Ingredientes y cantidades:
- 1 solomillo de res limpio de 1 kg. aprox.
- 1 lámina de hojaldre congelada
- Sal-pimienta
- 300 grs. de champiñones
- 2 chalotas picadas ó cebolla y un poco de ajo muy picados
- 20 grs. de trufa
- 100 grs. de foie-gras
- Hojas de col
- 1 huevo batido para pintar
- 50 grs. de brandy
- el jugo que suelte la carne en el reposo
- 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
- 1 cucharada de mantequilla
Modo de hacerlo:
Sellar el solomillo por todos los lados en una plancha a fuego fuerte, para que forme costra y quede jugoso por dentro. Salpimentar. Poner a enfriar en la nevera en una fuente para recoger los jugos.
Sacar las partes duras de las hojas de col y escaldarlas en agua hirviendo unos 2-3 minutos. Escurrir, secar con un paño. Reservar.
Poner en un cazo la mantequilla y aceite, añadir la chalota picadita, los champiñones muy picados, y más tarde el foie en trozos, pimienta negra molida, sal, el brandy, la trufa picada, y el jugo que suelte la carne. Hacer a fuego lento unos minutos, poner a enfriar en la nevera.
Extender el hojaldre, cubrir con las hojas de col, poner encima de éstas una parte del sofrito de champiñones de forma alargada para que cubra toda la carne, encima el solomillo, cubrimos con el sofrito que nos quede. Pintar con huevo las orillas del hojaldre para que sellen bien, enrollar, cerrar bien, decorarlo a gusto, pintarlo con huevo batido.
Precalentar el ahorno a 200º.
Poner en la bandeja un trozo de papel de horno y meter la carne unos 20-30 minutos aproximadamente o hasta que el hojaldre esté bien doradito.
Sacar, cortar con un cuchillo de sierra en raciones y acompañarlo con verduras cocidas.
El tiempo que debemos tener el solomillo en la plancha es a gusto. Tenemos que tener en cuenta que luego va a tener una segunda cocción en el horno.
Para prepararlo de víspera:
Limpiar la carne, sellarla en la plancha, salpimentar, pasar a la nevera.
Hacer el sofrito de champiñones, pasar a la nevera.
Escaldar las hojas de col, reservar.
Al día siguiente, extender el hojaldre y seguir la receta.


Una de mis recetas de invierno favoritas. Y a Wellington no le llamaba la atención ni la comida ni la bebida (como muchos militares):
Una de mis recetas de invierno favoritas. Y a Wellington no le llamaba la atención ni la comida ni la bebida (como muchos militares):
"El que algo quiere, algo le cuesta"... Don Pedro, mucho me temo que el preparado se me "desgorrife"... Eso, si no nos pasamos con la plancha y lo resecamos... o, por aquello de que si una es bueno, dos son mejor, terminamos enchumbando el hojaldre en brandy ... O sea, me veo condenado al…
"El que algo quiere, algo le cuesta"... Don Pedro, mucho me temo que el preparado se me "desgorrife"... Eso, si no nos pasamos con la plancha y lo resecamos... o, por aquello de que si una es bueno, dos son mejor, terminamos enchumbando el hojaldre en brandy ... O sea, me veo condenado al…
Pedro Luis, yo por tus comentarios creo que cocinas. Déjate llevar por la y te saldrá bien. Sigue los pesos y los tiempos, del >>sensei>> Abreu y seguro que aciertas. Y la receta lo merita (a mi me encanta, cuestión personal). Triunfo cuando la hago a mis invitados o en familia.
Pedro Luis, yo por tus comentarios creo que cocinas. Déjate llevar por la y te saldrá bien. Sigue los pesos y los tiempos, del >>sensei>> Abreu y seguro que aciertas. Y la receta lo merita (a mi me encanta, cuestión personal). Triunfo cuando la hago a mis invitados o en familia.
Estimado Francisco Cabrera, una cosa son los comentarios y otra "las cosas de comer"... Gracias por tu ciego apoyo. Abrazos.
Estimado Francisco Cabrera, una cosa son los comentarios y otra "las cosas de comer"... Gracias por tu ciego apoyo. Abrazos.
La receta de Don Pedro nos evoca la alta cocina palaciega, donde en abigarrado comedor unos expertos camareros vestidos de impolutos fracs, se afanan en trinchar y servir este plato que siempre produce el efecto "voila" al darle el primer corte y aparecer el rosado manjar con los variados efluvios de trufa…
La receta de Don Pedro nos evoca la alta cocina palaciega, donde en abigarrado comedor unos expertos camareros vestidos de impolutos fracs, se afanan en trinchar y servir este plato que siempre produce el efecto "voila" al darle el primer corte y aparecer el rosado manjar con los variados efluvios de trufa…