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El Caleidoscopio
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A comer insectos con Franz Kafka

El mundo kafkiano permanece entre nosotros. A raíz del informe de la ONU sobre la alimentación y los insectos, y la creatividad en Internet, surgieron láminas como esta que recuerda al protagonista de La Metamorfosis.

Una de las noticias que más revuelo creó la semana pasada fue la publicación del informe de la FAO, la organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. En este informe recomiendan alimentar con insectos a un mayor número de personas. Según este informe los insectos son nutritivos.  La primera reacción popular, incluida quien les escribe, fue poner el grito en el cielo. ¿Con toda la carne que se produce y nos van a mandar a comer bichos? El siguiente planteamiento, menos personal, fue: ¿Están pensando en los que menos tienen o en las grandes empresas alimentarias? Después de un momento de sosiego te das cuenta que es algo complejo y necesita su tiempo de masticación.

En otras latitudes del mundo el consumo de los insectos está extendido. Sin ir más lejos, en España se estilan los caracoles, que es un molusco gasterópodo (si, la Wikipedia es un gran invento, yo sabía que era un molusco pero la Wiki me añadió el gasterópodo y entonces recordé las clases de ciencias). Estos caracoles los cocinan bien arreglados, con salsas ideales para sopetear. Tengo que decir que aunque soy de buena boca, gastronómicamente hablando, y como prácticamente de todo, con los caracoles nunca he podido.

¿Recuerdan aquella canción de Jesús Vázquez, el presentador, hace unos 20 años,  cuando le dio por cantar, cuyo estribillo decía: "A escasos milímetros de tu boca…"? Se refería a un beso de amor, el emocionante momento previo. La canción era pésima eh, no nos vamos a engañar, que hasta un poco de vergüenza me da comentarla; yo que me he ido labrando cierta reputación de pinchar buena música, a ver si la voy a tirar por la borda… Bueno, el caso es que estuve una vez así con un caracol, a escasos centímetros de mi boca,  a punto de besarlo, quiero decir,  de comerlo, un beso de tornillo, ya saben,  pero finalmente no pude. Algo superior a mí me lo impidió.  Quizás pudo ser la textura, o que le tengo más aprecio a los caracoles de lo que creo. La verdad es que cuando he pisado alguno sin querer, me ha dolido en el alma. Luego te agachas y los miras intentando recomponerlos pero como algunas figuras de porcelana, te das cuenta que es imposible. Eso si, cuando no es tan intensa la pisada pueden terminar regenerándose ellos mismos con su propio pegamento (que sabia es la naturaleza).

Volviendo al informe de la FAO y dejando el componente cultural de lado, pero teniendo en cuenta que lo que a nosotros nos parece primitivo, o no comprendemos, en otros lados pueden  pensar lo mismo pero al revés (como los caracoles comentados o el conejo frito), pues volviendo al informe muchas  personas se plantean si no es una perspectiva equivocada. En los países desarrollados se produce más carne de la necesaria, por poner un ejemplo. Luego está la agricultura, que no llega a todos sitios. Según la FAO en el mundo se cultiva lo suficiente para alimentar a 12.000 mil millones de personas, y somos 7.000 mil millones. También está lo que ya comienzan a llamar la nueva guerra alimentaria. Grandes empresas que se dedican a controlar los mercados y a imponer precios e incluso a especular con los alimentos. Por lo tanto, la mejora de la alimentación mundial parece que pasa por una mejor distribución y regulación del mercado. En resumidas cuentas, se debe exigir una mayor justicia y democracia en las políticas agrícolas y alimentarias. No puede ser que en algunas regiones no puedan decidir que producen o incluso comer lo que ellos mismos producen.

A partir de las noticias la creatividad en Internet se dispara. Es algo realmente increíble, por todos lados se producen diferentes formas de ver la misma cosa, a cada cual más original. Y así llegamos a la viñeta que les ofrezco. Vi varias sobre el caso pero esta fue la que más me gustó. Un homenaje al gran Kafka, un genio de la literatura. Y a su famoso personaje Gregor Samsa, el protagonista de La Metamorfosis, el funcionario que se convierte en insecto. Se me dibujó una sonrisa. Siempre es una satisfacción que se recuerde a los grandes literatos.

La siguiente cuestión sería: ¿qué bicho nos comeríamos si nos comiéramos a Gregor Samsa? Para bastantes personas sería una cucaracha, pero yo diría que es un escarabajo. ¿Porque pienso así? En mi caso lo tenía fácil, me lo sopló al oído otro gran literato: Vladimir Nabokov.

