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Canarias, en cabeza de los divorcios

Desde hace tiempo sabemos que Canarias figura en los primeros puestos de índices sociales poco favorecedores, así el fracaso escolar y asimismo el hecho que, tras la crisis económica, tengamos muy probablemente la peor sanidad del Estado, una sanidad que de por sí ya era precaria y que ha ido siendo desmantelada año tras año por la falta de contrataciones y la fuga de profesionales al sector privado. Tenemos el dudoso honor de ser una de las regiones donde se da un importante porcentaje de madres adolescentes, y en cuanto a la adicción al juego  tampoco presentamos buenos números, con el incremento de la ludopatía juvenil. En el capítulo de separaciones y divorcios seguimos en cabeza, cada año las cifras lo confirman. Dicen los psicólogos que a los siete años de vida en común de una pareja suele producirse una crisis de dimensiones más o menos graves según las situaciones. El cansancio, la rutina, los factores económicos, el pago de la hipoteca, las posibles infidelidades, etc. son factores que contribuyen a esa crisis. De acuerdo con las estadísticas recién publicadas, el número de demandas de disolución matrimonial, esto es separaciones judiciales y divorcios, se ha incrementado en un 1,7 por ciento en el segundo trimestre de este año respecto al mismo periodo de 2017, y Canarias es la comunidad autónomo que registra mayor tasa de rupturas, frente a Castilla y León, que tiene la tasa más baja.

Estos datos han sido publicados por el Consejo General del Poder Judicial, que especifica que en toda España se han registrado 17.077 demandas de divorcio consensuado por ambas partes, que equivalen a un 0,1 menos que en el mismo trimestre del año anterior y 11.986 de divorcio no consensuado, un 4 por ciento más. Por comunidades autónomas, el mayor número de demandas de disolución por cada 10.000 habitantes se ha dado aquí, con 7,7; seguidamente viene la Comunidad Valenciana, con 7,5, Cataluña, con 7, La Rioja, con 6.9,m Andalucía y Baleares, las dos con 6,8 y Murcia, con el 6,7. Por debajo de la media nacional, que es del 6,5, se sitúan Castilla y León, con el 4,8; Aragón, con el 5,2 y País Vasco, con el 5,3.

Hay aproximaciones y estudios a este fenómeno de las rupturas matrimoniales. Así, según www.caracterurbano.com existen tres causas principales de los divorcios en nuestro país: 1) la ausencia de compromiso, o de valores; 2) la infidelidad cuando aparece una tercera persona, y 3) la superficialidad y el lado oscuro de los humanos, con el influjo de las nuevas tecnologías. Se estima que vivimos en una sociedad de consumo rápido, en la que queremos cumplir nuestros deseos, ya. Esto viene potenciado por el auge de los valores individualistas, que ha promocionado una cultura basada en el deseo de hedonismo, el disfrute máximo de la vida sin tener en cuenta otras circunstancias. Ahora hay factores nuevos, como la incorporación de la mujer al mundo laboral, su mayor independencia, su menor aguante, y además está el hecho de que se opta por la evitación de problemas a las primeras de cambio, ya que lo que antes se contemplaba como una oportunidad de transformación y crecimiento personal da paso a situaciones que la pareja considera insuperables, llegándose a la ruptura. Se tiene la impresión de que las nuevas parejas tienen menos paciencia a la hora de intentar resolver sus conflictos, y acuden con  facilidad a las nuevas soluciones jurídicas, como el llamado “divorcio exprés”, que propician el proceso de disolución. Tradicionalmente Canarias, Cataluña y Comunidad Valenciana se sitúan a la cabeza de las separaciones y divorcios, y habría que preguntarse si el hecho de ser regiones turísticas pudiera facilitar las crisis de las parejas. En el lado contrario, donde se dan menos divorcios, está la España interior, así Castilla-León y Aragón, donde quizá se mantengan más los valores tradicionales. Además existe un importante índice de despoblación en esas comunidades.

En las nuevas generaciones se ha acentuado la idea de que es preferible tener pareja de hecho antes que casarse, el matrimonio asusta a la gente joven. Los españoles se casan cada vez más tarde, tienen hijos de manera tardía y eso contribuye a la crisis demográfica, que solo podría ser aliviada si regresa con fuerza la inmigración. Como se sabe, tenemos convenios preferenciales para recibir inmigrantes de países latinoamericanos, por ser más fácilmente integrables en el conjunto nacional. Más suramericanos, menos subsaharianos.

Estamos en una sociedad bastante sexualizada, el sexo ha perdido el marchamo de ser algo prohibido y se ha convertido en el deseo de las mayorías. En internet existen multitud de páginas de contactos, el porno se ha trivializado hasta el punto de que muchos menores lo ven en las horas de recreo escolar. En este mundo tan lleno de tecnología, parece que muchos casados utilizan esas páginas que facilitan ligues más o menos rápidos. La gente quiere tener experiencias más allá de la pareja. En las series de televisión, en el cine, en la publicidad, en internet y en los medios de comunicación en cierto modo se fomenta la sexualización de la sociedad. El único tabú que nos queda es el de la muerte, aunque algunos hablan de que conseguiremos la inmortalidad en base a los progresos de la ciencia y la tecnología, lo cual parece disparatado. Pero lo cierto es que el tabú del sexo –aquello de las prohibiciones tajantes del sexto y del noveno mandamiento- se ha ido a la papelera hace tiempo. En años anteriores nuestros valores eran radicalmente diferentes a los que tenemos hoy, la moral ha cambiado mucho. La revolución sexual está en marcha, y lo que antes era clandestino ahora es trivial. ¿Quién nos iba a decir hace veinte años que existiría el matrimonio homosexual? Cierto que en una mayoría de países de tradición musulmana, todo lo homosexual sigue estando condenado. En buena parte de Asia y África lo gay sigue siendo objeto de persecución por la ley.

Abundando en la crisis de las parejas, el teléfono móvil facilita la búsqueda de aventuras fuera del matrimonio. Las redes sociales facilitan eso, las nuevas tecnologías generan fantasías. Infidelidades ha habido siempre, pero ahora parece que pueden ocultarse  gracias a un borrado del historial de navegación. Finalmente, debemos apreciar que un divorcio no es cuestión solo de dos, con frecuencia intervienen los parientes de uno y otro lado. Suegros, cuñados, hermanos, primos y demás contribuyen a conducir las cosas en un sentido o en otro. Psicólogos, educadores, sexólogos y terapeutas tienen mucho trabajo por delante.

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