cerrar
cerrar
Registrarse
Publicidad
La tendedera
Publicidad

Monjas forzosas

Casa de la familia Carballo Wangüemert

Esta historia parece lejana y propia de otros lugares. Todo lo contrario, el caso que nos ocupa tuvo lugar a finales del siglo XVIII entre Los Llanos de Aridane y Santa Cruz de La Palma. Parece aconsejable dedicar este trabajo, a modo de recordatorio histórico, a las  reivindicaciones que estos días hacemos las mujeres.

En más de un caso, los conventos femeninos de La Palma se convirtieron en destierro forzosos para muchas jóvenes.  Los mismos padres  -tutores hasta que ellas lograban contraer matrimonio y el sometimiento legal pasara al marido- propiciaron estos retiros obligados de la vida cotidiana. Ellas quedaban como doncellas, que envejecían lánguidamente y, sin propio consentimiento, detrás de los tornos conventuales.

Otras -las menos- lograron secularizarse entablando por ello sonoros litigios. Un ejemplo se halla en la religiosa María de san Antonio Carballo Wangüemert, tía materna del conocido economista aridanense Benigno Carballo Wangüemert (1826-1864) e hija del que fuera Alcalde de Los Llanos de Aridane  Antonio Carballo de Alcalá.

Su padre no consistió los amoríos que mantenía con Eusebio de Armas (hijo de Sebastián de Armas y Clara Gómez), ingresándola en el convento de Santa Catalina de Santa Cruz de La Palma. A finales del siglo XVIII, un matrimonio que se considerara desigual socialmente propiciaba la entrada forzosa a un claustro conventual de la mujer con engaños e, incluso, con maltratos físicos en plena calle. Lo cierto es que María Carballo Wangüemert, huérfana de madre desde los 14 años, trata de fugarse una noche de la casa paterna con la ayuda de la madre del novio, que la esperaba para depositarla en lugar seguro. Sorprendida en la calle en el momento de la huida, fue injuriada y abofeteada por su padre, quien la hizo pasara al día siguiente a la capital de la isla para que puesta en casa de sus tías doña Antonia y doña María Carballo, cortarle la correspondencia y evitar el casorio. Al tercer día, fue introducida en el convento de Santa Catalina con el pretexto de que allí tenía más libertad para escribir y hablar al novio.

Ya en el convento y según sus propias declaraciones en el proceso de secularización, "mis tías religiosas me hicieron entrar en el monasterio; la precipitación en ponerme el hábito, vistiéndome una de mis tías, por no esperar a hacerlos; los pleitos que éstas y demás religiosas me hacían para que no tratase con el dicho novio; las amenazas y vejaciones que éste sufrió, sin poderlo evitar con cartas, le hicieron perder sus bodas e imposibilitarlo para otras. Con continuas persuasiones, su tía, sor Liberata de San Nicolás Carballo, trabajaba para que abrazase el estado religioso; y sin voluntad, sin vocación, sin amor, vestí el hábito de novicia con bastante repugnancia interior mía y por no oponerme claramente a los deseos de mi padre y de mis tías".

María Carballo se seculariza por una grave enfermedad y se niega a entrar de nuevo al convento. Ya en las calles de la hoy ciudad de Los Llanos de Aridane tuvo una vida social dura y escandalosa. Y no era para menos después de haber sido forzada a entrar a un convento y abandonada por su único y gran amor.

Al final de sus días "llevaba una vida escandalosa viviendo de pueblo en pueblo, sin licencia alguna, y no sé si siempre en unión (que es lo más lastimoso) del que debía estar mil leguas separado. Retirada de la casa de sus padres y parientes, su comportamiento era nada conforme a su padecer y muchos menos con los votos de su profesión. Tenía establecida su residencia en el pueblo de Los Llanos, sin más compañía que la de una pequeña joven incapaz de observar su conducta ni impedir sus excesos" (Jesús Pérez Morera, 2005).

Historia triste, ultrajante para una mujer. La noble cuna le impidió, incluso con maltratos físicos, ser feliz. Por su parte Eusebio Rafael de Armas Gómez se cansó de esperar y el 4 de enero del año 1800 contrae matrimonio con Juana de Acosta Sánchez, en la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios de Los Llanos de Aridane.

Fuera de las vallas del convento de Santa Catalina de Santa Cruz de La Palma, sola y triste, vagó María Carballo por los caminos y pueblos de la isla, presa de su desgracia y su fatal destino.

Archivado en:

Publicidad
Comentarios (0)
Publicidad

Últimas noticias

Publicidad

Lo último en blogs

Publicidad
Social Media Auto Publish Powered By : XYZScripts.com