Quise comprobar si la memoria no me falló y tomé de mi biblioteca personal el libro "Curso de Literatura Europea", de Vladimir Nabokov. Busqué el capítulo de la Metamorfosis.  Esto es lo que dice al respecto:

 

"… La siguiente cuestión es: ¿qué insecto? Los comentaristas dicen que una cucaracha; pero esto, desde luego, no tiene sentido. La cucaracha es un insecto plano de grandes patas, y Gregor es todo menos plano: es convexo por las dos caras, la abdominal y la dorsal, y sus patas son pequeñas. Se parece a una cucaracha sólo en un aspecto: en su color marrón. Aparte de esto, tiene un tremendo vientre convexo, dividido en dos segmentos, con una espalda dura y abombada que sugiere unos élitros. En los escarabajos, estos élitros ocultan unas finas alitas que pueden desplegarse y transportar al escarabajo bajo millas y millas en torpe vuelo. Aunque parezca extraño, el escarabajo Gregor no llega a descubrir que tiene alas bajo el caparazón de su espalda (ésta es una observación más que quiero que atesoréis toda vuestra vida. Algunos Gregorios, algunos Pedros y Juanes, no saben que tienen alas)".

Añade:

"Además, posee fuertes mandíbulas. Utiliza estos órganos para darle la vuelta a la llave en la cerradura, erguido sobre sus patas traseras, sobre el tercer par (un fuerte par de patas), lo que nos da una idea de la longitud de su cuerpo: unos tres pies. En el transcurso del relato, se acostumbra poco a poco a utilizar sus nuevos apéndices: sus patas y sus antenas. Este escarabajo marrón, convexo, del tamaño de un perro, es ancho. Yo lo imaginaría así:".

Entonces dibuja dos bocetos de escarabajo.

Concluye:

"En el texto original alemán la vieja asistenta le llama Mistkäfer, escarabajo pelotero. Es evidente que la buena mujer añade el epíteto con intenciones amistosas. Técnicamente no es un escarabajo pelotero. Es solo un escarabajo grande" (…)

 

Curso de Literatura Europea es un libro que recoge las clases magistrales que Nabokov impartió en las universidades de EEUU cuando era profesor de literatura. Su esperanza era transmitir a los alumnos la capacidad para percibir y gozar de la belleza que la lectura ofrece. Dedica capítulos a grandes artistas europeos como Flaubert, James Joyce, Proust, Dickens… Puedo decir que contagia el amor por la literatura. Te imaginas por momentos que te está hablando en voz alta presidiendo el aula magna, y te imaginas que estás sentado en tu butaca y solo puedes sentir placer; sientes lujo, pero un lujo no físico.

Tengo que decir que aunque me encanta Nabokov como escritor, no estoy de acuerdo en todo lo que dice. Nunca comprendí como no le caía bien Elizabeth Bennet, la protagonista de Orgullo y Prejuicio, la primera novela de Jane Austen. La propia Jane dijo al respecto: "Elizabeth Bennet es uno de los personajes más deliciosos de la literatura y no se como podré tolerar a quien no le quiera". Alguna vez me he preguntado si Nabokov le tendría miedo. Liz es muy inteligente y algunos hombres le temen. Todos lo adoran pero algunos le temen. El caso es que esa persona que Austen no sabía si toleraría acabó naciendo: Nabokov, al cual no le gustaba Elizabeth Bennet.

Nabokov en un principio no quería hablar de Jane Austen en sus clases. Pero lo convencieron para que le dedicara una lección. Y acabó transigiendo. Dicen que rectificar es de sabios, y no me cabe duda de que Nabokov lo era. Esta es una confirmación. En última instancia decidió él y si lo hizo fue porque lo creyó seriamente. En el curso le dedica el estudio a la obra Mansfield Park. Entre otras cosas comenta que es arácnida de compleja y de todas las tramas que contiene. Habla sobre la obra sin prejuicios, a fondo, desmenuzándola gustosamente. Después fue la primera novela que me leí de mi querida Jane Austen, ahí la descubrí: Mansfield Park. Nabokov y yo ya hicimos las paces en lo que al capítulo Jane Austen se refiere. Y si sigue sin gustarle Liz Bennet mejor para mí, una persona menos con quien rivalizar por ella.

Así que si nos comiéramos a Gregor Samsa, después de la transformación, no nos vayamos a poner caníbales, nos estaríamos comiendo un escarabajo de grandes dimensiones. Como  un perro grande. Daría para unos cuantos filetes. Incluso podríamos hacer una barbacoa entre amigos.

Volviendo al tema de la alimentación y para que veáis que soy de buena boca os contaré la siguiente anécdota. Hace un par de semanas pasé por Tenerife, hice escala en Los Rodeos y tenía unas 4 horas libres justo a la hora de comer. Llamé á mi gran amigo Marfil (es apellido), que es un artista en potencia (es escultor pero es lo que yo llamo un artista de los pies a la cabeza). Me fue a recoger en su coche y me dijo: "¿Has comido en Casa Franco?". Mi respuesta (me salió del alma): "Pues no, tampoco he comido en Casa Stalin ni en Casa Mussolini". Resulta que en mi broma acerté (Franco no deja de ser un apellido pensaba yo).

