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El naufragio del Príncipe de Asturias y Valbanera

Recordatorio del naufragio del Príncipe de Asturias. Es el único documento de la época que se conserva. (Archivo MVHP).

Aún se recuerdan un dicho popular y leyenda que fue pasando generación tras generación entre asombro, temor, triste realidad y mala fortuna en La Palma.

Corría la voz, por todos los rincones de Santa Cruz de La Palma, cuando un miembro de la familia Benítez o Perdigón se iban a "embar­car" o se les veía que con una maleta se dirigían al puerto palmero a coger el correillo. La contraseña era: ¡Se embarca un Benítez…!. ¡Hoy, yo no voy en barco!. El temor y miedo por la mala fortuna de estas familias provocaba que los vecinos tomaran precauciones, y razones no les faltaban.

El vapor trasatlántico Príncipe de Asturias, el mayor y más lujoso de los mercantes de esos tiempos, fue construido en los astilleros Rusell y Cª de Glasgow. Estaba dotado de dos maquinarias y doble hélice y desplazando 16.500 toneladas. Fue botado a la mar en el mes de junio de 1914. No habiendo cumplido dos años de su viaje inaugural zarpó del puerto de Barcelona el 14 de febrero de 1916 rumbo a América, haciendo escala en Gran Canaria.

El 24 de febrero partió del Puerto de la Luz este magnífico trasatlántico propiedad de la naviera Pinillos. En esta escala canaria recogió a  los vecinos de Santa Cruz de La Palma: María del Pino Rodríguez Torres (Vda. de Benítez)[1]; María del Carmen y Ezequiel Benítez Rodríguez[2] [hijos de la primera]; Higinio Carmona Pérez[3] y Néstor Arozena y Arozena. Todos ellos parientes o vecinos relacionados con la familia Benítez que emigraban a la  Argentina.  

Comenzaba el carnaval brasileño cuando, entre los puertos de Río y Santos, el barco se hundió al chocar con unas rocas del cabo Punta Do Boi, de la isla Sao Sebastiano, que carecía de faro. Las razones de tal fatal desenlace apuntan que el Príncipe de Asturias navegaba demasiado cercano a la costa, había recogido pasajeros en Río de Janeiro con destino a San­tos. La noche, la niebla y la falta de señalizaciones marítimas se encargaron del resto. Por otro lado otras fuentes apuntan que la razón se debió fundamen­talmen­te, según algunos miembros supervivientes de la tripulación, a la embriaguez del capitán José Lotina y otros oficiales que celebraban el carnaval.

El Príncipe de Asturias con su quilla destrozada se hundió rápidamente sin tiempo para que todo el pasaje pudiera abandonar el buque, y entre ellos los palmeros. De un total de unas 450 personas, más los supuestos y clásicos polizones de estos años, se salvaron 243, de los cuales eran 157 eran pasajeros y 86 tripulantes. Entre estos últimos no figuraban el capitán ni el primer oficial que se suicidaron con un disparo de sus revólveres, al comprobar la catástro­fe de la que se sintieron responsables. 

La noticia se convirtió en duelo y en consternación en La Palma. Se confirmaba la fatalidad cuando Antonio Cabrera de las Casas, consignata­rio de la naviera en Santa Cruz de La Palma, recibe un telegrama remitido desde Cádiz, a las 14,20 horas del 8 de marzo, que decía: "Agradezco sentido pésame. Entre los salvados no figura ningún pasajero embarcado en Las Palmas".

El suceso conmovió a la Isla. Cinco palmeros habían muerto en los mares del Brasil. En las parroquias de El Salvador de Santa Cruz de La Palma y Nuestra Señora de Los Remedios de Los Llanos de Aridane, donde vivían familiares y amigos de la familia Benítez, se celebraron el 22 de marzo de 1916 funerales y misas por las víctimas del vapor Príncipe de Astu­rias. La descripción del hecho y la relación de las víctimas y sus desconsolados deudos figuran en un recordatorio In Memoriam que dice que habían "perecido víctimas del naufragio del vapor "Príncipe de Asturias", en la madrugada del día 5 de los corrientes, frente a Santos, en las costas de Brasil".

