[Dedico esta estupidez, concebida entre el dolor, la rabia y el desprecio, a toda esa piara de engendros miserables que, en ocasión de una nueva calamidad pública (¿fortuita? ¿intencionada?), vuelven a enseñar su sucio hocico de alimañas de la peor especie y a sembrar de nuevo el caos entre una ciudadanía lerda, servil y temerosa y, en especial, a Fernando Simón Soria, a quien prefiero no calificar porque ya hablan por mí las decenas de miles de muertos que le han hecho millonario]
Salí de casa con la sonrisa puesta,
hoy me he levantado contento de verdad,
el sol de la mañana brilla en mi cara,
una brisa fresca me ayuda a despertar.
Yo digo:
la ciudad parece mi amiga,
hoy es mi día y nadie me lo va a arruinar.
Las chicas de la prensa ríen con picardía,
yo sé qué es lo que quieren y se los voy a dar.
Yo digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Ando con mi moto, sin preocupación,
pasa la gente y me miran mal.
Pero, no me importa, cobro lo mismo.
Hoy estoy alegre y tengo ganas de gritar.
Yo digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
¡Ha-ha-ha-ha-ha-hanta!
¡Hanta, hanta, hanta!
Yo digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
¡Ha-ha-ha-ha-ha-hanta!
¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Uoh, hanta.
Ah-ah, hanta.
¡Hanta, hanta, hanta, hanta!
¡Hanta!
Yo digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
Digo: ¡Hanta!
¡Hanta conmigo!
¡Ha-ha-ha-ha-ha-hanta!
¡Hanta! (uah-ah-ah-ah-ah)
¡Hanta! (uh, aj, jaja)
¡Hanta!
Ah, ah, ah, ah…