Para ser hermosa, lo que una mujer necesita es un suéter negro, una falda negra y caminar del brazo de un hombre que ame, Yves Saint Laurent.(www.youtube.com/watch?v=flyJ7xPxqeE)
No es un secreto que Yves Saint Laurent y Pierre Bergé fueron una pareja de encuentros y desencuentros. Una relación de años de felicidad sublime y amorosa y otros de una convivencia repleta de una gran desolación que finalizó en 1976, aunque el profundo amor los mantuvo unidos hasta la muerte de Ives en el 2008.
La película, «Saint Laurent», dirigida por Jalil Lespert, nos muestra a uno de los diseñadores más importantes de la posguerra, en un filme biográfico, con un leiv-motiv: la historia de amor de Yve Saint Laurent, protagonizada por Pierre Niney, que representa dolorosamente al genio, y a Pierre Berger, socio, amigo, amante sutil y preocupado por la vida sentimental y profesional del modisto, guarda voto de silencio, interpretado por el francés Guillaume Gallienne.
Refleja la película, la homosexualidad del protagonista de una forma abierta, sin tapujos, desde los primeros minutos en que se encuentran Yves y Bergé. Un encuentro y unas miradas tan llenas de afecto, que a mí, no sé por qué, me recordó a lo que quizás sintieron los dos protagonistas de "Muerte en Venecia", Aschenbach y Tadzio.
Describe a un hombre de talento que era capaz de lanzarse a fondo con su creatividad inmensa, noches enteras dibujando y creando vestidos que hicieron época, el proceso de un genio precoz. Veinteañero aún, se hace cargo de la enorme firma Dior, con su enorme poder mediático en la sociedad europea y mundial.
La interpretación de Pierre Niney es espléndida igual que el resto del reparto. Además la película es un valioso testimonio sobre los años 60 y 70, las noches de desenfreno en las discotecas. La música. Y el triángulo formado por él mismo con Bergé y Victoire, su modelo estrella. A ella la interpreta la actriz Charlotte Le Bon, quien pasaba pasarela, antes de trabajar como actriz.
Manifiesta el papel del arte, con su original serie de diseños y vestidos, inspirados en los colores del pintor impresionista Mondrian. Y destaca escenas como la del primer desfile que se rodó con vestidos originales prestados por museos y la Fundación. Su nacimiento en Argelia y el conflicto que condujo a los gritos de ¡Viva Argelia Libre!", a la independencia de este país en contraste con el glamour de París. Proyecta al espectador la realidad de los homosexuales, el estilo de vida de una cultura caracterizada por la moda, los objetos, el consumo y el deseo del protagonista de dejarse azotar por un viento insano. Sin olvidar que los fragmentos musicales operísticos juegan un gran papel en el film en los desfiles y como fondo de la trama. Lo mejor el cierre del film. Bellísimo.
La película de Lespert realizada con gran dignidad y buen equilibiro se divide claramente en dos partes y su estética con diferentes ritmos de narración y hasta personajes diferentes. Con una primera parte glamurosa, llena de luz en la que el carácter de Yves estalla. Con las primeras colecciones que modernizaron la moda y la elevan a la categoría de arte. Una primera parte que nos revela que las cosas hermosas crecen hasta cierto punto y que luego van a menos hasta que desaparecen, exhalando, como decía Sctott Fitzgerald en su novela "Hermosos y malditos", recuerdos mientras se desmoronan.
Se centra en dos décadas de la vida del diseñador, las comprendidas entre 1956 y 1976. Y recrea su vida que fue un continuo batallar contra sus depresiones, contra la afición a la bebida, a las drogas… Muestra su frialdad, los éxitos y fracasos, de cómo pasaba del júbilo al desenfreno denigrante. El placer que sentía Yves por la belleza masculina y los placeres prohibidos, a los que él dice que llegó devorado por la angustia de tener que ser el mejor, año tras año en su oficio.
Por su carácter peculiar Saint Laurent, sufrió acoso escolar, y dicen que él intentaba superarlo prometiéndose que algún día sería famoso. Todo un genio, tan frágil e inestable psicológicamente, tuvo dificultad para expresarse en público en donde manifestaba todo el desconcierto de un niño asustado, de un joven inseguro y con problemas de autoestima constantes.
Francia ya ha elegido la película que la representará en los Oscars: se trata de «Saint Laurent», un film que es un canto al amor y a la pasión. Un homenaje a la vida del famoso modisto.
Blog-rosariovalcarcel.blogspot.com
rvalcarcel
Magnífico, D. Pedro Luis, como siempre.
Y más abrazos apretados.
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PedroLuis
El misterio, sí.
Ese don de velar por los discretos.
El valor que adorna sus secretos…
Abrazos, apretados, por supuesto.
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rvalcarcel
Mi querido D. Pedro Luis:
La envoltura no hace más que camuflar el misterio. Ese misterio del que algunos no pueden huir.
Mi abrazo apretado.
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PedroLuis
Doña Rosario, no hemos visto la película, aunque sí algunas de esos suéteres y faldas negras en el papel cuché del Hola. La grandeza (¿y el peligro?) de tan estética de envoltura, es que se corre el riesgo de no reparar en los tesoros que envuelve, que terminamos por asimilar a maniquíes vestidos, olvidando su alma, cosa que según nos cuenta no ocurre en el guión de la película.
Siempre es un placer, que espaciamos más de lo deseable, por imperativo del guión temporal. O por temporales del guión, que tampoco faltan.
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lleon
Una película francesa bien hecha, con ritmo, con buen tratamiento psicológico del personaje y con respeto a la personalidad homosexual del modisto, en unos tiempos en que esto estaba todavía mal visto.
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rvalcarcel
Gracias Pedro:
Una película bien hecha, que aunque pensé en un principio que iba a tratar solo sobre el mundo de la moda, me llevé una grata sorpresa.
Un beso grande, grande.
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pevalqui
El mundo del arte del que los grandes diseñadores forman parte, siempre me ha llamado la atención. Y como por ver no te cobran, si quiera ocasionalmente, y cuando la oportunidad me lo ha deparado, no he la he perdido.
De Yves Saint Laurent destaco en él como su mayor virtud, transformar la sencillez en elegancia. Sin llegar a la sofisticación de su mentor, Dior, sigue siendo un exponente, un mito dentro del mundo de la moda.
Recorrer las parisinas calles de la Rue Saint Honoré o Saint Agustine, o el de la romana Via Condotti, y no echarle un vistazo a los escaparates, es algo que nunca me he dejado de permitir. Todo un disfrute para los sentidos.
Buen apunte.
Hasta luego.
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