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Mar y viento
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El `sport náutico´, la Liga Marítima Española y las primeras regatas en Canarias (IV).

Con motivo de la inauguración de su nuevo edificio en 1905, la junta directiva del Club Tinerfeño cursó invitación al Nuevo Club Náutico de Santa Cruz de La Palma para que participara en la “fiesta marítima” que con tal motivo se iba a celebrar, según se recoge del acta de su sesión celebrada el 27 de noviembre de 1904:

          La fiesta marítima consistirá en unas regatas entre los socios del Club, otra entre los botes de los buques de guerra surtos en el Puerto y entre los socios de este Club y entre los del “Nuevo Club” de Santa Cruz de La Palma, para lo cual se acordó ceder una canoa a dicha sociedad para que sea tripulada por sus socios y en la cual puedan arbolar el gallardete correspondiente.   

La crónica que sobre la referida competición realiza el periódico El Tiempo[1] descarta la participación de la representación palmera:

          Comenzaron las regatas, entre un bote y una canoa del cañonero Doña María de Molina, ganando la canoa, en buena lid, un valioso regalo de la Sociedad.

          La segunda fue entre las dos canoas del Club, tripuladas por distinguidos socios, y entre bravos y aplausos ganó la regata la que lleva el número uno, patronada por D. Juan Fabré y llevando por remeros a los sporman Sres. D. Manuel Bencomo, D. Edgar Cauldfield, D. Juan V. Mandillo, Don Rosendo Mauriz, D. Miguel de Prada y Don José Arévalo.

          También merecieron los aplausos que se les tributaron, los bravos tripulantes de la canoa número 2 que, casi simultáneamente a sus compañeros de la número uno, llegaron al sitio señalado con banderolas para término de la regala.

          Luego se hizo una tercera regata en las mismas canoas del Club, tripuladas por marinos del cañonero.

Ese sería el primer y fallido intento de realizar una prueba en la que participasen dos clubes náuticos en Canarias. El Club Tinerfeño siguió organizando regatas en Santa Cruz de Tenerife hasta que, con la constitución del Real Club Náutico de Gran Canaria en 1908, se realizó la primera travesía recreativa entre dos islas.

Esta travesía la protagonizó el balandro `María´ del Real Club Tinerfeño entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria. La singladura mereció los elogios de la prensa de la época que la calificó de viaje arriesgado y expedición atrevida.

El `María´ era el primer yate construido en Tenerife, medía 9 metros y llevaba aparejo de balandro. Fue armado bajo la dirección del maestro carpintero de ribera Juan Marrero, quien realizó, según la prensa de la época, una obra de arte y de buen gusto. Fue botado el 16 de julio de 1908 desde los talleres del Real Club Tinerfeño. Fue el iniciador de la flota tinerfeña que pronto se vio incrementada con el `Lasquetty´, `Churruca´, `Astro´, `Concepción´, Dolly´, `Rose´, `Magda´ y el legendario `Chance´, un antiguo pilot-boat [2] en el puerto de Liverpool, donde lo compró Mr. Sampson para traerlo a Tenerife, cediéndolo finalmente al Real Club Tinerfeño[3].

Como curiosidad, y antes de seguir con la primera travesía interinsular, me voy a permitir reproducir una crónica periodística de una de las regatas que ya realizaban estas embarcaciones, publicada por El Tiempo de Santa Cruz de Tenerife el 18 de agosto de 1908.

 

                                                                                                       Para mi amigo el maestro carpintero de ribera,

                                                                                                       constructor del Yacht María, Juan Marrero.

 

          Si me creyera con conocimientos suficientes para hacer una semi-revista de lo ocurrido el domingo con el Yacht María, del Real Club Tinerfeño, y el balandro Churruca, propiedad del Sr. Sabina, la hiciera para convencer a mis amigos, los apasionados por el Churruca, que, día tras día, van perdiendo las ilusiones que concibieran de que este era y seguiría siendo, el bote de más carrera de los que aquí se hallan aparejados de balandro.

