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Cultura

Los Llanos acoge la exposición 'Empieza el espectáculo. Georges Méliès y el cine de 1900'

La muestra se podrá visitar hasta el 8 de abril en la plaza Juan Pablo II

 

Un momento de la inauguración de la exposición de Georges Méliès y el cine de 1900.

La alcaldesa de Los Llanos de Aridane, Noelia García; la directora de la Fundación CajaCanarias, Natalia Aznárez; el director Territorial de CaixaBank en Canarias, Juan Ramón Fuertes; y el comisario de la exposición, Sergi Martín, inauguraron en días pasados la muestra Empieza el espectáculo. Georges Méliès y el cine de 1900, que explica el nacimiento del cine y rinde homenaje a quien ha sido considerado como el primer ilusionista del séptimo arte.

Dentro de su programación cultural, la Obra Social “la Caixa” y la Fundación CajaCanarias prestan una atención preferente a las manifestaciones artísticas fundamentales en la formación de la sensibilidad contemporánea. En esta línea se enmarcan las exposiciones dedicadas al cine, que, junto con la fotografía, es la forma artística más característica del Siglo XX. Así, en los últimos años la entidad ha dedicado muestras retrospectivas a grandes nombres del mundo del cine, como Charles Chaplin, Federico Fellini y Georges Méliès.

La Obra Social “la Caixa” y la Fundación CajaCanarias presentan un nuevo e innovador proyecto expositivo, un viaje en el tiempo para trasladar a los visitantes a los años en los que el cine se convirtió en un espectáculo popular, gracias, en buena medida, a los inventos y técnicas desarrollados por Georges Méliès.

Hijo de un empresario del calzado, Méliès (1861-1938) fue dibujante, mago, constructor de artefactos, director de teatro, actor, decorador y técnico, y también productor, realizador y distribuidor de más de 500 películas entre 1896 y 1912. Reinó en el mundo del género fantástico y del trucaje cinematográfico durante casi veinte años, y su contribución al séptimo arte fue fundamental: introdujo el sueño, la magia y la ficción en el cine, cuando este aún estaba en pañales y era únicamente documental.

Frente al cine de carácter documental de los hermanos Lumière, el acto fundacional de Méliès consistió en combinar el universo de Jean-Eugène Robert-Houdin, el padre de la magia moderna, con la cinematografía de Marey, y también en dar un decidido impulso al cine como espectáculo.

Como genio de los efectos especiales, Méliès aplicó al cine trucos de magia y la técnica de la linterna mágica: pirotecnia, efectos ópticos, desplegables horizontales y verticales, paradas de cámara, fundidos encadenados, sobreimpresiones, efectos de montaje y de color, etc. Es como si este virtuoso de la técnica lo hubiese inventado y utilizado todo.

Méliès vivió unos cuantos años dorados, de extraordinaria popularidad, que culminaron con el estreno, en 1902, de Le voyage dans la Lune (El viaje a la Luna), film que fue visto por millones de espectadores. Desgraciadamente, la expansión de la industria cinematográfica y la aparición de grandes empresas como Pathé y Gaumont llevaron a Méliès a la ruina y al olvido. En 1923, totalmente arruinado, destruyó los negativos de todas sus películas y acabó vendiendo juguetes en la parisina estación de Montparnasse. El periodista Léon Druhot lo reconoció en la estación y, a partir de aquel momento, su obra empezó a ser valorada y recuperada de nuevo.

Un viaje a los años en que el cine se convirtió en un espectáculo popular

Empieza el espectáculo. Georges Méliès y el cine de 1900 traslada a los visitantes a una feria en el cambio de siglo, con sus barracas y su ambiente de fiesta. Fue en ese entorno donde el cine tomó forma como espectáculo: diversión y emociones. Y, en buena medida, fue gracias a un hombre, Georges Méliès, que supo entender qué quería la gente y cómo hacerla soñar y distraerse. Sus películas marcaron el camino que siguieron los primeros cineastas en Europa y en Estados Unidos.

Los distintos espacios y recursos expositivos de la muestra descubren cómo era el mundo y el ocio de aquella época, así como las claves para entender la importancia de Georges Méliès. La exposición incluye varias películas de Méliès —que se complementan con una selección de films de los hermanos Lumière—, audiovisuales, copias de fotografías de la época y reproducciones de carteles, dibujos y una maqueta del estudio de Méliès en Montreuil, algunos objetos de época, como la carpeta fantástica de Houdin, y aparatos como el cinematógrafo de los hermanos Lumière.

La Obra Social “la Caixa” y la Fundación CajaCanarias han producido varias piezas audiovisuales que ayudan a entender el mundo de Méliès y su influencia. Destacan tres audiovisuales en los que los visitantes podrán escuchar la opinión de reconocidas figuras del cine actual sobre este tema, como los directores Juan Antonio Bayona y Javier Ruiz Caldera, el guionista y director Oriol Capel, el escenógrafo Ignasi Cristià, la crítica de cine Desirée de Fez, el director de fotografía Óscar Faura, la actriz Greta Fernández, el productor Enrique López Lavigne, el director publicitario Fernando Mainguyague, el especialista en maquillaje y efectos especiales David Martí y el montador Jaume Martí.