Me llevó al lugar, que está en La Laguna. Es lo que yo llamo una casa de comidas. Donde se come barato, rápido y de maravilla. Una gran sala llena de mesas con comensales de todo tipo y condición. Y efectivamente, presidía la sala un gran cuadro donde estaba enmarcada la figura de… Francisco Franco, el que fuera Caudillo de España. Y más adornos relativos a la época falangista.  No llevaba corbata pero algo se me aflojó a la altura del cuello. Nos sentamos y a mi amigo le puse cara de no verlo claro. Me sentía incómodo, incluso creo que tirité.

Pero llegó la comida calentita, deliciosa, la cerveza fresca y se me fue la tontera. Y es que la forma más fácil de ganarnos es por el estómago. Me olvidé de Franco y demás dictadores de otros estados. Incluso me dije que volvería. ¿Veis como soy de buena boca?

Aquí quiero comentarles sobre la comida porque me parece algo curioso de las Islas Canarias: las diferencias que se producen sobre lo mismo por eso mismo, por ser islas. Yo venía con bastante hambre. Pedimos pulpo, conejo frito (que se estila muy bien en Tenerife) y carne fiesta.

Otra anécdota graciosa que viene al caso. Una vez jugando al trivial, hace muchos años,  con mis tíos,  me tocó responder a una pregunta, la siguiente: "Dime una comida divertida", me preguntó mi tío. Le contesté: "Carne Fiesta". No era la respuesta pero casi me la dieron por válida.

Les quería hablar del pulpo. Lo pidió mi amigo que lógicamente sabe lo bueno que se cuece en esos calderos. Aparecieron dos grandes rejos guisados, hermosos, con buen color, como si lo acabaran de sacar del mar. Piensen una cosa,  nosotros porque estamos acostumbrados, pero alguien que sea de continente, muy al interior, y por el motivo que sea, no les llegan estos cefalópodos, le tendría que sorprender seriamente. El caso es que venía con la cebolla y el pimiento y un chile aparte. Entonces mi amigo cogió el cuchillo y empezó a picar, zas, zas, zas. Se notaba que estaba ducho en esas lides.  Le puso pimienta y cebolla y chile al gusto, que le incorporó un buen toque de picante (y eso que no lo pusimos todo, la mitad más o menos). Aquí en la Palma nunca lo había visto servir así. Siempre te lo dan elaborado. Y me gustó, porque te lo haces al gusto. Una de las cosas bonitas de Canarias, la diferenciación, las variantes en las comidas entre islas, y en otros aspectos de la vida lógicamente.

Para terminar este variopinto artículo quiero hacerle un homenaje a Kafka. Porque Kafka, aparte de legarnos una gran obra, nos dejó vocabulario que todavía se usa. Inventó términos, o nacieron a través de él. Todavía hoy en día se dice kafkiano cuando queremos referirnos a algo que es raro, misterioso, que desconocemos. Realmente a veces nos referimos a algo kafkiano cuando es misterioso e indeterminado. Es síntoma de gran artista, pocos elegidos logran trascender de esa manera. Y es que la literatura de Kafka es tremendamente original. Inventó. Y eso es una de las cosas más difíciles de la literatura, por no decir la más difícil: crear y ser original al mismo tiempo.

Se sigue utilizando el término kafkiano en periodismo pero también en la vida en general, en el día a día. Y reflexionando sobre el tema, hace poco me pregunté: ¿qué ha ocurrido últimamente que sea kafkiano? Entonces recordé la rueda de prensa, o las ruedas de prensas (porque creo que ha ocurrido dos veces) en las que el presidente del gobierno de España,  Mariano Rajoy, habló a los periodistas a través de una pantalla de plasma. Me pareció totalmente kafkiano. Absolutamente. Los periodistas viéndolo y escuchándolo a través de una tele pero Rajoy presente en la sala contigua; al lado. Hasta que no lo vi no me lo creí. Luego apareció la creatividad en Internet. Pintaban a Rajoy como si fuese un ente televisivo, como si viviera dentro de una pantalla. O en plan Futurama, como aquellas cabezas de famosos conservadas en formol, o criogenizadas, que hablaban

Franz Kafka, genio y figura. El mundo kafkiano sigue presente entre nosotros. Solo tenemos que abrir los ojos. O cerrarlos un poco. O abrirlos y luego cerrarlos. O incluso cerrarlos y luego abrirlos.

 

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