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Naturaleza de Sensaciones y Sentimientos
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Fuerte jediondo

Barranco Hondo de Nogales (El Granel, Puntallana)

 

Esta tarde aprovechando que los días se hacen más largos, salí al campo para resolver un encargo que un buen profesor, y amigo, de la Universidad de La Laguna me había solicitado, pues necesitaba que le buscara unos determinados escarabajos para un proyecto de investigación.

Como conozco la biología del insecto me fui directo al lugar donde más fácilmente puede ser encontrado: El Cubo de La Galga. Iba con la intención de pisar de nuevo, una y mil veces si hiciera falta, los húmedos suelos -lechos de inagotable evolución- de este mágico bosque del terciario que tiene la inapreciable virtud de sorprendernos en cada recodo. Asimismo, es extraordinariamente reparador para el espíritu sentarse en silencio y oír los arrullos amorosos de la esquiva paloma turqué, acompañados por la loca algarabía de pinzones, herrerillos, mirlos, capirotes…, o sentir el perturbador aroma de los tilos en este paraíso.

Después de un par de horas rebuscando bajo las cortezas de los árboles abatidos por la edad y los temporales, sorprendentemente solo había encontrado una docena de ejemplares que ya tenía a buen recaudo en el bote. Esta escasez -debida a que muchos aún están en su cámara ninfática y no han eclosionado-, hizo que decidiera desplazarme al cercano barranco Hondo de Nogales (El Granel) y allí intentar completar la serie.

Aparqué, como otras veces, en un ajardinamiento recientemente acondicionado por el Ayuntamiento a la memoria de Bibiana Rodríguez Abreu, recogí los pertrechos de colecta y cuando me disponía a adentrarme en la espesura de la laurisilva, de golpe y sin esperarlo a escasos metros del mirador, me tropecé con un nuevo vertedero clandestino, situado paradójicamente en el desvío hacia el Punto Limpio de Puntallana. Un infierno donde se observan sofás, sanitarios rotos, botellas, garrafas, latas, maderas, sillas, plásticos, un ordenador, un portátil, etc.

Parado en seco por semejante montaña de basura, y perplejo, no podía salir de mi asombro. Mientras, incesantes preguntas importunaban mi mente ¿Cómo es posible que en los tiempos que corren, con todos los servicios y facilidades que tenemos, pueda alguien tirar semejante montón de basura en un territorio de bondades? ¿Cómo se pueden comportar tan incívicamente? ¿Puede ser un palmero que quiera a La Palma? Cuanto más pensaba y observaba ese sinsentido más me iba irritando. Además, buen escaparate para los visitantes que se acerquen al lugar, seguro que saldrán horrorizados por tan tremendo "pecado".

Somos nosotros los que tenemos que cuidar y proteger nuestro entorno, no deberíamos quedar indiferentes ante situaciones como esta. Por eso me gustaría que a quien le corresponda y en la mayor brevedad posible adecente la zona y aplique todas las medidas permitidas para que esto no siga ocurriendo, ni se extienda hacia otras zonas próximas por el "efecto llamada".

Tenemos la suerte de vivir en esta magnífica isla y nuestra responsabilidad es, por lo menos, dejarla tal como la hemos recibido, cuando no mejorarla. No se olviden que nuestro territorio es parte de nuestra imagen. Por eso invito a todo el mundo que si observa un vertedero clandestino lo comunique en los ayuntamientos los cuales muchas veces desconocen su existencia.

Finalmente, y pidiendo disculpas por adelantado, solo me resta decir: "FUEERRRTE JEDIONDO".

 

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