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La tendedera
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La Batalla de Lepanto en Barlovento (y II)

Desfile de las tropas de Juan de Austria, (f.MVH, 2008).

En Barlovento, con el asalto cristiano al castillo y lucha cuerpo a cuerpo termina el poderío musulmán de casi un siglo en el Mediterráneo. Pero, en este caso, se sustituyen las aguas mediterráneas por el bravío océano Atlántico, que se dibuja a lo lejos en el horizonte, representándose la «batalla» en las medianías de la Isla. Mientras, la Virgen del Rosario, con su manto azul empolvado por el fragor de la batalla, contempla la escena junto al público en el otro margen del barranco. Comienza, a continuación, el desfile de las tropas por las calles del pueblo en dirección a la iglesia. Lo preside don Juan de Austria, y sus hombres marchan con paso marcial al ritmo que marca la banda de música. Detrás, la maltrecha y herida marinería turca que, sin guardar el paso, va encadenada y cabizbaja precedida por Alí Bajá (aunque este, según la historia, pereciera en el combate naval). Tradicionalmente, el papel de los cristianos ha sido representado por hombres mayores que ya habían cumplido el servicio militar y, por tanto, supieran marcar el paso de desfile. Por el contrario, este requisito no se exige a los turcos, que suelen ser jóvenes que aún no han alcanzado la edad militar. La marcha de los vencedores por las calles con los moros cautivos y encadenados es uno de los momentos de algarabía y vítores por la chiquillería y los grandes.

Cristianos y moros rinden pleitesía a la Virgen, que aguarda en el atrio de la iglesia. Tras una tácita conversión de los musulmanes al catolicis­mo, ambas tropas acompañan a la imagen en la procesión después de una misa solemne. En la edición de 1997 se recuperaron dos loas a la Virgen que se representan a la salida del paso procesional, teniendo como escenario el barco de la Virgen, en este caso, la real. La Virgen del Rosario continúa, acompañada por el clero, autoridades locales e insulares y un pueblo respetuoso, haciendo un último alto para ver los fuegos. Miles de voladores siembran de fiesta el cielo. Luz, sonido, música, devoción y emociones contenidas. Ahora, la batalla es ya recuerdo vivo para años venideros.

La batalla de lepanto en la prensa de la primara mitad del siglo xx

Las crónicas sobre la Batalla de Lepanto de Barlovento no son abundantes en la prensa de la primera mitad del siglo XX. No obstante hemos rescatado del tinerfeño Gaceta de Tenerife (Diario católico-órgano de las derechas) una detallada y bellísima crónica del año 1929. De su lectura deducimos que la representación barloventera estaba profundamente arraigada. Desde aquellos años la convocatoria anual a propios y foráneos era destacada, incluso con el traslado desde Santa Cruz de La Palma de la afamada Banda "La Victoria" que fundara el maestro Daranas y la instalación de ventorrillos que iban recorriendo la geografía festiva palmera. Esos dos hechos concretos nos atestiguan el concurso de gentío llamados por la representación alegórica de la Batalla de Lepanto. Del decir del cronista, irónicamente: "Barlovento esperará tranquilo, todo un año, la visita de tanto perturbador".

La referida crónica está firmada en Barlovento, octubre de 1929 y bajo el seudónimo de Fray LIBERTO. Atribuimos la autoría del artículo titulado: "Desde Barlovento. La Fiesta Naval" al que fuera por esos años maestro nacional del municipio norteño, escritor y consejero del Cabildo Insular de La Palma, Francisco García Sanz.

Por el interés documental la reproducimos en su integridad:

"La tradicional Fiesta de Naval, que este pueblo celebra anualmente, ha resultado este año hermosa en verdad, por el tiempo y el orden. El paisaje, siempre bello de este pueblo, ha acrecentado con la multitud de mujeres y niños y sus policromos vestidos.

El domingo día 13, hubo Misa solemne acostumbrada, con asistencia de todas las autoridades. En dicha solemnidad cantó las glorias y el poder de nuestra Virgen del Rosario el Rvdo. Señor cura párroco don Tomás Sánchez, con sencillez y elocuencia, y, sobre todo, con gran unciór patriótica, como quien recuerda lo más grande de nuestra España.

