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La tendedera
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Manuel Rodríguez Quintero (1897-1971)

Manuel Rodríguez Quintero.

Hasta hace pocos meses disfrutamos de una exposición que la isla le "debía" al fotógrafo palmero Manuel Rodríguez Quintero (1897-1971). Fue un reconocimiento a un artista siempre con cámara en ristre esperando encontrar el mejor ángulo, la mejor luz del paisaje y a los personajes en su vida cotidiana por toda la geografía de la isla de La Palma.

Lo pusimos en marcha desde la Consejería de Cultura y Patrimonio Históricos del Cabildo de La Palma con la estimable colaboración de la familia de Rodríguez Quintero. Miles de personas la visitaron incluso repitiendo su visita a la sala temporal del Museo Arqueológico Benahorita de Los Llanos de Aridane.

La generosidad de la familia facilitó el material original para goce y disfrute público y especial gratitud al entusiasmo mostrado por el nieto de Rodríguez Quintero, Juan Manuel y a la biznieta Nuria Álvarez. Nuestro reconocimiento muy especial a sus dos hijos Ángeles y Juan-León (Lonqui), fotógrafos ambos y la tercera generación familiar de profesionales de la fotografía. Una cuarta generación profesional está por ver.

En el acto inaugural manifesté que la muestra fotográfica era un pequeño homenaje ante la grandiosidad del trabajo y arte de Rodríguez Quintero. Realmente Don Manuel continua estando entre nosotros, en blanco y negro, y para siempre en la historia de La Palma. La muestra de unas ochenta fotografías es un tesoro documental y además, sin lugar a dudas, patrimonio cultural de La Palma.

La saga familiar de los Rodríguez-Rosa; Rodríguez-Quintero y Rodríguez -Castro garantizó a la historia de la fotografía en La Palma la continuidad generacional de al menos más de un siglo en la isla.

En Los Llanos de Aridane tiene su máximo exponente Manuel Rodríguez Quintero (1897-1971), hijo de Manuel Rodríguez Rosa (1881-1931), ambos nacidos en Santa Cruz de La Palma. Rodríguez Rosa había casado con Rosario Quintero y su dedicación al mundo de la fotografía se desarrolló mediante la organización de un laboratorio en su residencia de la calle San Sebastián de la capital insular.

En la contribución industrial de Los Llanos de Aridane correspondiente al ejercicio 1924-1925, Manuel Rodríguez Quintero figura con el epígrafe de fotógrafo ambulante. La fecha del cierre de este expediente municipal (15 de abril de 1924) invita a pensar que R. Quintero debió establecerse en Los Llanos de Aridane hacia 1923 ó 1924 -o incluso antes-. En 1925, junto a su esposa Juana Castro Ramos era inquilino de una vivienda en la calle Ramón y Cajal, por la que abonaba 300 pesetas anuales.

Manuel Rodríguez Quintero comenzó a trabajar cuando contaba 15 años de edad y obtiene sus primeras fotografías al lado de su padre. Permaneció diez años en Cuba ejerciendo la profesión.

En 1955 obtuvo el segundo premio en un concurso de fotografías convocado por el Hogar Canario de Madrid con la pieza titulada Una hermana menor; el primero en una exposición en Las Palmas, así como varios galardones en muestras de Santa Cruz de La Palma entre ellos el primer premio en un concurso de la Bajada de la Virgen.

Hizo alguna incursión en la pintura y el dibujo, como atestigua su participación en la exposición de acuarelas, óleos y dibujos celebrada durante las fiestas en honor a Nuestra Señora de los Remedios de 1943. Asimismo, los programas impresos de estos festejos aridanenses fueron ilustraron en ocasiones con dibujos a plumilla de su autoría.

En el de 1948 publica la plumilla titulada Plaza de España, que en la edición del año siguiente se rubrica con un extenso pie: «Del laurel de la Plaza ha hecho Rodríguez Quintero el poema de la tinta-china, y sus frondosas líneas, en rubicundas formas, se encrespan con elegante gracia sobre las pérgolas y los centenarios sillares de la piedra tallada o el moderno banco municipal, que tanto sabe de la preocupación y la vida de la Ciudad ejemplar».

En los mismos programas y en años sucesivos, Quintero será asiduo publicista fotográfico, siempre a través de paisajes urbanos o rurales destacando sus instantáneas de la Caldera de Taburiente, la ciudad de Los Llanos de Aridane, El Paso, Tazacorte o Puntagorda, entre otras.

Conviene recordar también que los mismos programas de La Patrona insertaban anuncios de su taller, nominado Foto Helénica: «Foto Helénica de M. R. Quintero e hijos. Talleres. Vistas del país. Trabajos de aficionados. Trabajos a domicilio en las especialidades bodas, bailes, festejos, excursiones, deportes. La Carilla. Los Llanos de Aridane. La Palma. Canarias».