La noticia y los relatos corrieron por pueblos, pagos, lugares, cumbres, valles y barrancos. En La Palma Isabel Perdigón, joven y guapa mujer, lloraba la trágica perdida de su esposo Ezequiel Benítez Rodríguez. Isabel, con 19 años y Ezequiel, con 21, habían contraído matrimonio en la iglesia de El Salvador de Santa Cruz de La Palma el 24 de enero de 1916, cuarenta días antes del fatal naufragio del Príncipe de Asturias. Ante la crueldad de los hechos las lágrimas manaban de sus bellos ojos y cuentan que de manera obsesiva decía: "mi mayor felicidad sería  morir ahogada en el mar y de la misma forma en que falleció mi esposo". 

Su deseo de sumo y trágico amor se vio cumplido. Tres años después desde Santa Cruz de La Palma embarcó, Isabel4, en el célebre Valbanera, destino a Cuba donde le esperaba su hermano Juan Perdigón. La acompañaba su cuñada Francisca5 Benítez Rodríguez con tres hijos, Juan de seis años; Carmen, de dos, y María del Pino, de uno. Estos últimos iban a encontrar­se con Diego Martín Pérez, esposo de la primera y padre de los menores.

El puerto palmero se llenó de alegría con la bella estampa marinera del Valbanera. Se agitaron pañuelos despidiendo a los 106 pasajeros emigrantes, que subieron abordo en el último puerto europeo, de un total de 1.230. Cuenta que al salir de Santa Cruz de La Palma el Valbanera al mando del capitán Ramón Martín Cordero perdió un ancla. Para los viejos marinos fue un mal presagio.

Recordaba Pilar Perdigón Benítez que por esos años se había repartido las piezas de una antigua vajilla familiar. Una de las piezas mayores les había correspondido a los emigrantes que ya estaban embarcados en el Valbanera cuando se percataron que la habían dejado en la casa, a pocos metros del muelle. Desde la ribera de atraque corrieron a buscarla y cuando el barco ya estaba soltando amarras y se despejaba lentamente del muelle la arrojaron por los aires hacia la nave. La mala fortuna hizo que cayera al agua. El mar de la bahía palmera atrapó la bella sopera de cerámica fina, y nunca llegó a su destino. Más tarde sería visto como otro mal presagio.

Y el presagió se convirtió en un fortísimo ciclón tropical que azotó la costa norte de Cuba, entre los días 9 y 10 de septiembre de 1919. La familia Benítez y Perdigón, lamentablemen­te, no bajaron en Santiago de Cuba y decidieron continuar hasta La Habana con 488 pasajeros más. Eugenio Carballo contaba que en el último momento una mujer de la familia se decidió y bajó del Valbanera en Santiago, mientras los otros parientes siguieron hacia La Habana. La mala suerte también le esperaba a esta. Su esposo, ya residente en Cuba, fue a buscarla a Santiago y no se encontraron. Este regresó a La Habana y cuando se enteró del naufragio del Valbanera  el disgusto le llevó a la muerte, cuando en realidad su esposa estaba viva.

Y fue aquí en las costas del poniente del Atlántico, el mismo océano que tres años antes había sido la tumba de otros miembros de la familia Benítez, donde la fatalidad quiso que encontraran la muerte estos otros miembros de la misma familia.

El periódico tinerfeño El Imparcial el 20 de septiembre de 1919 publicaba en su primera página un corto dramático: "Noticias de Cádiz acogen el rumor de haberse ido a pique en su travesía de Puerto Rico a la Habana el vapor "Valvanera", de la compañía de Pinillos, el que hace poco zarpó de esas isla para la de Cuba. Ha siso extraordinario la impresión que estos rumores han producido".  La fatal noticia llegó a La Palma. De nuevo el dolor dejó huella en la familia palmera.

En 1992, cuando contaba 80 años de edad, Pilar Perdigón Benítez, escribió, a su nieto Álvaro Fernández Martín, los recuerdos del hundimiento del Valbanera, diciendo:

"Hoy cuando leía -Proyecto Valbanera- sentí gran emoción, volvió a revivir en mi, aquella tragedia que ocurrió cuando yo apenas tenía 8 años y que ahora remotamente los recuerdos me vienen en bandadas. Si, recuerdo aquellos días, de los rumores de si era, o no, verdad del hundimiento del Valbanera. Entonces los medios de comunicación, no eran tan rápidos como los actúales. Por este motivo la familia Benítez Rodríguez, tuvo unos días terribles de incertidumbre, pero siempre con la esperanza de que hubieran saltado por Santiago de Cuba. Pero no fue así.