Por la tarde celebrose la batalla; ese glorioso combate en donde queda humillada la soberbia turca, que hasta el siglo XVI tanto nos había provocado.

Antes de empezar hubo un momento de silencio, quizá recordando, emocionados los actores del simulacro, la sangrienta batalla que iban a representar. Por fin se lanza la capitana turca contra la cristiana, que, enarbolaba la efigie de la Virgen del Rosario, y al mando de aquel valiente don Juan de Austria, vence y acaba con Alí-Bajá; se apoderan de todo; y allí dónde sólo había ondeando la bandera de la Media Luna, se reemplaza por la simpática de gualda y roja. La Banda de música La Victoria, que al efecto estaba preparada, entona el Himno Nacional, saludamos todos descubiertos y emocionados, no precisamente por el simulacro, sino por la gráfica representación de aquella página histórica.

Después regresamos a la parroquia, dónde se reza el santo rosario, se canta el himno a la Virgen y se exterioriza las creencias, aun entorno al santuario.

La procesión sale a la calle, el ruido de los que cantan hacen un compás de espera y caen de hinojos ante la vieja escultura, heridos sin duda por el rayo de la fe.

Los cohetes, lanzados en gran cantidad; la música y las campanas forman un heterogéneo ruido, que si fuera posible unirlo al artístico y magnífico cuadro que resulta a la entrada de la Virgen en la parroquia, sería lo más grande de las fiestas.

Así celebra Barlovento la fiesta de su Patrona y con ellas pierde este pueblo su clama; se interrumpe el silencio con los ventorrillos de los pueblos próximos que por espacio de dos días invaden este lugar.

Hoy los veo salir en numerosas caravanas, semejando un tanto a los gitanos, con las percalinas de de los ventorrillos, pensando, sin duda, en el Martirologio; ya que de éste depende su rumbo, para otras fiestas, donde volverán a armar los ventorrillos, desliar las percalinas y despachar muchas bebidas al son de la vieja guitarra. Y entretanto, Barlovento esperará tranquilo, todo un año, la visita de tanto perturbador".

En tiempos de la República no nos constan referencias documentales en la prensa, probablemente los actos serían estrictamente religiosos y en el interior de la parroquia. Después de la Guerra Civil comienzan a figurar en Diario de avisos los programas de actos firmados por La Comisión organizadora. En 1942 estaba previsto celebrar la representación el domingo 24 a las 6 de la tarde,  y se divulga con el siguiente texto:

"¡Espectáculo emocionante! El tradicional Barco, conmemorativo de la Batalla de Lepanto, entre moros y cristianos y rendición de los primeros, con la oración ante el Trono de la Santísima Virgen". Ayer y hoy la representación termina con "la rendición" de los musulmanes ante la Virgen y Patrona de Barlovento.

En años posteriores se publicita las "Grandes fiestas en horno de Ntra. Señora del Rosario", con la nota de: "Barco tradicional en conmemoración de la batalla de Lepanto". Con anterioridad hemos hecho referencia a la denominación de los festejos por Naval y el más popular y recordado "Del barco".

Otros moros y cristianos en Canarias

Son escasas en Canarias las representaciones festivas de moros y cristia­nos. Su mayor establecimiento, en cambio, se encuentra repartido por toda la geografía peninsular y no sólo en tierras mediterráneas, como pudiera parecer; también se conoce esta fiesta en la América hispana e incluso en Filipinas. El tema central consiste en repeler los ataques musulmanes y en la reconquista de los territorios, antes cristianos. Las representaciones tienden a glorificar a las tropas cristianas, aunque la mayoría de los protagonistas prefiere pertenecer al bando moro y los especta­dores sienten verdadera simpatía por ellos. Aún con este plantea­miento inicialmente beligerante, lo cierto es que, al final de la fiesta, moros y cristianos desfilan juntos y se abrazan fraternalmente.

En el caso de Barlovento, el hecho histórico estricto no coincide con la representación teatral. La batalla de Lepanto fue un combate naval y en Barlovento, además de la batalla naval sobre tierra, termina con el asalto al castillo moro y, más aún, Alí Bajá muere en la contienda; sin embargo, en Barlovento es tomado prisionero. El pueblo adaptó, con sobresaliente imaginación, su geografía y espacio escénicos para una mayor espectacularidad de la fiesta.