Antes de contar con estudio estable con sus hijos sus fotografías-postales se vendían en los hoy conocidos Almacenes Gómez Camacho (tienda de Amadeo), dónde hoy perduran copias de sus fotografías, especialmente de la Virgen de los Remedios y "recados" por escrito dando instrucciones a los dueños del establecimiento, sus buenos amigos Luis y Amadeo.

Inquieto, romántico y activo profesional, en 1957 obtuvo distinción en un concurso de fotografía en Barcelona, organizado por Cine y Fotografía, de Fernández-Rajal. Diario de Avisos, de 25 de marzo, recoge una crónica alusiva: «El Sr. Rodríguez Quintero, que posee un prestigio profesional bien cimentado y que ha sido premiado anteriormente en diferentes concursos y exposiciones, está recibiendo muchas felicitaciones a las que unimos la nuestra más sincera». Durante muchísimos años Quintero colaboró ilustrando las páginas de esta cabecera con fotografías acompañadas de comentarios al pie. El 18 de agosto de 1964, el mismo rotativo publica un artículo sobre las impresiones de Quintero acerca de la fotografía y el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.

Conocido popularmente como el Cernícalo, él mismo reconoce en el periódico: «¡Quién fuera cernícalo, no porque ambicione ser cazador, sino por poder hacer fotos aéreas e ir de un sitio para otro sin pagar pasaje!». La elegante ironía y el buen humor de Quintero están siempre presente en sus comentarios, especialmente en muchos de sus pies de fotos impresas directamente en la placa fotográfica.

De nuevo Diario de Avisos (17 de abril de 1967) es testigo del primer premio obtenido por R. Quintero en el mismo certamen barcelonés: «Con satisfacción leemos en la prensa de la Ciudad Condal, que en reciente concurso de fotografías artísticas que la institución «Fotografías y Cine» ha organizado, ha correspondido el Primer Premio a nuestro estimado colaborador Manuel Rodríguez Quintero establecido en Los Llanos de Aridane». La revista Canarias Gráfica (octubre de 1969) le dedica un artículo, al tiempo que publica varias de sus fotografías. El fotógrafo del volcán de San Juan (1949), del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente murió en febrero de 1971, cuando en las profundidades de la isla el magma de un nuevo volcán se preparaba para emerger a la superficie de la isla. Por pocos meses, Quintero no logró captar con su cámara el espectáculo dantesco de un segundo volcán en La Palma en un mismo siglo (Teneguía, Fuencaliente, octubre de 1971).

La saga familiar de sus hijos Juan León (Lonqui) y Ángeles, profesionalmente la tercera generación de los fotógrafos Rodríguez, continuaron capturando con sus cámaras el discurrir de las gentes y del paisaje de La Palma. Esa historia es otra y tendremos que escribirla y verla en otra ocasión.

La foto de San Borondón

Una tarde de 1957 o 1958 Manuel Rodríguez Quintero deambulaba, con su inseparable cámara fotográfica, por las Martelas de Arriba, cerca de Triana en Los Llanos de Aridane. En las represas-estanques propiedad de Gregorio Camacho Gómez estaban bañándose tres niños, entre ellos Arístides Sánchez y Evaristo Pérez Barreto. Era un día de horizonte y cielo limpio. De repente una isla se dibujó mar afuera, apareció de repente. No era El Hierro, la isla llamada del meridiano estaría más al sur a la altura de Fuencaliente. Era la isla encantada de San Borondón. No podía ser otra.

Rodríguez Quintero tomó conciencia de la importancia de aquella visión y disparó su cámara fotográfica dirección oeste, sobre Las Martelas de Abajo y en la costa próximo al barrio de San Borondón en Tazacorte. El fotógrafo se debió dar cuenta de que difícilmente cuando mostrara la foto a los convecinos le iban admitir que hubiera obtenido una fotografía a la "encantada", "errante", "encubierta" y mítica isla de San Borondón.

La fotografía debió ser entregada o remitida al recordado arqueólogo catalán, afincado en Tenerife, Luis Diego Cuscoy (1907-1987). Cuscoy preparó un documentado artículo que se publica en el periódico de Madrid, ABC [10-08-1958 pg. 6 y 7]. Un gran reportaje en dos páginas con las ilustraciones de la foto de San Borondón, otra de la costa occidental de La Palma en que se que aprecia Tazacorte y su barrio de San Borondón, ambas de Quintero, y un dibujo geográfico de Canarias con marcas de las últimas apariciones de la Isla errante. Hasta ese momento la cartografía de la isla errante abarcaba siglos en mapas y portulanos.

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