          Pero ya la decepción cundió en los partidarios del Churruca y a fe que era tiempo que esto sucediera. Los motivos han sido patentes. Primero, en la regata celebrada por el Real Club, donde tomaron parte todos los balandros de esta bahía que fueron el Astro, Concepción, Churruca, Chance y María, saliendo vencedor el Yacht Chance, inglés. El María, desde los primeros momentos, quedó fuera de concurso a causa de habérsele roto la gasa del motón de la cangreja, que tuvo por consecuencia el arriar la mayor, operación ésta que les hizo perder, a más de diez o quince minutos que el bote estuviera parado, lo que éste abatió hacia el Sur; y esto porque la segunda boya tenía que ganarla bolineando, y al abatir 25 a 30 metros al comienzo de la vuelta, perdió más de 25 a 30 minutos, lo que es fácil de probarlo, gráfica y matemáticamente.

          El Yacht María ganó la primera boya y dio la primera vuelta en bolina, con una ventaja sobre el balandro Churruca, de tres minutos (y esto se puede justificar con varios de los espectadores de la regata). Luego, queda demostrado que el María, de no haberle ocurrido el incidente mencionado, pudo muy bien haber ganado la regata, (y así lo manifestaron muchos de los que imparcialmente presenciaron ésta, y que yo conceptúo inteligentes en esta clase de torneos).

          Pero voy a lo ocurrido el domingo.

          Desde muy temprano salió el balandro Churruca de barloventeo, y a las 9 o 10 de la mañana pude observar que entraba en San Andrés; más tarde salió el Chance e hizo la misma operación. A la una próximamente soltó el María sus amarras y se dirigió con el mismo rumbo en que aquellos lo hicieron; a su bordo iban su dueño D. Agustín Guimerá, D. Ángel de Villa, D. Aurelio Tuells e hijo, D. Félix Claverie, y el que estas líneas escribe, que invitado por D. Agustín, tuvo el gustazo de haber visto como el Yacht María hizo una de sus mejores faenas.

          Ya estábamos casi a la mitad de la distancia que hay de este puerto a San Andrés, y muy abiertos de la costa, cuando vimos que el Churruca. venía de vuelta de San Andrés y muy cerca de los valles, que era donde el viento soplaba de duro. Apenas nos pusimos a la misma altura, que fue muy pronto puesto que él venía para el puerto y nosotros en sentido contrario, a bordo del María se oyeron estas palabras: «D. Aurelio; tenga el timón». Este lo tomó, y dijo: ¡á virar! Cuatro segundos después, ya estaba el María con la proa a los valles, formando su línea de proa a popa un ángulo con el viento de 35 a 45 grados (según pudimos apreciar por la dirección que tomaba la veleta o cata-viento con relación a la línea citada). A la amura de estribor teníamos al Churruca. Con esto queda dicho que nosotros íbamos ciñendo y ellos a un largo. ¡Así andaba el Churruca!

          Pero a pesar de toda su gran marcha, de venir a un largo y de maniobrar para impedir que nosotros le pasáramos por la proa, no pudo conseguirlo, y el Yacht María, con su rápida carrera, se le acercó hasta obligarle a derribar, y cerrándose la popa, se le distanció como cosa de cien metros, y con esta distancia, poco más o menos, llegamos dentro del puerto después de hacer el María varios zig zag delante del Churruca.

          No faltó quién dijera a bordo del María, que la acción de ir en busca del Churruca no le agradara (y no se crea que pasó nada de particular); pero es que dicho individuo no está avezado en esto de las regatas y menos está enterado de las cosas y hazañas que el Churruca hace cuando se encuentra con los balandros Astro o Concepción. Entonces son sus glorias, se enfila con éstos y después de acercárseles trata de hacer sus `hazañas´ aunque algunas veces el Astro le ha dado algunos disgustos.

          Cuando le ocurre lo del domingo, es decir, encontrarse con el María o el Chance, procura huir el bulto, y para ello, si estos van para San Andrés, él se queda en el puerto o vice-versa. Por esto yo aplaudí el domingo al timonel del María, y más cuando después de virar dentro del puerto de la vuelta para afuera le dijo a su amigo el timonel del Churruca: ¡Dale sebo!

                                                                                                                                                                               P. del Toro

 

Retomando la travesía, el motivo de llevarla a cabo fue el de estrechar los lazos de unión entre el Real Club Tinerfeño y el recién creado Club Náutico de Gran Canaria. También se pretendía organizar regatas a vela y a remo todos los años entre ambas islas para cuyo objeto el rey Alfonso XIII ofreció crear la copa “Canarias” que se disputarían todos los “clubmans” de las islas. Como ya hemos visto, es con el Nuevo Club de La Palma con quien primero intentará el Club Tinerfeño crear esta competición interinsular en 1905. Para ello los presidentes de ambas sociedades gestionan la constitución de un nuevo centro análogo a sus entidades en Las Palmas de Gran Canaria con objeto de establecer la mencionada Copa de Canarias, como premio para las regatas anuales que se verificarían alternando los tres puertos[4].