En Canarias, la advocación a la Virgen del Rosario está muy extendida. Todas las parroquias palmeras cuentan con una capilla de esta advocación y su respectiva cofradía, junto a la del Santísimo, la de mayor actividad y recursos económicos. La fiesta de La Naval (7 de octubre) se distribuyó por todo el Archipiélago y, al contrario que en la Península, donde no abundan los ejemplos, las dos únicas fiestas de estas características que se mantienen están basadas en la conmemora­ción de la batalla de Lepanto: Valle de Guerra en La Laguna (Tenerife) y Barlovento (La Palma). No obstante, existe constancia documental de la celebración de la batalla de Lepanto a comienzos del siglo xix en Lanzarote. El tinerfeño Álvarez Rixo recoge en Historia del Puerto de Arrecife estos festejos dedicados a la Virgen del Rosario:

"Asimismo es bella otra imagen de la Virgen del Rosario bajo cuya advoca­ción se dedicó la expresada nave nueva, o del norte, en ocho de octubre de 1814 con extraordinarias fiestas en que desde la noche antes hubo músicas, loas, carros, y barcos tirados sobre ruedas por las calles. Esta imagen ha dado aquí ocasión a recordarse anualmente la celebridad nacional de la batalla naval de Lepanto; y como el Puerto de Arrecife es tan apacible y a manera de lago […] se figuran sobre sus aguas combates de galeras turcas y cristianas, contribuyendo a conservar en la memoria una de las mayores glorias de la España".

En Santa Cruz de La Palma, municipio capital de la isla de La Palma, fueron célebres las fiestas de Naval en honor de la Virgen del Rosario, organizadas por la esclavitud y hermandad del Santísimo Rosario. Según Alberto José Fernández García, en Santa Cruz de La Palma «hay constancia de la denominación «Fiesta de Naval» desde el año 1635»; también señala que se hacían comedias y representaciones teatrales alegóricas. ¿Habría referen­cia a la batalla y a la interven­ción de moros y cristianos en estas representaciones? Probamente. Encontramos referencias documentales de la intervención de «moros y cristia­nos» en la Bajada de la Virgen de las Nieves, en Santa Cruz de La Palma. En los festejos lustrales de 1845, se representó un Diálogo entre el castillo y la nave, «a conse­cuencia de haberse aparecido en el punto que están situados, un Falucho que intentó hacer un desembarco en la misma rada». En los versos hay referencias a la procedencia e intenciones de una barcaza que lucía «Pabellón musulmán enarbola­do / Y al parecer armado su costado». El personaje del castillo termina con estas palabras: «El turco solicita en parlamento / Que este fuerte se rinda en el momento». Asimismo, el recordado etnógrafo palmero José Pérez Vidal (1907-1990) estudia la representación del castillo y la nave en el marco de las fiestas lustrales de la Bajada como una interpretación de «moros y cristianos».

Actualmente, en Valle de Guerra (La Laguna, Tenerife), en la primera quincena de octubre, con el nombre popular de Librea y en honor a la Virgen del Rosario, actores aficionados representan la célebre batalla. Barcos, luces, estruendos de pólvora, turcos, cristianos y la aparición de la Virgen envuelta en una luz cegadora configuran esta fiesta organizada por la asociación Amigos de la Librea. La referencia más antigua que se conoce de esta escenificación popular se remonta a 1803.

Para concluir

No se sabe con certeza desde qué año se viene representado la batalla de Lepanto en Barlovento. La primera referencia que conocemos se encuentra en el libro segundo de la cofradía de Nuestra Señora del Rosario, conservado en el archivo parroquial. En las cuentas de los años 1802 a 1810 presentadas a Antonio del Castillo y Gómez en su visita de 7 de septiembre de 1830, consta el pago de «ciento ochenta rs. gastos en polvora para la funcion de Nabal» y en las correspondientes al periodo 1811-1829, «cuatrocientos seis rs. veinte y seis mrs. gastados en polvora para las funcions. de Naval», así como «tres rs. treinta y seis mrs. gastados en componer las camaretas», probablemente también para la fiesta de la Virgen de octubre. Asimismo, en el Archivo Municipal de Los Llanos de Aridane, Fondo Lorenzo Mendoza, se recogen los gastos de los festejos desembolsados por la cofradía de Nuestra Señora del Rosario entre los años 1826 y 1830 en concepto de retribución al párroco por las «funciones de esta cofradía e incluso el sermón del día de Naval».

