Hace cuatro años las ilimitadas expectativas de que, por vez primera, un ciudadano de raza negra ocupara el despacho Oval de la Casa Blanca despertaron una enfebrecida ola de optimismo en todo el planeta que ahora, reventada por completo la burbuja de falsa prosperidad que el neocapitalismo había inflado con créditos e hipotecas basura y con el apetito insaciable de los grupos de poder que, en el fondo, rigen nuestros destinos, ha convertido la reelección de ese mismo hombre en una noticia previsible, carente del aura trascendental e histórica que se le otorgó a su primer nombramiento.
Respaldado por un triunfo incontestable, Obama volvió a comparecer ante la multitud con su longilínea prestancia de líder sereno, firme, feliz. Y pronunció, de nuevo, otro discurso perfecto, magníficamente interpretado, ante un auditorio rendido a sus pies y deseoso de que todas y cada una de las palabras que saliesen de sus labios merecieran ser esculpidas en el mármol pétreo de la posteridad.
Sin embargo, la deslumbrante y sobria puesta en escena (en la que no faltaron ni el habitual confeti ni los acordes del We take care of our own, de Bruce Springsteen) no pudo hacer olvidar los claroscuros de un mandato en el que el presidente demócrata apenas puede presumir de una tibia reforma sanitaria, del rescate bancario (que, en esencia, consiste en ayudar a aquellos que más han contribuido a provocar el peor desastre financiero después de la Gran Depresión) y de la captura y ejecución de Osama Bin Laden (operación secreta que tanto recuerda a una película de Chuck Norris y sus entrañables Delta Force).
Tan paupérrimo balance (no creo que sea menester incluir aquí el Nobel de la Paz que los suecos le concedieron por motivos que ni el difunto Ingmar Bergman entendería) sobrevoló como una sombra incómoda el discurso (excelso en la forma y huero en el fondo) con que Barack Obama asumió el pasado martes la concesión de una segunda legislatura porque así lo han querido las urnas. Tal vez insatisfecho de su labor en estos últimos cuatro años, el ex senador norteamericano se mostró conciliador, tendió la mano a sus rivales republicanos (que encarnan el lado más oscuro de la Fuerza, como diría George Lucas), trató de transmitir ilusión ("Lo mejor está por venir", llegó a afirmar el presidente electo), invocó el espíritu de JFK ("No se trata de esperar lo que el país pueda hacer por ti, sino de ver lo que tú puedes hacer por tu país") y, por supuesto, insistió en reclamar la ayuda de Dios para que lo libre de todo mal, después de proclamar, sin rubor (ni pudor) alguno, que EE.UU. sigue siendo la nación "más grande del mundo". Desmedida hipérbole -pensará Más de uno- ya que tal supremacía corresponde por derecho propio a Cataluña.
PedroLuis
Eso coño, quien más tiene a más quiere. Dios bendiga a América y que se lleve a Mas de nosotros.
Y entonces…, cuando pasen unas centurias, Ohio cantará El Segador; Florida bailará sevillanas; en Texas veraneará El Caudillo; California reclamará el Guernika…, y en Hawaii, habrá triunfado la Constitución de Antonio Cubillo.
Para entonces, conocerán los americanos lo que es verdadero “amor de patria madre”… Sin petróleo, con el 25 % de paro, con la prima de riesgo rondando los 500 puntos, y "Botín & Brothers" embolándoles la burbuja inmobiliaria, para luego desahuciarles… Tiene razón Obama, "lo mejor les falta por venir".
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Pintao
Todos los paises relevantes en el mundo, arrastran sus propios problemas. Sin duda Obama nos encandiló con muchas buenas intenciones.
Me tomó varios años comprender el sistema de contrapoderes de los EE.UU. por el cual a pesar de que el presidente marca la linea de gobierno, ha de contar con la aprobación de la Camara de Representantes o Congreso donde verdaderamente se corta el bacalao. Es como si Rajoy estubiera mandando con su gobierno pero el Congreso de Diputados fuera de mayoría socialita. Me ha costado entenderlo pero a la larga llegas a la conclucion de que la cosa es así por que ellos lo han querido desde su fundacion y con ese sistema han de poder gobernarse. Obama ha conseguido hacer muchas cosas y sobre todo conseguir que la mentalidad del pais tremendamente conservadora vaya girando un monton. Ya sé que no podemos alabar la politica exterior pues nos parece reaccionaria, pero la actitud de los EE:UU. actual comparada con la de hace veinte años no tiene nada que ver.
Seguro que seguirán progresando en el respeto a los demás paises cada vez más.
Los EE.UU. acumulan mucha inteligencia y además cuentan con una gran libertad de pensamiento y de prensa. Es impensable que la prensa americana esté al servicio de los partidos de forma generalizada como pasa por estos lares salvo algunas excepciones.
Seguro que tienen unos grandes defectos en lo refetente a creerse los más ricos. los mas grandes y los mas listos del mundo. pero son pecados de juventud que seguro irán curando con el tiempo.
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