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Puerto de Naos, Costa Gris (I)

Puerto Naos. María Victoria Hernández.

El lugar de Puerto de Naos: sus orígenes marineros

En estas fechas, Puerto de Naos, zona turística de la costa de Los Llanos de Aridane, rebosa del bullicio de los bañistas y del sonido cantarín del retorno de las aguas del océano Atlántico, como se conoce en la isla la bajada de las olas. Huele a sal, a musgo y a maresía, huele… a nuestro mar. El núcleo fundacional de Puerto de Naos, formado por un pequeño grupo de casas y chozas cubiertas de paja o sarmientos de los primeros pescadores, acabaría convirtiéndose con el tiempo en la segunda residencia de los aridanenses y, en los últimos años, en importante núcleo turístico de La Palma.

Desde antiguo, las referencias a Puerto de Naos las encontramos en relación al camino que conducía al Charco Verde, con sus famosas aguas medicinales. Los viajeros hacen continuas menciones a la necesidad de mejorar el camino de herradura hasta llegar a las anheladas aguas de la salud del litoral, en dirección norte-sur.

El lugar perteneció a la demarcación municipal del barrio de Las Manchas, como así lo atestiguan los senderos que bajan desde las medianías a la costa y la numerosa documentación municipal. Los mancheros utilizaban los recursos económicos más próximos y durante una parte del año se asentaban en la costa de Puerto de Naos, Charco Verde y El Remo. Pasaban así de agricultores de viñas y frutales a ser pescadores y mariscadores. En la temporada estival bajaban familias enteras en busca de la ansiada «fresca». Las labores eran realizadas por todos los miembros: desde la recogida de sal de las pocetas, con la que sazonar y conservar la abundante pesca de esos años, hasta la tirada del chinchorro, que arribaba a la playa repleto de peces. En esta ocasional trashumancia, venía hasta la costa alguna bestia, armada de angarillas, cargaba frutas de la temporada (como tunos, sandías, higos y almendras), galones de tintillo y garrafones de agua dulce. Con las cáscaras de los tunos y sandias se alimentaban los cochinos y las gallinas, que también veraneaban. De regreso, las angarillas subían repletas de jaleas saladas para el crudo invierno; las primeras degustaciones de pescado, hoy tan tradicionales, tenían lugar en las gallofas de la vendimia (en septiembre) y por San Martín (a principios de noviembre).

Durante todo el año, la playa era vigilada por algún que otro pescador, asentado en una casucha improvisada. Al parecer, la primera familia establecida de manera permanente en Puerto de Naos fue la del carpintero de ribera y pescador Francisco Lorenzo Pérez, alias Pacho Boqueta, y su esposa Rosario Pérez Ventura (posiblemente, hermana de los pirotécnicos Guillermo y Nicolás) y sus hijos Leopoldo, Laureano, Ernesto, Carmen, Nieves, Agustín y otros, que procedían de Santa Cruz de La Palma El matrimonio ya había fallecido en 1943.

En 1933 se publica en Diario de Avisos una nota informativa de la Sub-Delegación Marítima en la que se da cuenta de la relación de patrones de pesca, en la que figura aprobado Francisco Lorenzo Pérez. La memoria familiar aún recuerda que el primer chinchorro y el primer barco de pesca de la playa pertenecieron a Pancho, quien vivía con toda su parentela en una pequeña casita de bloques (llevados en barco hasta el lugar), situada en el extremo norte de la playa.

En la segunda década del siglo XX, la ciudad de Santa Cruz de La Palma conservaba la vieja tradición de la afamada carpintería de ribera. Francisco Lorenzo compaginaba las labores en los astilleros con la pesca. La estancia forzosa, entre 1914 y 1919, en la rada de la capital insular del famoso velero alemán Pamir propició que nuestro protagonista se hiciese cargo de su mantenimiento; su trabajo fue reconocido por Diario de Avisos, que en edición de 22 de septiembre de 1967, reconocía «los buenos oficios de don Pancho Boqueta».