Esto demuestra que además de las habituales celebraciones religiosas (misas, novenarios y procesiones) existieron otros regocijos populares «de Naval» entre los que bien pudiera encontrarse la representación de la batalla de Lepanto. No obstante, hay que tener en cuenta que la fundación de la ermita de Nuestra Señora del Rosario data de mediados del siglo xvi y que los festejos patronales debieron ser muy anteriores al siglo xix.

Para concluir, conviene hacer hincapié en tres elementos que singularizan espacialmente esta representación si la comparamos con otras manifestaciones de teatro popular en La Palma que cuenten con una tradición histórica mantenida en el tiempo:

1. La batalla barloventera es la que reúne mayor número de protagonistas y se encuentra fuertemente arraigada en la población.

2. Cuenta con un espacio escénico de grandes dimensiones, aprovechando la geografía del lugar.

3. Se dispone a través de diferentes actos o pasos que la convierten en una de las más extensas representaciones de teatro popular canario.

Dado el valor patrimonial de esta peculiar, curiosa y rara manifestación festiva en Canarias el Gobierno de Canarias la ha declaro Bien de Interés Cultural.

Bibliografía citada

Abdo Pérez, Antonio, Rey Brito, Pilar y Pérez Morera, Jesús. Descripción Verdadera de los solemnes Cultos y célebres funciones que la mui noble y leal Ciudad de Sta Cruz en la ysla del Señor San Miguel de la Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su vaxada a dicha Ciudad en el quinquennio de este año de 1765. Edición de Antonio Abdo y Pilar Rey. Santa Cruz de La Palma: Escuela Municipal de Teatro, Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989.

Álvarez Rixo, José Agustín. Historia del puerto del Arrecife en la isla de Lanzarote, una de las Canarias. Santa Cruz de Tenerife: Aula de Cultura del Cabildo de Tenerife, 1982.

Croisset, Juan. Año Cristiano. Madrid: Gaspar y Roig Editores, 1853.

Fernández García, Alberto José. «La Esclavitud y Hermandad del Santísimo Rosario: Fiesta de Naval». Diario de Avisos (22 de octubre de 1963).

Ferrandis, Manuel. La España Imperial: don Juan de Austria, paladín de la Cristiandad. Madrid: Biblioteca Nueva, 1942.

Festejos públicos que tuvieron lugar en la ciudad de La Palma con motivo de la bajada de Nuestra Señora de las Nieves verificada el 1.º de febrero de 1845. Edición de Pilar Rey y Antonio Abdo. Prólogo de Pilar Rey y Antonio Abdo. Textos de Manuel Lobo Cabrera, Maximiano Trapero, Rafael Fernández Hernández, Jesús Pérez Morera y Jesús Manuel Lorenzo Arrocha. Islas Canarias: Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, Patronato Municipal de la Bajada de la Virgen, Escuela Municipal de Teatro; Julio Castro Editor, 2005.

González Cairós, Aleth. La Librea (Valle de Guerra): un estudio antropológico sobre el teatro popular canario. La Laguna: Ayunta­miento de La Laguna, 1997.

Hernández Pérez, María Victoria. La batalla de Lepanto: moros y cristianos en Barlovento. Barlovento: Patronato Municipal de Cultura, Ayuntamiento de Barlovento, 1997.

Hernández Pérez, María Victoria. La isla de La Palma: las fiestas y las tradiciones. Tenerife; Gran Canaria: Centro de la Cultura Popular Canaria, 2001.

Pérez García, Jaime. Descripción de todo lo que pasó en la Bajada de Nieves en La Palma. Año de 1815. Edición de Antonio Abdo y Pilar Rey. La Laguna: Julio Castro, Editor, 1997.

Pérez Vidal, José. «Tradiciones marineras: el Castillo y la Nave». Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, t. vii, cuad. 4 (1951), pp. 697-703.

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