Es posible que las condiciones de navegación, así como la distancia entre los puertos de Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma hicieran desistir a los promotores de esta primera competición interinsular pues los balandros de la época no superaban los nueve metros de eslora y eran tremendamente incómodos para navegaciones largas. Si, como veremos más adelante, la primera regata entre Tenerife y Gran Canaria fue una aventura arriesgada y atrevida recorriendo 50 millas, nos podemos imaginar lo que supondría la travesía entre Santa Cruz de Tenerife y la capital palmera cuyo recorrido dobla esa distancia.

El 13 de septiembre de 1908 parte desde el puerto de Santa Cruz de Tenerife el `María´, al mando del capitán de la Marina Mercante Juan Ruiz Cabrera a quien acompañan Agustín Guimerá del Castillo Varelo, propietario del velero, Federico Cobos y Aurelio Tuells. La travesía duró 10 horas, siendo elogiadas las condiciones marineras de la embarcación por parte de su tripulación para quien se propuso la Cruz del Mérito Naval.

El recibimiento en el puerto de Las Palmas fue apoteósico, incluso se tiraron cohetes. Salieron a recibirles varias embarcaciones del Club Náutico de Las Palmas a bordo de una de las cuales iba su presidente, Gustavo Navarro Nieto. A los expedicionarios se les obsequió espléndidamente quedando muy satisfechos de las atenciones recibidas. Una vez en tierra realizaron un recorrido por las obras del edificio que estaba construyendo el club anfitrión de las cuales hicieron calurosos elogios. Tras unos días de estancia en Las Palmas de Gran Canaria los navegantes zarparon hacia Tenerife prometiendo regresar con varias embarcaciones del Real Club Tinerfeño para competir en las regatas que se organizarán con motivo de la inauguración del edificio.

La travesía de regreso la realizaron sin grandes dificultades invirtiendo 8 horas, tras lo cual remitieron un telegrama al Sr. Navarro en el que informaban de la llegada a puerto sin novedad, a la vez que reiteraban su gratitud por los agasajos que les fueron dispensados.

 

Balandro `Magda´, uno de los pioneros de las travesías interinsulares. Fotografía de Javier Gorostiza Domínguez.

Balandro `Magda´, uno de los pioneros de las travesías interinsulares. Fotografía de Javier Gorostiza Domínguez.

 

Años después, en 1925, se repetiría la visita náutica del Real Club Tinerfeño a Gran Canaria.

          La directiva ha organizado una excursión náutica a Las Palmas con dos de sus balandros llevando una visita oficial al Real Club Náutico de aquella población, la cual la forman los señores don Armenio Franquis, don Antonio Saavedra, don José M. Mandillo y don Jaime G. Willis, como tripulantes del balandro «Chance»; y don Ángel Saavedra, don Manuel Palazón y don Agustín Espinosa, tripulantes del balandro «Magda». Como jefe de la expedición y representante de esta Club, va el señor Franquis, capitán náutico de la sociedad. [5]

 

 

 

 

Fotografía de portada: Recepción marítima en el Real Club Náutico de Gran Canaria[6].

 


[1] El Tiempo, Santa Cruz de Tenerife (17 de enero de 1905).

[2] El término `pailebot´, tan conocido en Canarias, viene del inglés pilot boat, haciendo referencia a las pequeñas goletas que empleaban de los prácticos americanos. Es un tipo de barco muy fino y rápido.

[3] GUIMERÁ RAVINA, Agustín; DARIAS PRÍNCIPE, Alberto: Mar y ocio en la España Contemporánea: el Real Club Náutico de Tenerife (1902-1994). Santa Cruz de Tenerife, Real Club Náutico de Tenerife, 1995, p. 143.

[4] Diario de Avisos, Santa Cruz de La Palma (29 de noviembre de 1904).

[5] Gaceta de Tenerife, Santa Cruz de Tenerife (14 de marzo de 1925).

[6] RAMÍREZ MUÑOZ, Manuel; GALVÁN GONZÁLEZ, Encarna: El Real Club Náutico de Gran Canaria (1908-2000): deporte, cultura y relaciones humanas en una sociedad atlántica. Las Palmas de Gran Canaria, Real Club Náutico de Gran Canaria, 2000, p. 83.

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