Empieza el espectáculo. Georges Méliès y el cine de 1900 se divide en tres ámbitos. El primero nos presenta el contexto de Georges Méliès, una primera aproximación al cambio de siglo y a los principales aspectos sociales, políticos y populares del mundo de 1900.

Una vez los visitantes han cruzado el telón, un segundo ámbito presenta el mundo de Méliès y los acerca a la experiencia propiamente cinematográfica. Los puestos de feria remiten al cine del cambio de siglo y a la importancia de Georges Méliès en esos primeros momentos del nuevo espectáculo.

El último ámbito está dedicado a Le voyage dans la Lune, la primera película pensada, creada y distribuida para alcanzar el éxito en 1902. A partir de aquí, se profundiza en cómo ha cambiado el cine desde la época de Méliès y cuál ha sido la influencia de este pionero en la creación del lenguaje cinematográfico primigenio y en la concepción popular del cine. También se explica su trayectoria, cómo acabó regentando una tienda de juguetes en Montparnasse y cómo fue redescubierto en 1926 y reivindicado hasta hoy como una de las figuras clave del cine.

La exposición también incluye «Participa Méliès», una actividad educativa y participativa relacionada con la exposición, abierta a todo el mundo —público general, familiar y escolar— y que ofrece a los visitantes la posibilidad de demostrar su ingenio y su creatividad inspirándose en los fantásticos trucos del inventor de los efectos especiales. Solo se necesita un dispositivo que pueda grabar (cámara, vídeo, móvil o tableta) y usar alguno de los trucajes característicos del cine de Méliès, como pueden ser la sustitución, la sobreimpresión o los juegos de escala.

La muestra está comisariada por Sergi Martín, guionista y escritor. Graduado superior en Cinematografía y Audiovisuales, está especializado en guión por la ESCAC (Universidad de Barcelona). Ha trabajado en el desarrollo de varios documentales, campañas de comunicación y programas de televisión en España y en Estados Unidos. Además de su trayectoria audiovisual, ha publicado ensayos de divulgación social e histórica, y ha sido profesor de literatura y cine en la ESCAC.

Ámbitos de la exposición

1. Introducción: Bienvenidos a 1900

Con el siglo xx llegaron muchos cambios: grandes transformaciones sociales, tecnológicas, científicas, artísticas, etc. Y, especialmente, tomó forma una nueva manera de ver el mundo. Precisamente en aquellos años nació el cine, ¡el espectáculo más popular de todos los tiempos! Uno de los primeros cineastas fue Georges Méliès. A través de su vida, de su pasión y de su extensa filmografía, podremos emprender un viaje mágico y conocer mejor aquellos tiempos que cambiaron el mundo.

1.1. El mundo de 1900

En el año 1900, las potencias europeas controlaban buena parte de África y de Asia. El Reino Unido y Francia actuaban especialmente como grandes metrópolis. La esclavitud y la explotación indiscriminada de los recursos naturales eran prácticas habituales en las colonias. Mientras, en las ciudades europeas la consolidación industrial iba acompañada de una gran agitación social e importantes conflictos entre trabajadores y empresarios.

España entró en un periodo de reflexión tras la pérdida de las últimas colonias. La Generación del 98 y los regeneracionistas fueron sus portavoces. Al mismo tiempo, jóvenes naciones como Alemania y Estados Unidos empezaban a reclamar un lugar en la historia, que efectivamente obtuvieron en el siglo xx. La tecnología, la ciencia, la medicina y el pensamiento realizaban grandes progresos y ponían los cimientos del futuro.

Las guerras del mundo entero tenían un gran impacto, y la gente seguía su desarrollo a través de la prensa. La mayor parte de los conflictos estaban relacionados con los procesos de colonización y descolonización. El caso de Japón fue singular: un viejo imperio que quería recuperar su esplendor e inició una ofensiva expansionista. Los avances tecnológicos y la expansión del ferrocarril también tuvieron gran repercusión en las dinámicas bélicas y su crudeza.

1.2. Bienvenidos al teatro Robert-Houdin

A finales del siglo xix, los espectáculos más comunes para ocupar los ratos de ocio eran el teatro, el cabaré y el circo. El ilusionismo y las artes adivinatorias también eran muy populares. Se pusieron de moda los parques de atracciones y las ferias, que se instalaban en las explanadas de ciudades y pueblos. Las proyecciones con cambios de luz, las animaciones terroríficas (fantasmagorías) y las ilusiones ópticas que lograban simular el movimiento despertaban una absoluta fascinación.

