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Mar y viento
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La Palma y el mar. Construcción naval y carpintería de ribera.

En 1553 el ataque del pirata francés François Le Clerc, conocido como “Pata de Palo”[1], supuso la destrucción de toda la documentación municipal y notarial que se había generado desde el final de la Conquista hasta ese momento, lo que impide constatar las primeras construcciones navales de Santa Cruz de La Palma. Es a partir de esa fecha cuando se empiezan a tener referencias de dicha actividad. Así lo indica Waguemert y Poggio quien, en su obra ‘El Almirante Díaz Pimienta y su época’ (Madrid, 1905), asegura que las primeras noticias que existen acerca de la construcción naval en la isla de La Palma son las que arrojan las actas del Cabildo[2], quien concede muchas licencias para cortar maderas en los montes con dicho objeto. Continúa diciendo que las construcciones navales de la Provincia se hacían en La Palma y cuando no sucedía así, las maderas de la isla se llevaban a los astilleros de Gran Canaria o Tenerife donde se fabricaban también algunos barcos. Por último, añade que La Palma fue entre todas sus hermanas la que tuvo más importancia marítimo-comercial por el gran número de buques que se construyeron en sus astilleros.

Pese a la ausencia de documentación, podemos asegurar que desde el primer momento tras la Conquista se construyen barcos en la isla, existiendo profesionales que se dedican a tal fin, como podemos comprobar en los protocolos notariales del escribano Alonso de Gutiérrez residente en la Villa de San Cristóbal de La Laguna, donde se recoge:

           Año de 1520, junio día 26

          Juan Fernández, carpintero de ribera, vo.[3] de la isla de La Palma, est.[4] en Tfe.[5], recibe a Bartolomé de Fuentes, para enseñarle el oficio de carpintero de ribera, por 4 años a partir del primero de este mes. Bartolomé le ha de servir en el oficio de carpintería y calafate, y Fernández le ha de dar de comer, beber, vestir y calzar, y al final del tiempo darle: capa, sayo, jubón, calzas, 1 par de camisas y zapatos, bonete de buen paño, y toda la herramienta perteneciente al oficio, y si enfermara lo ha de tener en su casa a su costa. – Ts[6]. Gonzalo Yanes, zapatero, Juan de Santaella y Luis Barba. – A ruego: Luis Barba. Juan Fernández.[7]

El rápido desarrollo de la construcción naval en la isla se debió a la conjunción de dos premisas, por una parte, a la necesidad de satisfacer el incipiente tráfico que generaba la carrera de Indias, y por otra la generosidad y bondad de los bosques palmeros. Waguemert y Poggio asegura que la sobresaliente aptitud del pueblo palmero en las construcciones navales, aprovechando las superiores maderas de sus bosques, son el motivo del auge de este tipo de industria en la isla.

Ya en 1594 tenemos constancia, a través del acta del Cabildo de fecha 13 de marzo, de la solicitud de Francisco Díaz Pimienta para cortar madera en Puntallana al objeto de fabricar un buque para su servicio y explotación.

Los primeros planos relativos a la construcción naval en la isla corresponden a una fragata de 60 cañones construida en 1762 por el vizcaíno Jorge de Umarán, quien llegó a la isla a mediados del siglo XVIII, dedicándose a la construcción de buques para la flota local, así como para América.

Fue este constructor naval quien se ofreció a las autoridades locales para enseñar a la juventud las primeras letras y, además, aritmética, geometría, agrimensura, náutica y construcción naval, creándose en 1794 la primera escuela pública y seglar de la isla[8]. El edificio que la albergó fue cedido por el obispo Tavira[9], y en él Umarán tuvo oportunidad de impartir unos conocimientos acerca del gobierno y construcción de barcos que serían fundamentales para la isla.

Posteriormente también llegaría a la isla Cayetano Arozena Uzabaraza[10], natural de San Sebastián, quien al contraer matrimonio en 1805 con Catalina Lemos Smalley[11], emprendería una saga de excelentes constructores navales, de quienes hablaremos en otro artículo.

El siglo XIX sería testigo de un esplendor en la construcción naval de la isla cuyos pobladores, según se desprende de los informes consulares elaborados por los ingleses en los que fiscalizan toda la actividad de las islas, no son en absoluto holgazanes; son trabajadores habilidosos y grandes artesanos, como carpinteros y ebanistas[12].

Hasta mediados del siglo XX los astilleros de la isla seguirían botando barcos que se dedicarán al cabotaje interinsular, a la pesca en África, o al tráfico con América.

 

Carpintero de ribera calafateando un barco.

