELCO”.

Una vez extendido el servicio a la totalidad del Archipiélago, se inicia la regularidad del suministro. En este periodo UNELCO casi multiplica por 5 la venta de energía y por 25 los recursos.

Es la etapa de la normalización del servicio por consolidación de la empresa. Se multiplican las inversiones, las redes, los centros de transformación, los abonados (que dejan de serlo para convertirse en clientes); se superan los 1.000 MW de potencia instalada, se aplica la telefunción al mando, la medida y el control, se moderniza la estructura informática.

Hay medios económicos para hacer, por fin, lo debido. Resulta que hacer lo debido cuesta cien años. Cien años para el logro de algo que se dice en breves y sencillas palabras: normalización del servicio por consolidación de la empresa. Cien años para concluir en que la consolidación es condición, si no suficiente, sí necesaria, y previamente necesaria, para la normalización del servicio. Entonces, y sólo entonces, “servicio eléctrico” es un servicio; y entonces, sólo entonces, el servicio es una gratificación; aunque, entonces y después, al fin del siglo XIX y al fin del siglo XX, el servicio fue respuesta a una llamada, una vocación.

El resumen de la historia es el siguiente: alguien fue fiel a una vocación y dio respuesta a una llamada, obediente a la tensión diferencial, y el gradiente vital comenzó a actuar en La Palma y en 1892. No sé si hoy es motivo de presunción lo que voy a reseñar (para mí lo es): en la aventura del servicio eléctrico, con los altibajos propios de la aventura, nadie ganó dinero, más bien durante mucho tiempo los accionistas hubieron de aportarlo. Recuerdo cómo los consejeros del Cabildo Insular de La Palma avalaban letras y compraban combustible para poder mantener en marcha un motor por una noche más. Recuerdo las protestas airadas y justas que gravitaban sobre mí en los frecuentes apagones; éstos y otros malos tragos marcaron mi vida y mi salud; pero el balance ha sido positivo: treinta o cuarenta años después les cuento a mis nietos, en jornada de excursión, recuerdos amables, únicamente amables. Llegar a un lugar, medir las distancias, considerar el entorno aún limpio de apoyos y conductores, regresar con los datos a la mesa de trabajo, calcular, proyectar y realizar se constituye, tras los años, en inmerecida gratificación: recuerdo ahora a todos los que conmigo patearon, midieron, cargaron, alzaron, tendieron: les diría: “llevamos la luz”. Los recuerdo a todos: desde Pedro, Valerio y Tomás hasta Mauro, el que luego me sustiyó y mejoró mi trabajo con gran inteligencia y total dedicación.

He aquí la sucinta historia del servicio eléctrico en Canarias: sucedió que el kilowatio costaba mucho más de lo que podía tarifarse, y sucedió la necesidad de ayuda pública. Para atender esa necesidad UNELCO fue empresa pública, ayudada por la totalidad de los españoles, canarios incluidos. La luz, el confor y la fuerza que de ella obtenemos es fruto de la solidaridad. Esto debe saberse. Este trabajo que el lector tiene en sus manos cumple la virtud de recordarlo. Al final de los noventa, UNELCO ha dejado de ser empresa pública y continúa encargada de un servicio público. Esperemos que la deseable rentabilidad de la empresa sea compatible con una no menos deseable calidad del servicio.

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