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Mujer negra con niño blanco muerto

Mujer negra y niño blanco muerto. Archivo General de La Palma.

Hay fotografías que hablan solas. Imágenes que expresan más allá de lo que atrapó en un instante el artista observador. Retratos que, con el transcurrir de las décadas, nos abren el almacén de los pensamientos y la meditación. ¿Qué se esconde bajo la ternura de una bella y joven mujer negra con un niño muerto, de raza blanca, entre sus brazos amorosos?

Las preguntas brotan a borbotones… y la respuesta. En principio, una precipitada y fría ficha técnica:

1. Fotógrafo: Rosendo Cutillas Hernández (Santa Cruz de La Palma, 1852-1930).

2. Fecha: Finales del siglo XIX-principios del XX.

3. Lugar: La Palma, municipio desconocido.

4. Personajes: mujer negra y niño blanco muerto.

5. Progenitores del menor: padre blanco desconocido y madre mujer que lo sostiene.

6. Origen de la madre: África o Cuba.

7. Oficio: sirvienta.

Los cuatro primeros apartados son estrictamente exactos; los siguientes (5, 6 y 7) son licencias libres que me he permitido para desarrollar este artículo.

Una bellísima joven de raza negra. Rostro sereno, con emoción contendida y mirada tierna sobre un niño -o niña- muerto, de corta edad. ¿Qué nos dice el dramatismo de su mirada? ¿Qué se esconde tras el tierno y último abrazo de una mujer (negra) a un niño (blanco)? Posiblemente, noches de amor entre un blanco y una negra. ¿Amores consentidos por ambos o no? ¿Con aprobación social o sin ella? El porqué de la instantánea: el último recuerdo de un hijo sin el apellido del varón blanco anónimo y desconocido.

Por el contrario, pudiera tratarse de la niñera de la casa que despide desconsoladamente al niño deseado y esperado por los señores. También pudiera ser la mujer -joven, sana y negra- que amamantó al niño blanco ante la falta de salud o fallecimiento de su madre. La joven y saludable negra, al mismo tiempo que amantaba al suyo, amamantaba, con la misma ternura, al niño de color blanco. Esos dos niños serían, en el habla popular, «hermanos de leche», costumbre generalizada hasta no hace muchos años. Esos dos niños se reconocerían para siempre como hermanos, les uniría para siempre los pechos rebosantes de rico néctar materno. La leche de la mujer, de todas las razas, es blanca, no recoge el color de la piel. ¡Qué ironía!

Cuántas cosas hace pensar una simple y anónima foto. Cuántas sensaciones trasmite. Cuánto de encuentro entre dos razas y culturas. Cuánto de paz y sosiego. Mientras, siguen arribando a esta orilla pateras sobrecargadas de africanas embarazadas en busca de la tierra de promisión, la tierra de los blancos.

La fotografía pertenece al Fondo Leal Monterrey que custodia el Archivo General de La Palma, dependiente del Cabildo Insular de La Palma, institución que ha comenzado a catalogar miles de placas fotográficas. Cientos de historias como éstas esperan nuevos fondos económios para continuar con el arduo trabajo de limpieza y catalogación del material almacenado y poner en manos del público imágenes y rostros inéditos del pasado de La Palma. Pero en «palacio», no hay prisa, y no parece asunto prioritario. Y dicen: «No hay dinero». Pero, claro, ¿es que acaso la cultura no genera también puestos de trabajo?

De padre murciano y madre palmera, el fotógrafo Rosendo Cutillas Hernández nació y murió en La Palma. Algunos datos más sobre su biografía puede ampliarlos el lector en el trabajo Rosendo Cutillas Hernández (1852-1930): un hombre para la historia de la fotografía en La Palma que publicaron en Cartas diferentes (2006) María Remedios González Brito, Manuel Poggio Capote y Susana Lucia Leal Morera.

Una foto que bien valdría un relato de pluma diestra de nuestros literatos y poetas. Ahí está, habla por sí sola. Se abre una posibilidad en El Apurón. Les animo a dejar correr libremente el teclado -o la pluma-.

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