El topónimo Costa Gris: un lugar nuevo, una identidad, un nuevo nombre

Los tiempos fueron cambiando y comenzó a hacerse costumbre generalizada el disfrute de los baños de mar y de los paseos por la arena del litoral. Puerto de Naos pasó de ser un lugar que aportaba los recursos naturales que ofrecía el mar a convertirse en un lugar de veraneo. Las clases más pudientes del Valle de Aridane fueron construyendo las primeras villas y casonas, y se fue dotando al núcleo principal de distintos servicios, especialmente de una vía adecuada a los primeros vehículos a motor.

Las primeras referencias al veraneo o proto-turismo aridanense en la playa de Puerto de Naos coinciden con varios proyectos de desarrollo urbanístico de la zona, impulsados por la Corporación Municipal de la II República. La añorada vía de comunicación para vehículos a motor tiene sus antecedentes en 1919, cuando el pleno de la Corporación Municipal acuerda, el 15 de diciembre, dirigirse a los diputados palmeros Pedro Poggio Álvarez (1863-1929) y José Miguel de Sotomayor (1874-1948) solicitando gestionasen en Madrid  la construcción «de una carretera que partiendo de esta ciudad llegue a Puerto de Naos».

Años después, la misma institución, en sesión de 4 de julio de 1931, estudia la apertura de la carretera de Puerto de Naos partiendo de la plaza de La Libertad (hoy, plaza de España). El 26 de septiembre de 1931, el alcalde, Mauricio Duque Camacho, da cuenta al plenario del trazado, realizado por el ayudante de obras públicas y palmero Áureo Cutillas Bravo.

El interés municipal por el desarrollo de Puerto de Naos continuaba con el encargo de un proyecto de ordenación de la zona costera al recordado maestro de obras natural de Los Llanos Alejandro Hernández Pérez (1884-1943). El 10 de septiembre de 1932 se presentó al plenario de la Corporación Municipal. En la primera línea de playa se establecía la ciudad jardín. Se trataba de una urbanización que ocupaba desde la orilla hasta el risco que circunda la playa. Determinaba una gran plaza central, donde desembocaban las calles, trazadas oblicuamente en dirección este a oeste, favoreciendo la acción de la brisa marina y una visión más directa del mar.

La interesante urbanización de Puerto de Naos preveía una gran obra marítima, con un  espigón que partía desde la punta sur con dirección al norte, abrigando la playa, y otros dos espigones, mar adentro, que salían de la punta norte. Estos últimos protegían las arenas de playa de las corrientes dominantes norte-sur y los primeros retenían los aportes áridos en invierno, propiciando su entrada por la bocana de ambas obras marítimas.

La urbanización de Puerto de Naos fomentó la venta de solares. Por ejemplo, Domingo González, de El Paso, ofrecía: «Solares a precios muy baratos en la naciente población de Puerto de Naos, jurisdicción de Los Llanos», según publicitaba en anuncio publicado en Diario de Avisos el 22 de noviembre de 1932. La naciente población costera ya contaba en ese año con ordenación urbana. Años después, en 1935, Gabriel Jerónimo González, de Las Manchas, anunciaba: «la [casa] del solar número 13 Manzana D. en el Puerto de Naos, se vende. Tiene comodidades para una familia y muy propia para veranear». La precisión del emplazamiento debe responder al planeamiento municipal de Alejandro Hernández.

Ya decíamos que el plan del barrio costero establecía la construcción de una gran plaza. El  1 de agosto de 1932 se da cuenta del proyecto su construcción en un solar cedido por varios vecinos, si bien no tenemos noticias de que la obra se llevase a efecto.

Las primeras referencias que conocemos de edificación de viviendas unifamiliares en Puerto de Naos, corresponden a principios de la década de 1930, ubicándose en la zona norte de la playa. Uno de los primero proyectos, presentado por Ángel Capote el 26 de septiembre de 1931, contaba con diseño de Felipe Munilla. El expediente se incoa, pero no existe resolución alguna, quizás porque en esas fechas el planeamiento aún no estaba concluido. El alzado, por los diferentes frentes, semeja una fortaleza-castillo. Años después, se debió construir tal y como lo conocemos ahora, aunque no responde con exactitud al primogénito, pero sigue siendo un castillo almenado.

