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La construcción naval en La Palma ( y II ).

 

El siglo XIX sería testigo de un esplendor en la construcción naval de la isla cuyos pobladores, según se desprende de los informes consulares elaborados por los ingleses en los que fiscalizan toda la actividad de las islas no son en absoluto holgazanes; son trabajadores habilidosos y grandes artesanos, como carpinteros y ebanistas[1].

Hasta mediados del siglo XX los astilleros de la isla seguirían botando barcos que se dedicarían al cabotaje interinsular, a la pesca en África, o al tráfico con América.

La carpintería de ribera.

Según Lobo Cabrera[2], desde la Edad Media se habían sucedido tres técnicas en la construcción naval: la de los carpinteros que construían sin planos ni cálculos, la de los constructores con planos, pero sin cálculos y, más tarde, la de los ingenieros que calculan y dibujan. En Canarias, desde los primeros momentos una vez finalizada la Conquista, aparecerá el oficio de carpintero de ribera para el cual se hará uso de la primera técnica, mediante la que se trabajaba sin fundamentos científicos, guiándose por la experiencia práctica y la tradición.

A tenor de los los protocolos notariales de la época, este artesano trabajaba por encargo o para sí mismo, en especial cuando los barcos son pequeños o simplemente barcas de pesca.

A esta nueva figura se le une la del calafate, que era también importante en la construcción naval, pues se encargaba de alquitranar o calafatear con estopa las costuras del forro de madera de las naves. El producto utilizado para estos menesteres era la pez, obtenida como residuo de la destilación de la madera, especialmente de la de pino. En ocasiones los calafates solían ser a la vez carpinteros de ribera.

La forma de construir de estos carpinteros varió con la aparición de una obra publicada por Tomé Cano en 1611 y surgida a raíz de la experiencia adquirida en sus largas navegaciones y la consideración de los muchos siniestros motivados por la mala o deficiente fábrica de los navíos empleados en el tráfico del Atlántico, que le impulsaron a ordenar sus conocimientos y componer su arte para fabricar, fortificar, y aparejar naos [3].

Tomé Cano nació en Garachico, siendo nieto de Alonso Cano, uno de los primeros conquistadores que llegaron a la isla, probablemente junto a Fernández de Lugo. Desde muy joven se embarcó como aprendiz, llegando a obtener un gran prestigio como capitán de la carrera de Indias y diputado de la Universidad de Mareantes de Sevilla[4].

El carpintero de ribera era a la vez ingeniero, proyectista, y constructor; puesto que, a excepción de los herrajes, él mismo lo hacía todo. Continuó existiendo como ocupación hasta que la actividad de los astilleros paró. Aunque estos artesanos continuaron fabricando algún barco dedicado a la pesca de litoral, desgraciadamente la carpintería de ribera ha dejado de existir como oficio, al igual que en el resto de las islas Canarias.

 

* Ilustración de Das Trachtenbusch, Weiditz, s. XVI


[1] Informe relativo a la industria en las islas correspondiente a 1884.

[2] LOBO CABRERA, Manuel:El mundo del mar en la Gran Canaria del siglo XVI navíos, marinos viajes”. Anuario de Estudios Atlánticos N.º 26. Las Palmas de Gran Canaria, Patronato de la Casa de Colón, 1980, p. 318.

[3] CANO, Tomé: Arte para fabricar y aparejar naos. La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1964.

[4] Institución constituida por los maestres, capitanes, pilotos y dueños de navíos que realizaban la carrera de Indias, hay constancia de su existencia desde mediados del s. XVI y entre sus competencias tuvo la de informar sobre la bondad y calidad de las naos de la época.

 

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