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Mar y viento
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La vela como recreo y deporte en La Palma. La vela recreativa.

No cabe la menor duda de que el mayor exponente del uso de la vela como recreo lo tenemos en la figura de Armando Yanes Carrillo y su yate `Benahoare´.

armando yanes

Armando Yanes Carrillo nació en Santa Cruz de La Palma en 1884, falleciendo en la misma ciudad en 1962. Su vocación fue desde niño la mar y los barcos, aunque su condición de único varón en una familia hacendada le impidió elegir la carrera de marino. Su tío, Eduardo Morales Camacho, capitán de la Marina Mercante al mando de los más famosos barcos de la época, fue quien le inspiró ese afán marinero. Desde joven anduvo embarcado en pequeños botes con los cuales iba a recibir al capitán en espera de algún relato de sus aventuras por los mares lejanos.

Aunque no pudo dedicarse profesionalmente a la navegación, lo que parece cierto es que, desde muy joven, en los primeros años del siglo XX, ya disponía de un pequeño bote con el que pasaba gran tiempo navegando, como hemos podido comprobar en varias fotografías que conserva su familia y que amablemente nos ha proporcionado Gabriel Henríquez. No es de extrañar que fuera partícipe e incluso organizador de las primeras regatas que se celebraron en la isla en esos años y que trataremos en un próximo artículo.

BARQUITO ARMANDO YANES I

BARQUITO ARMANDO YANES

Además de estas navegaciones de recreo se propuso ejercer la construcción naval como válvula de escape por el que fluyeran sus ansias de mar. Para ello construyó de forma autodidacta cuatro embarcaciones en un pequeño astillero situado en la playa de Bajamar. Tres de ellos eran balandras, un tipo de barco muy usado para la “pesca del salado” en la costa africana: `Breñusca´, `María del Carmen´ y `Estrella de Oro´. El último barco sería su gran obra, una goleta que convertiría en yate de recreo: la `Benahoare´. “El yate de D. Armando”, como era conocido el primer y último barco de estas características que salió del pequeño astillero de Bajamar, se botó al agua el 21 de marzo de 1948 en un acto solemne al que asistieron, en medio de una gran expectación, gentes venidas de toda la isla, según afirma Juan Carlos Díaz Lorenzo[1] . Se trataba en un buque de casco de madera, de 22 metros de eslora, 5,35 de manga, y tres de puntal, con un arqueo bruto de 62 toneladas. Propulsado por un motor auxiliar Thornycroft de 145 caballos. Podía alcanzar los siete nudos con buen tiempo. El aparejo de la embarcación estuvo a cargo de los grancanarios Florencio Pérez y de Esteban Medina.

Como relata Juan Carlos Díaz Lorenzo[2], personajes entrañables de la capital palmera en aquella época, como Guarino, el barbero; Régulo Arozena[3] y el capitán Miguel Sosvilla, entre otros, fueron asiduos acompañantes de Armando Yanes en los primeros viajes del velero a Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, donde fue muy visitado y su propietario recibió grandes elogios.

De las cualidades marineras del velero escribe el propio Armando Yanes en su libro ‘Cosas viejas de la mar’:

          En esta obra creo haber logrado obtener también las mejores y mayores condiciones marineras que igualmente pude apetecer, pues se me presentaron varias ocasiones de probarlo y conocerlo en la mar, que es donde sólo pueden probarse los barcos, dejándome completamente satisfecho. Lo nombro y me refiero especialmente a él, por haber sido el último aquí construido y porque probablemente le tocará ser también el último de los que aquí se construyan ya, por haber desaparecido hasta los carpinteros de ribera que a estos trabajos se dedicaban, y sin ellos nada podrá hacerse[4].

La Benahoare, navegando frente a Santa Cruz de La Palma.

Para poder gobernar la embarcación y satisfacer de alguna manera sus aspiraciones náuticas se convirtió en el primer capitán de yate palmero, y uno de los tres primeros de Canarias.

Hasta marzo de 1950 la goleta `Benahoare´ hizo viajes de recreo por el archipiélago y después estuvo dedicada durante un tiempo al cabotaje, hasta que fue comprada para realizar un viaje clandestino a Venezuela, terminando sus días en Puerto Cabello junto a otros veleros procedentes de la emigración. Fue triste e inmerecido final para tan gallarda y marinera nave, orgullo y nostalgia de las gentes de La Palma, escribiría Javier Díaz Sicilia en su libro ‘Al Suroeste: la libertad’[5].

Pero hubo muchos palmeros que encontraron en la navegación a vela una actividad que les permitiera disfrutar del mar y conocer la costa de forma placentera. La precariedad de la situación económica no permitía grandes dispendios por lo que una de las soluciones consistía en fabricarse su propia embarcación siguiendo, en algunos casos, las detalladas instrucciones de la revista Mecánica Popular. Esta publicación americana hizo posible la autoconstrucción de infinidad de artículos entre los que se encontraban varios tipos de embarcaciones; cualquier persona podía construirse su barco aun sin tener especiales conocimientos náuticos y, en algunos casos, sin siquiera haber navegado nunca.