Por fin llegó la trágica noticia de la verdad del naufragio. Todavía tengo en mi mente la desesperación de la familia, sus llantos, lamentaciones, toda aquella barahúnda me daba pánico, ahora pienso que sin duda sería porque era muy niña, pero sin embargo se me viene a la imaginación un presagio que mi prima Carmencita auguró unos días antes del viaje. A media noche se despertó llorando desesperadamente y gritando. ¡Mamá, mama, no quiero irme para Cuba, que estaba soñando que el barco se hundía y me estaba ahogando, ahogando…!. La madre trataba de consolarla, pero la niña insistía "¡Que no me voy que tengo miedo!". Esto lo presencié yo porque dormía a su lado y me despertó su amargo llanto.

¡Que cosas tiene la vida!".

Así termina su vivencia y relato Pilar Perdigón Benítez.

En un aparte Pilar Perdigón hace constar los nombres de los familiares directos fallecidos en los dos naufragios: "Otra catástrofe ocurrida en "El Príncipe de Asturias" en marzo de 1916. Viajaban para Argentina, mi abuela María del Pino Rodríguez Torres, viuda de Benítez, con sus dos hijos María del Carmen y Ezequiel Benítez Rodríguez. Perecieron víctimas del naufragio del vapor "Príncipe de Asturias" en la madrugada del 5 de marzo de 1916, frente a Santos en las costas de Brasil" y  en otra nota recoge: "Los que perecieron victimas del naufragio del vapor "Valbanera" en septiembre de 1919.  Mi tía Francisca Benítez Rodríguez4 de Martín y sus tres pequeños hijos, Juan, Carmencita y Pinito (mis primos) y mi hermana  Isabel Perdigón Álvarez -viuda de Ezequiel Benítez Rodríguez".

El cruel deseo de "mayor felicidad" de Isabel Perdigón se cumplió encontrando la misma tumba que su amado esposo. La loza azul del océano Atlántico tapó para siempre los cuerpos sin vida de Ezequiel e Isabel y de otros familiares que esperaban encontrar fortuna en América, Argentina y Cuba. Leyendas y realidad de la mar tenebro­sa que recuer­dan, aún con lamento y dolor, las nuevas generacio­nes de la familia palmera de los Benítez-Perdigón. Y el fatal destino de la mar creó la leyenda.

 

[1] María del Pino Rodríguez Torres era natural de Las Palmas, casada con Agustín Benítez Hernández de la misma naturaleza, escribano de actuaciones del Juzgado de primera instancia en Santa María de Guía y Santa Cruz de La Palma. Se establecieron en Guía (Gran Canaria), en 1875 tenían domicilio en la calle Los Herreras y en 1889 en el callejón de León. En este municipio nacieron, que sepamos, sus hijos Agustín José Gonzalo (1875-1948), quien fuera Secretario Municipal de Los Llanos de Aridane y José Agustín Felipe Neri (1889-1956), reconocido periodista en la prensa de La Palma y de Cuba, dónde emigró en 1909.

Este último se casó con Esther Heyman, natural de Nueva York. En el padrón de habitantes de Los Llanos de Aridane del año 1920 figura  empadronado como huésped, junto a su esposa, en la casa Nº 38 de la calle Pedro Poggio de Los Llanos de Aridane(hoy Calle Real) junto a su hermano Agustín José, la esposa de este último Josefa Lorenzo Martín y los hijos de estos Josefa, Agustín José y María de los Dolores.

Ambos hermanos figuran en el recordatorio In memoriam del naufragio del Príncipe de Asturia.

Dos días antes de partir hacía Argentina, el 22 de febrero de 1916, María del Pino escribía una carta desde Las Palmas a su hijo "Agustín y mis queridos nietos, Pepita, Agustín y Lolita" diciéndoles: "Hoy se supo aquí que ayer a las tres de la tarde salió el Príncipe de Asturias de Cádiz y creen que llegará a esta mañana a las dos de la tarde. A la hora de la salida pondremos un telegrama". Continua diciendo: "Las niñas no me dicen si vendieron la palma y en cuanto y el rosal y la flor de mundo de las dos macetas tampoco se lo que han hecho de ellos", últimos y entrañables mensajes de una mujer que dejaba para siempre de tener flores amorosamente cuidadas en su patio de Santa Cruz de La Palma, disponiendo su venta. En nombre de su hija Carmen dice "les manda muchos besos a los niños y a ti un abrazo apretado". Un último abrazo "apretado" antes de partir al encuentro de su fatal destino.(Archivo familiar, Santa Cruz de La Palma).    

