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La tendedera
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Antonio Fernández Grilo, autor de la letra Lo Divino (1)

Poema de F. Grilo, en Canarias lo divino.

Mucho se ha escrito sobre los orígenes y autores de la letra de nuestro querido villancico canario Lo divino. En este trabajo descubriremos la autoría de gran parte de la letra  [por algunos estribillo] del villancico Lo Divino. A los que nos dedicamos por afición a estos temas algunas veces nos llevan la casualidad, como ha sido en este caso, a encontrar una fuente documental que aporta un cúmulo de información, desvirtúa, rectifica otras afirmaciones y esclare hechos que son irrefutables.

LA DOS  NOCHES BUENAS DE ANTONIO FERNÁNDEZ GRILO

La casualidad quiso que cayera en mis manos un pequeño libro y lo abriera por la página 26 donde aparece un poema titulado Las dos Noches Buenas firmado por Antonio F. Grilo. Mis ojos empezaron a leer y mi mente respondió cantu­rreando la entrañable música del villancico titulado en La Palma Anunciar y en las otras islas Lo Divino.

El autor divide bajo el mismo título un poema en dos partes, la primera subtitulada Con mi madre y la segunda Sin mi madre, la primera parte recordaba la Nochebuena familiar  y en la segunda con su madre ya fallecida. El texto de la primera parte se compone de quince cuartetas en las que rememora y describe, amorosamente, su infancia alrededor del Nacimiento (que no Belén) familiar que preparaba amorosamente su madre, firmado por Antonio F. Grilo. Respetando el texto en su ortogra­fía, tildes y puntuación la primera parte dice:

            Madre del alma, cese tu pena,

         calma tu angustia, por Dios no llores,

         que ya bendicen la Noche-buena

          los reyes magos y los pastores.

            Bordan los valles blancos corderos,

          hay regocijo en las cabañas,

          y los tomillos y los romeros

          llenan de aromas nuestras montañas.

          Nos da la noche calma infinita,

          y hacen más dulce nuestra ventura,

          mi limpia mesa, tu fé bendita,

          nuestros recuerdos y tu ternura.

             Acompañando tus devociones

          contigo, á solas, feliz me quedo;

          el aire azota los torreones

          y la lechuza silba de miedo.

               Suenan lejanos dulces cantares;

          voces muy tristes, vaga armonía,

          esta es la noche de los hogares,

          y el alma siente melancolía.

             Déjame, madre, que te recuerde,

          al son medroso del ronco viento,

          mi eden de niño, la alfombra verde

          con que imitabas el Nacimiento.

             La patorcilla de gracias llena

          que en frágil barro nos la fingian,

          los vidrios rotos sobre la arena

          que á un arroyuelo se parecian.

             Del hogar, bosque, valle galano,

          fruta fingida, monte divino,

          huerto bendito donde tu mano

          á los pastores abrió camino.

            El fiel rebaño que se apacienta,

          el hondo cauce de la cañada,

          la choza humilde, la blanca venta

          donde la Vírgen buscó posada.

           La abierta roca del monte oscuro,

           la azul corriente del manso rio,

           la anciana pita formando un muro

           en los vallados del caserío.

            La sombra opaca de la arbolada,

           los frescos juncos sobre los lagos;

           allá trotando por la vereda

           en sus corceles los reyes magos.

                       Y por las cuestas de las montañas,

            rubias pastoras, de talle erguido,

            frutas y mieles de sus cabañas

            llevando al Niño recien nacido.

           Horas felices del alma mia,

           breves, tranquilas y seductoras,

           ¡ madre del alma, cuánto daria

           por un instante de aquellas horas!

            Huye del niño la edad serena,

           jamás tornaron tiempos mejores,

           y solo vuelve la Noche-Buena

           con sus veladas y sus pastores!

           Noche sublime, yo te bendigo;

           cuando otros años toques mi puerta

           haz que mi madre viva conmigo,

           haz que mi casa no esté desierta!

El volumen que se conserva en La Palma lleva por título El Libro de la Familia de la colección Biblioteca Enciclopédica Popular Ilustra­da. Sección 6ª- Recreati­va (3ª edición), Madrid en 1882. La primera edición se publico 1880, aunque estaba listo para imprimir, según la Carta-Prólogo firmada por Teodoro Guerrero, el 9 de noviembre de 1879.

Este ejemplar pertenece a la tercera edición y evidencia que se  debió publicar un número considerable de ejemplares, con su consecuente divulga­ción por toda la geografía hispana. Sabemos que el mencionado librito pudo estar repartido entre los suscritores canarios que nos consta que al menos se encontraban en el Puerto de la Orotava, hoy Puerto de la Cruz, Arrecife, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma, Las Palmas y Fuerteventura.

DIFERENTES VERSIONES EN CANARIAS

En la versión de Lo Divino publicada en un CD titulado Antología de la Navidad (1997), editado por el Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), con letra recopilada en Punta del Hidalgo por José Manuel Ramos se dice, como en otros muchos trabajos, que la letra es popular aunque recoge tres cuartetas y dos versos de Grilo, con importan­tes variantes gramaticales y de puntuación que desvirtúan el sentido del poema original.

            Madre del alma, cesen tus penas

            calma tu angustia, por Dios no llores.

            Que ella bendice la Nochebuena

            los reyes magos y los pastores.

             Frutos y mieles de sus cabañas

            llevan al niño recién nacido.

            Y por las crestas de las montañas

            lucen pastoras de talle erguido.

            Luz en los valles, blancos corderos

            hay regocijo en las cabañas.

            Y los tomillos y los romeros

            llenan de aromas nuestras montañas.

