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Las aguas medicinales del Charco Verde

El pozo de Charco Verde en Los Llanos de Aridane.

Es el momento oportuno para que las administraciones pública de La Palma tome conciencia, como así lo vienen haciendo con la Fuente Santa recientemente redescubierta, de las posibilidades de explotación de las también medicinales aguas del Charco Verde en Los Llanos de Aridane.

Actualmente, en un rincón de la acogedora cala del poniente palmero, continua en pie uno de los dos pozos, el otro se está reconstruyendo por el Cabildo, en el cual los palmeros continúan recogiendo, de tarde en tarde, un garrafón de esas aguas que curan "males". La tradición de sus facultades curativas ha ido pasando de generación en generación, pero se hace necesario un análisis, estudio y explotación que vendría a aumentar los atractivos y oferta peculiar de La Palma a propios y viajeros.

La referencia del aprovechamiento medicinal de las aguas del Charco Verde se remontan al siglo XVI, viajeros e historiadores hablaba de su aprovechamiento y cualidades curativas.

En el siglo XIX se da un paso importante y se realizan detallados análisis de sus contenidos que son publicados en la isla y en el extranjero. Se proyecta la construcción de una casa de baños, se regulariza su uso cotidiano teniendo como responsa­ble a un "alcalde" designado para vigilar el aprovecha­miento y uso.

El  interés por la explotación e higiene del aprovechamiento público de las aguas del Charco Verde ocupo sesiones de la antigua Diputación Provincial de Canarias. El 10 de mayo de 1837 la Diputación acordó: "que los gastos que ocasione el análisis de las aguas del charco Verde en la Palma se satisfagan de los fondos de Propios de toda la Isla". Acuerdo que evidencia la preocupación oficial para el correcto aprovechamiento.

Varios autores científicos y viajeros recogen el interés de estas aguas. Francisco Escolar y Serrano (1775-1826) cuenta que después que el volcán de San Antonio [hoy llamado de Fuencaliente]  sepultara en 1677 la Fuente Santa, las aguas medicinales el Charco Verde fueron el remedio para enfermos que padecían "dolores reumáticos y de estómago". Se bañaban en ellas y bebían "8, 10 y 12 cuartillos de aguas todos los días con lo cual logran, según dicen, sudar y purgar mucho y quedar libres de sus dolen­cias". Continua describiendo las caracte­rísticas del agua: "tiene un gusto amargo y algo astringente, y se distingue de las demás en que no se deposita ocre de hierro por donde pasa. Cuando la marea sube el manantial que es manso salta en chorro, tiéndese una grilla por la superficie del agua, y el hedor súlfureo que despide entonces es tan pestífero que causa vahídos de cabeza y sudor copioso al que se halla metido dentro de la pócima donde nace el agua, de modo que necesita el auxilio de otro para salir de ella".

El ministro Pascual Madoz (1806-1879), habla en su obra de estas aguas  diciendo: "El Charco Verde situado a 235 varas del mar en la playa de los Pájaros (costa de la Banda) no es más que una poceta de corto diámetro y muy poco fondo, cuyas agua son sulfato de magnesia, a que debe su propiedad purgante, y ácido hidrosulfúrico o hidrógeno sulfurado, a que se atribuye su cualidad antiherpética. Muchos son los enfermos que se han curado bebiendo esta agua por algunos días, o recibiéndola en baños de vapor. Cerca de dicho charco hay otro mayor a 30 varas del mar, que también sigue el flujo y reflujo de aquel; pero su agua es diferente y su fondo desconocido, por cuya razón siempre conserva aquella. Este charco no tiene otro uso que el del curtido de linos, y altramuces; se conserva la tradición de que hubo otro charco incomparablemente mayor cerca de este último, que obstruyó el volcán de 1585 y salió de la montaña de Tihuya".

El cronista palmero Juan Bautista Lorenzo (1841-1908) dice que al Charco Verde acudían enfermos de toda la isla "y de las demás del Archipiéla­go, que van allí a tomar los baños, vapores y beber agua, según la clase de padecimiento, y forman verdaderas colonias". En el mismo sentido el periódico palmero El Ariete publica el 4 de agosto de 1870 un artículo que titula Aguas Medicinales del Charco Verde en la que decía que como todos los años, por esta estación, se veían alzar en la inmediaciones del árido lugar del Charco Verde, multitud de construcciones para el hospedaje de "los pacientes que de diversos lugares de la isla, y aún del resto de la provincia", en busca de curación con aquellas medicinales agua.

Los análisis de su composición química realizados en el siglo XIX, según los datos contrasta­dos, fueron importantes. En 1863 se publica por la imprenta El Time la monografía Clasifica­ción de las principa­les aguas potables de la isla de La Palma, realizado por el científico José Luis Casaseca en un rudimenta­rio laboratorio que le prepararon la familia Sotomayor en sus haciendas de Argual (Los Llanos de Aridane). En las conclusiones de Casaseca las compara a las catalanas de Vichy y en su opinión son de calidad y propiedades superiores.

Los beneficios de estas agua, ahora ya documentadas y analizadas, lleva a que Pedro de Sotomayor el solicitara licencia al ayuntamiento para construir una casa de baños, el 12 de julio de 1873. Esta casa a se llegó a edificar y aún se la recuerda en el fondo de la playa, donde permaneció en ruina hasta que fue  derruida hace unos años.

Sus características curativas alcanzaron interés científico internacional cuando en 1892 se publicó en Liverpool una hoja divulgativa de sus cualidades médicas. En 1897 Juan de la Puerta Canseco reprodujo el análisis de Liverpool, realizado en los laboratorios de A. Norman Tate y Compañía. El periódico tinerfeño La Prensa en 1926 habla de estos análisis y dice: "En 1892 se imprimió en Liverpool una hoja que dice: "Los enfermos se alegrarán de oír que la Facultad de Medicina ha declarado que las aguas de la fuente del Charco Verde, en la isla de La Palma, se parecen mucho a las famosas aguas de Carlsbad en Bohemia son por tanto de gran valor para los enfermos". Continuaba diciendo que el Doctor Eduardo Adan había dicho que, según el análisis, el agua medicinal del Charco Verde era laxante para estreñi­mientos crónicos, y beneficiosa para todas las afecciones del hígado y riñones, reumatismo y diabetes.

El empeño de comercialización de las aguas continuó, aunque nunca fructificaron de manera "industrial", como hubiera sido el deseo de muchos palmeros. En 1910 la prensa de las islas daba cuenta que el ingeniero Sr. Bouillot por encargo de la familia Sotomayor "hizo un análisis minucioso de las aguas del Charco verde, cuyas propiedades pudieran dar lugar al establecimiento de un balneario y á su venta en gran escala cuando sean conocidas sus excelencias en el mundo médico". Los proyectos una vez truncados.

Aún hoy es usual el tener un garrafón de estas aguas en los domicilios de la isla. Se llegó a comercializar en Los Llanos de Aridane en el siglo XIX en la farmacia del licenciado Conrado Hernández de las Casas, establecimiento abierto al público en 1888. También nos consta la remisión de garrafones de estas aguas a la isla de Cuba.  El viejo continente, Europa, conoció sus cualidades en la Exposición Universal de París de 1867, de la mano de la Asociación Amigos del País de La Palma que preparó para el evento "universal" una partida de botellas de "Aguas minerales del Charco Verde".

La medicina naturalista tiene hoy un atractivo especial que mueve masas de gentes buscando remedio o consuelo a los padecimientos. Las aguas medicinales del Charco Verde siguen esperando que alguien se acuerde de ellas y se ponga como durante siglos al servicio de la salud pública

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