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El callejón
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Asalto a la valla del distrito 6

“Ese es parte de tu problema, ya sabes, no has visto suficientes películas. Todos los enigmas de la vida se resuelven en las películas”

Grand Canyon, de Lawrence y Meg Kasdan

Gracias a la amistad que cultivo desde hace casi cuatro décadas con David Cánovas he vivido experiencias imperecederas y he enriquecido mi visión del mundo con sus benévolas e impagables sugerencias: entre ellas, le debo el hecho de compartir su admiración (muy anterior a la mía) por uno de los más elegantes e infravalorados cineastas del cine norteamericano, John Carpenter. Semi retirado del trajín infernal de los rodajes, el creador del film más económico y taquillero de la historia (sí, por supuesto que se trata de Halloween), a sus setenta y ocho años empieza a recibir los reconocimientos y galardones que le han sido negados desde una industria que siempre miró por encima del hombro a este neoyorkino de buena familia (su padre, profesor de música, le instruyó en las claves de un oficio que le ha permitido escribir la banda sonora de casi todas sus producciones) y que abandonó sus estudios artísticos en la Universidad del Sur de California para embarcarse en la filmación de su primer cortometraje a nivel profesional.

Dos años después de estrenar Dark Star, una estimable cinta de ciencia-ficción realizada con apenas sesenta mil dólares y cuya sólida factura llamó la atención de George Lucas, quien llegó a ofrecerle un trabajo de asesoramiento para los efectos especiales de La guerra de las galaxias, en 1976, Carpenter estrena Asalto a la comisaría del distrito 13, una inteligente y claustrofóbica traslación del western Río Bravo a la jungla urbana de Los Ángeles, en plena guerra de bandas y tribus criminales, azuzadas por el siniestro negocio de los narcóticos. El visionado de esta magnífica muestra de la mejor serie B es recomendable en cualquier momento. Hoy, sumidos en una estupefaciente mezcla de estupidez masiva y alevosa pasividad ante una bochornosa agresión externa, la versión genuina de Assault on Precinct 13 nos proporciona un entretenimiento adulto (que no es poco en plena infantilización de la opinión pública, con o sin gafas con o sin filtro) y un ejercicio de estilo cinematográfico tan impecable como meritorio. Y ya puestos y dispuestos, repasen el resto de su corta pero respetable filmografía. A buen seguro que se van a llevar más de una agradable sorpresa.

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