Esto último le ocurrió a un señor que construyó un barco, obteniendo una obra fiel reflejo de los planos americanos, sin embargo, pasó por alto que su única relación con el mar había sido la gastronómica a base de chicharros, viejas, y alguna lapa, dando por sentado que la práctica pronto le convertiría en un buen marino.

Como quiera que, evidentemente, el buen hombre no supiera navegar, requirió los servicios de un amigo marinero para que se encargara de la botadura y gobierno de la embarcación en su viaje inaugural.

El barco, al poco de iniciar la travesía y alejarse de la costa, comenzó a moverse por la acción de las olas y el viento, causando tal revoltura en el estómago de su entusiasta armador que, compungido, se dirigió al patrón: capitán, si no le importa, a mí me deja en esta isla y me recoge al volver.

Otro barco de los que fueron construidos con la revista americana fue el `Trinidad´, velero de unos 8 metros fabricado por Rodrigo Rodríguez Castilla en Punta Gorda entre los años 1978 y 1983. El hecho de construirlo en ese lugar tan lejano del mar era justificado por su constructor quien aseguraba que así estaba más cerca de la materia prima que era la madera de tea[6], a todas luces inadecuada para la construcción de embarcaciones de este tipo.

La Dehesa fue el lugar donde viera la luz otro velero de construcción casera y cuyo fin era el uso recreativo. Se trata del `Pequeño Mundo´, un catamarán de 26 pies que se fabricó siguiendo los planos del ingeniero canadiense Norman A. Cross quien era un reputado diseñador de multicascos. Los dueños eran Francisco Pérez Gracia (Paco Algarrada) y Agapito Montero Martín, aunque en su construcción participaron varios entusiastas aficionados a la vela como Gilberto Duque Lugo o Armando Rodríguez González.

Otra posibilidad de navegar era hacerlo en los veleros extranjeros que llegaban a la isla como el `Saeta II´, un trimarán traído a La Palma por Peter Dudley Green[7], coronel de la Armada Americana, que llegó a la isla en 1964 como jefe de una estación hidrofónica que la Universidad de Columbia instaló en Puerto Naos[8]. En él comenzaron a navegar, entre otros, Gregorio y Arnoldo Bienes Díaz, Armando Rodríguez González, y Gilberto Duque Lugo, quien se haría cargo de este tras establecerse su propietario, en Madrid. Se da la circunstancia de que el `Saeta II´fue el primer representante palmero en participar en la Regata de San Ginés entre Las Palmas de Gran Canaria y Arrecife en el año 1967.

Saeta II

Gilberto Duque, quien nos ha facilitado amablemente esta fotografía del trimarán, se había aficionado a la vela gracias a Telesforo Rodríguez Fernández, con quien comenzó a navegar en una yola propiedad de su padre, Gabriel Duque Cabrera, y de Alfredo Pérez Díaz. Esta yola se trataba de un viejo velerito de unos 7 metros y fue preparada, a modo de astillero, en una cueva propiedad de la familia situada en la carretera del Galeón, justo detrás del actual restaurante Los Indianos. Le instalaron un motor fueraborda Volvo MD1 de un cilindro, y una rueda de timón. Con el nombre de `Chiripa´ y junto a la pandilla formada por Miguel Henríquez Pérez, Álvaro Carballo Hernández y Juan Francisco Capote Álvarez, Gilberto Duque disfrutó de unos inolvidables veranos en el mar.

El hecho de tener a su cargo el `Saeta II´ le brindó la oportunidad de poder realizar travesías a vela con cierta frecuencia, para las que contaba con la participación de su hermano Álvaro, de sus primos Acenk Galván Lugo y Carlos Lugo Hernández, y de Juan Manuel Guillén Díaz.

Su relación con el mundo náutico, dado que su familia es consignataria de la Casa Hamilton, lo llevó a ser delegado para Canarias de la Cruising Association, entidad británica fundada en 1908, y que representa los intereses de sus navegantes asociados por todo el mundo[9].

Destaca Gilberto Duque que algunos extranjeros influyeron de alguna manera en el desarrollo de la vela en la isla como el comandante de Jumbo Tony Landon que fue olímpico en Helsinki ‘52 en la clase 5.5, y cuyo padre, que también visitaba la isla con frecuencia, fue capitán de uno de los yates de la familia real inglesa. Fue Landon quien le aparejó de manera conveniente el `Saeta II´.

Otro extranjero que recaló por la isla y que se trajo su velero fue Harald Körke. Se trataba de un alemán que se instaló en la isla con su familia a finales de los años 70´. Era un gran aficionado a la vela y tenía un barco de fabricación belga aparejado en ketch y con un diseño del ingeniero noruego Colin Archer; tenía quilla corrida y se llamaba `Summerwind´. A bordo de este barco Körke cruzaría el Atlántico en ambos sentidos.

