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El callejón
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A los jóvenes de agosto de 2026

A Chari, con amor

Es triste. La polémica contra

el PCE ya se dio en la primera mitad

de la pasada centuria. Vais con retraso, hijitos.

Y carece de toda importancia que ni vuestros padres aún no hubieran nacido…

Además, los periodistas de todo el mundo (incluidos

los de las televisiones generalistas)

os lamen –todavía, creo, se dice así en la jerga

universitaria— el culo. Yo no, amiguitos.

Tenéis cara de nietos de papá.

Que la buena casta no engaña.

La misma mirada maligna.

Sois miedosos e irresolutos y estáis manipulados

(¡magnífico!), pero también sabéis cómo ser

prepotentes, desafiantes e insensatos:

prerrogativas pequeño-burguesas, amiguitos.

Cuando mañana o pasado mañana os lieis a golpes

entre vosotros,

¡yo simpatizaré con los inmigrantes!

Porque son hijos de pobres.

Vienen de la miseria: campesina o urbana, no importa.

En lo que a mí hace, conozco muy bien

el modus operandi de quienes los usan como carne de cañón,

los miles de euros que cobran las ONGs, los padres que se desentienden de la prole

por causa de esa misma pobreza que se impone desde arriba.

Las madres, sometidas como esclavas al servicio de una fe envilecida

por mercaderes que profanan el templo;

los muchos hermanos, la choza

sin huertos ni esperanza (en terrenos

ajenos, parcelados, del sultán); los bajos

sobre las cloacas; o los apartamentos en las grandes

colmenas de viviendas baratas, etc. etc.

Y bien, mirad a los gendarmes en frontera: tiesos como estatuas,

con esos uniformes que huelen a rancio

 y a miedo al pueblo y desprecio a la piel negra.

Lo peor de todo, naturalmente,

es el estado psicológico al que se ven reducidos

(por dos mil euros mensuales) sus colegas españoles:

horros de sonrisas,

horros de amistades con el mundo,

separados,

excluidos (con una exclusión sin par);

humillados por la pérdida de la calidad de hombres

a cambio de la de serviles policías, guardias o militares (ser odiado hace odiar).

Estamos todos, ni que decir tiene, contra sus jefes (profesionales o políticos),

aunque estos mercenarios sin otra divisa que la nómina

miran a otro lado y se quejan de su abandono,

que es el precio de su traición a sus ciudadanos (y a los otros),

a quienes habéis apaleado a la menor orden de

vuestros amos, que ahora os condenan a compartir

un retrete averiado (y la sarna y las liendres).

En Ceuta se desarrolla, pues, un episodio

de lucha de clases: y vosotros, compañeros, compatriotas

(bien que en el bando de la razón),

sois los nuevos parias de la tierra,

mientras os hemos abandonado a vuestra (mala) suerte,

la de los desterrados.

¡Bonita victoria, pues, la de los de siempre!

Recordadlo, jóvenes, cuando os enfrenten

unos contra otros:

ya será tarde

y habréis perdido el futuro,

o sea, todo.

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