Carpintería de ribera.

Según Lobo Cabrera[13], desde la Edad Media se habían sucedido tres técnicas en la construcción naval: la de los carpinteros que construían sin planos ni cálculos, la de los constructores con planos, pero sin cálculos y, más tarde, la de los ingenieros que calculan y dibujan. En Canarias, desde los primeros momentos una vez finalizada la Conquista, aparecerá el oficio de carpintero de ribera para el cual se hará uso de la primera técnica, mediante la que se trabajaba sin fundamentos científicos, guiándose por la experiencia práctica y la tradición.

Según se constata en los protocolos notariales de la época, este artesano trabajaba por encargo o para sí mismo, en especial cuando los barcos son pequeños o simplemente barcas de pesca.

A esta nueva figura se le une la del calafate, que era también importante en la construcción naval, pues se encargaba de alquitranar o calafatear con estopa las costuras del forro de madera de las naves. El producto utilizado para estos menesteres era la pez, obtenida como residuo de la destilación de la madera, especialmente de la de pino. En ocasiones los calafates solían ser a la vez carpinteros de ribera.

La forma de construir de estos carpinteros varió con la aparición de una obra publicada por Tomé Cano en 1611 y surgida a raíz de la experiencia adquirida en sus largas navegaciones y la consideración de los muchos siniestros motivados por la mala o deficiente fábrica de los navíos empleados en el tráfico del Atlántico, que le impulsaron a ordenar sus conocimientos y componer su arte para fabricar, fortificar, y aparejar naos [14].

Tomé Cano nació en Garachico, siendo nieto de Alonso Cano, uno de los primeros conquistadores que llegaron a la isla, probablemente junto a Fernández de Lugo. Desde muy joven se embarcó como aprendiz, llegando a obtener un gran prestigio como capitán de la carrera de Indias y diputado de la Universidad de Mareantes de Sevilla[15].

El carpintero de ribera era a la vez ingeniero, proyectista, y constructor; puesto que, a excepción de los herrajes, él mismo lo hacía todo. Continuó existiendo como ocupación hasta que la actividad de los astilleros desapareció. Aunque estos artesanos continuaron fabricando algún barco dedicado a la pesca de litoral, desgraciadamente la carpintería de ribera prácticamente ha dejado de existir como oficio, al igual que en el resto de las islas Canarias, si bien, el deporte autóctono de la vela latina la mantiene, parafraseando a Pedro Lezcano en su cuento `La Chabola´, apenas hilvanada a este mundo.

 


[1] Era originario de Normandía, lo llamaban “jambe de bois”, pata de palo en español. Fue el primer pirata conocido en llevar una pierna postiza de madera.

[2] El Cabildo era el organismo que regía la vida política y administrativa de la isla en los primeros años tras la Conquista. Sus primeros miembros fueron nombrados por el Adelantado Alonso Fernández de Lugo, quienes se reunían en la Cueva de Carias ubicada en el barranco de Las Nieves.

[3] Vecino.

[4] Estante.

[5] Tenerife.

[6] Testigos.

[7] LOBO CABRERA, Manuel: Protocolos de Alonso Gutiérrez (1520-1521). Santa Cruz de Tenerife, Instituto de Estudios Canarios y Aula de Cultura del Cabildo Insular de Tenerife, 1979, p. 119.

[8] NEGRÍN FAJARDO, Olegario: La enseñanza en Canarias. Las Palmas de Gran Canaria, Mancomunidad de Cabildos y El Museo Canario, 1982, p. 14.

[9] Antonio Tavira y Almazán, Iznatoraf (Jaén), 1737 – Salamanca, 1807. Fue obispo de Canarias desde 1791 hasta 1796.

[10] San Sebastián, 1769 – Santa Cruz de La Palma, 1846.

[11] Santa Cruz de La Palma, 1772 – 1863.

[12] Informe relativo a la industria en las islas correspondiente a 1884.

[13] LOBO CABRERA, Manuel:El mundo del mar en la Gran Canaria del siglo XVI navíos, marinos viajes”. Anuario de Estudios Atlánticos Nº 26. Las Palmas de Gran Canaria, Patronato de la Casa de Colón, 1980, p. 318.

[14] CANO, Tomé: Arte para fabricar y aparejar naos. La Laguna, Instituto de Estudios Canarios, 1964.

[15] Institución constituida por los maestres, capitanes, pilotos y dueños de navíos que realizaban la carrera de Indias, hay constancia de su existencia desde mediados del s. XVI y entre sus competencias tuvo la de informar sobre la bondad y calidad de las naos de la época.

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