Recuerda Gilberto Duque una anécdota en un viaje que realizó a la isla de El Hierro a bordo de este velero junto a su propietario:

Al llegar al puerto de la Estaca tuvieron la mala fortuna de enredar la escota de la mesana con la hélice, acercándose peligrosamente a la costa aunque, afortunadamente, fueron remolcados por un barco de pesca que los socorrió. Este incidente provocó que tuvieran que hacer noche en dicho puerto.

El comandante de la Ayudantía Naval de la isla era algo quisquilloso y les pidió que le llevaran la documentación del barco y los pasaportes, dando por hecho que ambos eran extranjeros. Como quiera que el barco de bandera alemana no tenía papeles, usaron un cuaderno de bitácora y un sello con el nombre del velero que unos amigos habían regalado a Harald. Rellenaron la primera hoja con los datos del barco y algunas parrafadas en alemán estampándole el sello de manera que quedara algo borroso. El cambiazo surtió efecto por lo que no tuvieron ningún problema.

Pese a estos esporádicos intentos de navegar a vela, la náutica recreativa se centraba principalmente en embarcaciones de motor gracias a las que se mantenía el contacto con el mar, siendo utilizadas para pescar, realizar alguna competición entre amigos, o para llevar a cabo excursiones marítimas culminadas en ocasiones con desigual fortuna. Una de estas ocasiones es descrita por Sergio Pérez García a través de unos versos que llevan por título “Buen Viaje”:

¡Qué buena “Perdigonada”

la que pasó el otro día!

Sopa, pollo y ensalada,

guitarras con melodía,

envite, tapas, simones,

con papas de Garafía

y de polvos… ¡Dos camiones!

Se marcharon del Florida

casi todos fosfernados

con ganas de navegar

y al Náutico recalaron

para iniciar la partida.

Un patrón de Garafía

Miguel Ramírez llamado,

con Perdigón de suplente,

Adelmo y Chachín de vigías

con el resto de la gente,

González Sosa con Toño

José Carlos, Fernandito,

Emilio, Elías y Arozena,

Antoñito Faramalla

y hasta el coño de Sergito.

Por esos mares afuera

emulando a un gondolero

con falta de entrenamiento

el motor paró al momento

casi frente al basurero.

Le miraron los piñones,

las bujías, el contador,

lo platinos y el motor,

los ejes y los pistones

¡y todo seguía peor!

En esto pasó “La Cochina”

camino de Puntallana…

hubo gritos, maldiciones,

intentos de rebelión,

pero por fin el patrón

con una mente muy sana

mandó cuatro puntos babor

esperando algún vapor

que iniciara el salvamento.

¡Esto es cosa de un momento!

Esta noche dormiremos

en cama de dos colchones.

¡Estoy hasta los cojones

de barcos sin fundamento!

¡Es el barco de Dionisio

que nos viene a rescatar!…

librarnos del maleficio

de tres horas en el mar,

sin provecho o beneficio

y hasta sin poder cagar.

Remolcados hacia el puerto

pasamos por Feliciano,

La Explanada, el Castillo,

el Tenisca, la Avenida,

con luces de mucho brillo.

Al pasar frente al Bar Faro

saludamos con fervor

y esperamos por favor

que en la próxima ocasión

el barco esté en la piscina

y no tener que llamar

a Don Julio “La Cochina”.

                                                                            SEPEGA


[1] Juan Carlos Díaz Lorenzo es Cronista Oficial de Fuencaliente.

[2] DÍAZ LORENZO, Juan Carlos: El último viaje de la goleta “Benahoare”. Consultado en: Historical Society Blog (8 de mayo de 2005).

[3] Curiosamente, varios nietos de aquellos entusiastas nautas, Jorge González González “Guarino” y Fernando y Jorge Arozena Sánchez, han sido varios de los promotores del Club de Vela Latina Benahoare que actualmente lleva el peso de la actividad náutica en la isla.

[4] YANES CARRILLO, Armando: Cosas viejas de la mar, La Laguna, J. Régulo Editor, 1953, p. 24.

[5] DÍAZ LORENZO, Juan Carlos: El último viaje de la goleta “Benahoare”. Consultado en: Historical Society Blog (8 de mayo de 2005).

[6] Procedente del pino canario (Pinus canariensis), conífera endémica de las Islas Canarias, la madera de tea se utilizó en la construcción naval de grandes buques, aunque es muy dura y pesada para una embarcación de pequeño porte.

[7] Mr. Green se hizo muy popular en la isla, participando en competiciones de rally con un Mini Cooper de color rojo.

[8] Pese al aparente carácter científico de la estación, parece ser que se trataba de una base en la cual se realizaba un seguimiento de los submarinos rusos que navegaban por el Atlántico.

[9] En La Palma también se encuentran dos delegados de la asociación alemana Trans-Ocean, creada con el mismo objeto que la Cruising Association, Hans Peveling, para la cara occidental de la isla y Benno Massmann para la oriental.

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