Con proyecto del perito-aparejador aridanense Agustín Benítez Lorenzo (1909-1979) de noviembre de 1933, el farmacéutico municipal José Guzmán Pérez y Pérez presentó la solicitud de construcción de un «edificio albergue» en Puerto de Naos, un inmueble que hoy corona el murallón norte de la playa. En los planos que se conservan en el Archivo Municipal aridanense se observa el emplazamiento dentro de la urbanización parcelada con calles y solares. En 1935 ya estaba construido. Un artículo titulado «Costa Gris», publicado en la sección Por los pueblos de Diario de Avisos (2 de septiembre de 1935) comunica: «para su quinta "Villa Azaña" ha marchado a pasar la estación veraniega el inspector farmacéutico municipal, Don José Guzmán Pérez y Pérez». Las líneas estructurales de este peculiar edificio se asemejan a las mismas que Benítez utilizó en 1934 para el diseño del chorro y abrevadero de la calle Cristo, del casco urbano de Los Llanos de Aridane. En la memoria descriptiva del conocido abrevadero, el perito hace constar que había «elegido el moderno alemán». En esos años, el moderno alemán era la corriente  arquitectónica conocida por Bauhaus, tan de moda por esos años. Tras finalizar sus estudios en Madrid, Agustín Benítez Lorenzo (Los Llanos de Aridane, 1909-Santa Cruz de La Palma, 1979), hijo de Agustín Benítez Rodríguez, secretario municipal de Los Llanos, se había erigido como el primer aparejador titulado de La Palma.

Otras solicitudes de construcción fueron presentadas por Pablo Pérez Díaz, con proyecto de Gregorio Ramos, el 29 de julio de 1931, y de Julio Pérez Fernández, el 8 de agosto de 1931. Con la urbanización ya aprobada, en 1934 también insta la construcción de inmuebles Fermina Armas Rodríguez; de nuevo, Pablo Pérez Díaz, vecino de Las Manchas, formaliza instancia para «dos viviendas una de ella con tienda» (posiblemente uno de los primeros establecimientos comerciales de la zona) el 22 de marzo de 1934; por último, Julián Paiz Capote, con proyecto de Antonio Santos, presenta el suyo el 17 de junio de 1934.

El 1 de diciembre de 1935 se termina oficialmente la apertura de la carretera que conducía a Puerto de Naos, aunque nos consta que con anterioridad prestaba servicio público la guagua de Tomás Hernández Martín, alias El Sordo, quien se establecía con toda su familia en Puerto de Naos durante el estío. En el Anuario General de Canarias del 1927 figura en el epígrafe económico de «Transportes públicos».

El novedoso planeamiento de Puerto de Naos coincide con la aparición, reiterada en la prensa, de la denominación Costa Gris. Este nuevo topónimo no fue casual y su nacimiento responde, sin duda, a una maniobra perfectamente meditada que tenía por objeto concertar con el desarrollo urbano del naciente núcleo un programa paralelo de marketing que le diese un aire de modernidad, más acorde a los tiempos y, con él, una nueva identidad. El nombre Costa Gris se justifica por el color de la fina arena volcánica, que conjuga los tonos gris y negro. Sin lugar a dudas, estamos convencidos de que tal denominación ha de relacionarse inevitablemente con la labor divulgativa y profesional que por aquel entonces dirigían varios recordados próceres aridanenses: por un lado, el odontólogo Antonio Gómez Felipe y su esposa la maestra Magdalena Carballo Fernández; por otro, el escritor y cronista oficial de Los Llanos de Aridane Pedro Hernández y Hernández; y, por último, la no menos importante tarea de remisión visual, artística y paisajística, llevada a cabo por el fotógrafo Manuel Rodríguez Quintero.

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