            Madre del alma, cuánto daría

            por un instante de aquellas horas.

 

            La versión de Los Sabandeños (1988) es muy semejante, aunque más corta, a la versión de José Manuel Ramos.  Después de una primera cuarteta, añadida al poema, dice:

            Madre del alma

     cese tu pena

     calma tu angustia

     por Dios no llores.

            Ella bendice

     la Nochebuena

     Los Reyes magos

     y los pastores

            Lucen los valles

     blancos corderos,

     hay regocijo

     en las cabañas.

     Y los tomillos y los romeros

     Llenan de aromas

     nuestras montañas.

 

            Elfidio Alonso en Estudios sobre folklore canario (1985) y en Antología del Folklore (1981) recoge una misma versión, salvo que en la de 1985 el verso "por Dios, no llores" lo pone entre exclamación y cambia "Ella bendice" por "mira que viene":

           Madre del alma,

     cesen tus penas,

     calma tu angustia

     ¡por Dios, no llores!,

     mira que viene

     la Nochebuena

     los Reyes Magos

     y los pastores.

            Lucen los campos,

     blancos corderos,

     hay regocijo

     en las cabañas,

     y los tomillos

     y los romeros,

     llenan de aroma

     nuestras montañas.

En La Palma en los años 1956, 1957 y 1958 el Servicio de Cultura y Arte de la Delegación Insular del Frente de Juventudes publicó tres pequeños libritos-cancioneros que recoge la letra de Anunciar o Lo Divino con dos estrofas de F. Grilo:

                   Madre del alma,

              cesen tus penas,

              calma tu angustia

              por Dios, no llores.

               Que ella bendice

              la Noche-buena

              los Reyes Magos

              y los pastores.

                      Bordan en los valles

              blancos corderos

              hay regocijo

              en la cabaña.

                     Y los tomillos

              y los romeros

              llenan de aromas

              nuestras montañas.

Observamos que el noveno verso se dice "Bordan en los valles" que debe ser un error en la impresión porque en una grabación "casera" de la rondalla El Salvador del año 1955, realizada por el médico Amilcar Morera dicen "Bordan los valles". La copia original de esta grabación la guarda Fernando Leopold. Con motivo de 50 Aniversa­rio de Los Divinos (1947-1997) de El Salvador (Santa Cruz de La Palma) se reprodujo.  

En 1987 se publicó en La Palma un libro, recopilación de varios autores, titulado Villancicos populares palmero. En 1992 la rondalla San Francisco (Santa Cruz de La Palma) publicó Villanci­cos populares. En las dos ediciones palmeras la letra de Anunciar o Lo Divino son iguales. A partir de la segunda cuarteta dice:

            Madre del alma,

     cesen tus penas

     calma tu angustia

     por Dios, no llores.

            Que ella bendice

     la Nochebuena

     los Reyes Magos

     y los pastores.

            Bordan los valles

     blancos corderos

     hay regocijo

     en la cabaña

          Y los tomillos

     y los romeros

     llenan de aromas

     nuestras montañas

 Continúan estas versiones palmeras con otras dos cuartetas que no se corresponden a Antonio F. Grilo. Observa­mos, sin embargo, que si en las dos versiones de Tenerife se dice "Luz en los valles" y "Lucen los valles", en la versión palmera se conserva "Bordan los valles" que se corresponde con la original de F. Grilo.

Por otra parte, en las versiones de Tenerife se mantiene el verso "hay regocijo en las cabañas", que es la correcta del poeta cordobés, mientras que en la palmera pasa a ser singular, "hay regocijo en la cabaña".         

EL POETA ANTONIO FERNÁNDEZ GRILO

El poeta Antonio Fernández Grilo nació en 1845 en la calle María Cristina de Córdoba y murió en Madrid en 1906. Nació el 13 de enero hijo del cordobés Rafael Fernández y de la genovesa Magdalena Grilo. Autor de las obras Poesías, 1860; Oda al príncipe Don Alonso y las damas españolas, 1870; e Ideales, 1891.  Fernández Grilo pasó su infancia y juventud en su ciudad natal dónde en 1862 obtiene el primer premio en los juegos florales del Círculo de la Amistad, abriéndosele las puertas a la literatura. Su carácter simpático y mundano, además de buen recitador, lo introdujo en los círculos sociales de Madrid. 

Se le ha definido como "poeta de ocasión, de amistad…", se dice que I­sabel II, Alfonso XII, María Cristina y Alfonso XIII sabían de memoria algunos de sus poemas. Esa amistad con miembros de la monarquía y políticos de la época le sirvió para que su poemario Ideales, publicado en París en 1891, se editara bajo el patronazgo de Isabel II.  Fue conocido como "el Castelar de la poesía". Fue designado para ocupar el sillón C (mayúscu­la) de la Real Academia Española que no llegó a tomar posesión por fallecimiento repentino.

Los numerosos trabajos sobre Antonio Fernández Grilo lo definen como poeta de salón y sus rimas se reparten entre periódicos y revistas de la época. Concretamente, con el título "En la Noche Buena (a mi madre)", la primera parte de Las Dos Noches Buenas se vuelve a publicar en el título Ideales: poesías escogidas (París: Sánchez y Cia, 1891. p. 82-86).

Su ciudad natal le ha dedicado una su nombre una plaza y Madrid lo ha honrado con la designación de una de sus calles céntricas. En la entrada-patio de una de las ermitas [celdas de ermitaños] de la sierra de Córdoba se encuentra un mural de mármol con su efigie y parte de su poema En las ermitas de la sierra de Córdoba, una de sus obras más queridas por sus conciudadanos.

(Continuará)

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