2. Ezequiel Benítez Rodríguez era natural y vecino de Santa Cruz de La Palma. El periódico tinerfeño Gaceta de Tenerife el 14 de marzo de 1916, pag. 1, publicaba lo siguiente: "Nota de La Palma. Gran sentimiento ha causado en esta isla el naufragio del trasatlántico "Príncipe de Asturias" donde hacían viaje para América apreciables personas de esta localidad. Entre ellas iba con su familia el apreciable joven D. Ezequiel Benítez presidente que fue de la "Juventud católica". 

 

3. El destino determinó que Higinio Carmona Pérez fuera testigo, el 24 de enero de 1916, de la boda canóniga de Ezequiel Benítez Rodríguez e Isabel Perdigón Álvarez, en calidad de Secretario Suplente del Juzgado Municipal de Distrito de Santa Cruz de La Palma y diera fe de ello en la inscripción del Registro Civil. Cuarenta días después encontró la muerte, junto a Ezequiel Benítez, en el naufragio del Príncipe de Asturias.

4. Isabel Perdigón figura en el recordatorio In memoriam del naufragio del Príncipe de Asturias. Era vecina de Santa Cruz de La Palma y natural del Puerto de la Cruz, hija de Miguel Perdigón Méndez y Trinidad Álvarez Carrillo. Perdigón Méndez fue concejal de Santa Cruz de La Palma. Contrajo matrimonio tres veces. Los dos últimos con dos hermanas Benítez Rodríguez y por tanto hermanas de su yerno Ezequiel Benítez Rodríguez, náufrago del Príncipe de Asturias

5. Francisca Benítez Rodríguez figura en el recordatorio In memoriam del naufragio del Príncipe de Asturias.

Nota: En la magnífica hemeroteca Archivo Prensa Digital Jable, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, se puede consultar las siguientes reseñas periodísticas sobre el naufragio del vapor Príncipe de Asturias. Por ser más conocidas la del Valbanera no las recogemos en este trabajo.

-El tinerfeño La Opinión el 14 de marzo de 1916,  publica, con el titular De La Palma  referencias a que la Junta Directiva de la Sociedad la "Gran Peña" había suspendido durante ocho días toda clases de festejos en señal de duelo por las víctimas del naufragio del "Príncipe de Asturias", "entre los que se encuentran distinguidas y apreciables personas de Santa Cruz de La Palma". También sobre la "Misa de Réquiem", en sufragio de las almas de los náufragos en el templo de El Salvador.

-Diario de Tenerife el 18 de marzo de 1916, pág.2 recoge: "La prensa de Santa Cruz de La Palma publica sentidos artículos necrológicos por las víctimas de la catástrofe del vapor español Príncipe de Asturias.

Entre los pasajeros se aquella isla que sucumbieron en el trágico viaje figuraba D. Néstor Arozena y Arozena, D. Higinio Carmona Pérez, D. Ezequiel Benítez Rodríguez, su hermana Carmen y su señora madre, a cuyas familias enviamos nuestro sentido pésame".

-El grancanario Diario de las Palmas el 15 de marzo de 1916, pág. 1, publica los siguientes titulares desarrollados: El naufragio del "Príncipe de Asturias: Salvamento de pasajeros y tripulantes. Londres 6; Primera Lista de supervivientes.- Suicidio del capitán. Río de Janeiro 6.-; Cerca de quinientas víctimas.- Horribles detalles. Río de Janeiro 6.-; La plana mayor del buque náufragos.- Algunos salvados y desaparecidos. Cádiz 7.-; Hablando con el Sr. Pinillos. -Lo que costó el buque.- Sus características- Pésame del alcalde de Cádiz. Cádiz 7.-; Lista de tripulantes y pasajeros salvados. Cádiz 7.-; Un telegrama del Rey. Sin nuevos detalles. Cádiz 8.- El pasaje de primera del "Príncipe de Asturias". Cádiz 8.-; Restos del naufragio.- Manifestaciones de pésame Cádiz.8.

– El tinerfeño Gaceta de Tenerife el 16 de marzo de 1916, pag. 1: El naufragio del "Príncipe de Asturias"

– El grancanario Diario de Las Palmas el 31 de marzo de 1916, pág. 1: La catástrofe del "Príncipe de Asturias. Una suscripción.

– El  tinerfeño El Progreso el 5 de abril de 19916, pág 1: Los supervivientes de un naufragio.

– El  tinerfeño Gaceta de Tenerife del 10 de abril de 1916, pág. 2: Los náufragos del "Príncipe de Asturias. El acto de ayer en la parroquia de San Francisco.

 

 

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