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Don Casimiro Curbelo y las lecciones de ética

El considerable enfado de los socialistas canarios porque Madrid se opone a que don Casimiro Curbelo siga siendo candidato al Senado el 20-N nos muestra hasta qué punto los partidos se hacen pequeños, volatilizan la ética, destruyen los ideales y todo por conseguir su objetivo más importante: arañar parcelas de poder, encumbrarse en el poder. Y es que las corrupciones no son de derechas ni de izquierdas, son de todos. Para las corrupciones no cuentan las ideologías que, por otra parte, a la vista de los programas electorales de unos y otros, casi ni existen.

Me lo decía hace poco en una cena un amigo, un docente que ha tenido cargo político hasta hace muy poco. Desengáñate, Luis: los partidos están concebidos como maquinarias para tocar el poder y mantenerse en él, cueste lo que cueste. De este modo se confirmó lo que cualquiera intuye cada día siguiendo los medios de comunicación, con escándalos y escandalazos aquí y allá. En el caso de La Gomera tenemos a un conocido cacique que lleva muchas legislaturas sembrando clientelismo, pagando favores y cobrando favores. La cosa es tan grave que en Agulo un propietario de varias fincas anunció que las regalaría a su ayuntamiento siempre y cuando no ganara don Casimiro en las últimas locales, vano empeño. Pero en una noche aciaga este personaje se quitó el antifaz que todos llevamos por la vida, y acabó en una comisaría de policía.

Ahora los dirigentes del PSC-PSOE podrán argüir que no fue para tanto, que unas copas se las toma cualquiera y que visitar un bar de chicas alegres tampoco es un delito. Así que aunque los caciques tradicionalmente son de derechas, también hay caciques de izquierdas. Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el cacique tiene cuatro acepciones: señor de vasallos en alguna provincia o pueblo de indios, persona que en una colectividad o grupo ejerce un poder abusivo, persona que en un pueblo o comarca ejerce excesiva influencia en asuntos políticos y finalmente mujer del cacique. Ustedes mismos opinarán. Así que el empecinamiento de los socialistas canarios muestra qué fácil resulta olvidar los fundamentos morales, tan molestos ellos con que doña Elena Valenciano, directora de campaña de Rubalcaba, les ponga trabas. Una feminista, dirán. Una empecinada. Una indignada sin causa.

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