Georges Méliès, hijo de una familia acomodada, abandonó la fábrica de calzado que regentaba e hizo realidad un sueño: compró un viejo teatro en París, el Robert-Houdin, y en 1888, a los 27 años, inició su camino como mago e ilusionista. Sus primeros éxitos coincidieron con la Exposición Universal de París (1889), que atrajo a numerosos extranjeros y gente de provincias a la capital. Méliès se hizo un nombre mediante unos espectáculos en los que combinaba trucos de magia, proyecciones, sketchs cortos y mucho ritmo y sentido del humor. Estas fueron las claves de su reputación.

1.3. El cinematógrafo Lumière

28 de diciembre de 1895. En el Salon Indien del Grand Café del Boulevard des Capucines de París, los hermanos Louis y Auguste Lumière presentaron en sociedad su invento, el cinematógrafo. Georges Méliès estuvo allí: aquella misma tarde, el padre de los hermanos Lumière lo había invitado personalmente a la proyección de diez películas. Recordando aquel momento, Méliès escribió unos años después:

«Ante aquel espectáculo, efectivamente nos quedamos todos boquiabiertos, estupefactos, asombrados, hasta tal punto que faltaban palabras para describirlo. […] Cuando acabó, el entusiasmo era absoluto, todo el mundo se preguntaba cómo se había podido obtener un tal resultado.»

En un primer momento, los hermanos Lumière consideraron que su invento únicamente tendría usos familiares. Incluso dijeron a sus empleados:

«La moda de nuestras películas durará un año, quizá dieciocho meses. Después, tendremos que buscar otro trabajo.»

En cambio, Georges Méliès enseguida vio las posibilidades que tenía el cinematógrafo. Pidió a los Lumière que le vendiesen uno para incluirlo en las funciones del Robert-Houdin, pero ellos se negaron. Así pues, Méliès decidió comprar el aparato del inventor Robert William Paul, y gracias a ello empezó a incorporar el cine en sus espectáculos.

2. Méliés y el cine

2.1. El terrible incendio del Bazar de la Charité

El día 4 de mayo de 1897, el cine, que apenas tenía un año de vida, recibió un duro golpe. Se había convocado a la alta sociedad a una proyección benéfica en el Bazar de la Charité, en la calle de Jean Goujon de París. La propia Sofía Carlota de Baviera, duquesa de Alençon y hermana de la emperatriz Sisí, se encontraba allí. En una pausa, alguien encendió una cerilla que hizo combustión con los gases acumulados. Las llamas se propagaron rápidamente, y 140 personas murieron atrapadas.

El incendio en el Bazar de la Charité fue uno de los muchos accidentes que vivió el primer cine. Ahora bien, su dramatismo y la gran repercusión del suceso consolidaron la idea de que el cine era muy peligroso. Las autoridades lo atacaban sin contemplaciones. Existían pocas salas estables, y abrir otras nuevas o adaptarse a las normativas de seguridad era muy costoso. Los bancos eran reticentes a conceder créditos precisamente por la mala fama del cine.

Los feriantes, que no estaban tan controlados, acogieron el cine como una atracción que rápidamente se convirtió en un gran éxito. En las ferias se vivía una cultura muy visual y dinámica: se realizaban proyecciones (linternas mágicas o panoramas) y se animaban fotografías (bioscopio).

2.2. La experiencia del cine

El cine vivió un momento de esplendor durante la Exposición Universal de París de 1900. Además, gracias a las ferias se extendió por pueblos y ciudades. Las proyecciones se acompañaban de música y banda sonora, y un narrador iba comentándolas. El público reía, silbaba o gritaba, y todo formaba parte del espectáculo.

En función de la feria y del presupuesto, las películas podían verse bajo las grandes carpas o en pequeñas barracas, de pie. Se proyectaban varias películas y, entre una y otra, se interrumpía la sesión para cambiar el rollo.

Los feriantes aprovecharon otro invento reciente: las roulottes. Transportaban en ellas los grupos electrógenos que suministraban la energía necesaria para hacer funcionar los proyectores, en un momento en el que la red eléctrica se estaba creando y no llegaba a todas partes.

2.3. Star Film

En la primavera de 1896, Georges Méliès rodó Une partie de cartes (Una partida de cartas), que está considerada como su primera película. A partir de aquí, empezó una gran producción que convirtió en negocio. A menudo rodaba con dos cámaras para tener distintas copias, algunas de ellas destinadas a las ferias, un mercado que estaba en auge. Méliès organizaba proyecciones para que los feriantes pudiesen ver los films, comprarlos y llevárselos.

También proyectaba las películas en su teatro, que muy pronto transformó en un cine. El éxito de las sesiones exclusivamente cinematográficas fue más bien discreto, ¡pero la maquinaria estaba en marcha!

Georges Méliès fue un hombre orquesta del primer cine: él lo hacía casi todo. Era productor y escenógrafo, construía maquetas y pintaba decorados, diseñaba el vestuario, actuaba, escribía y dirigía.

Pese a esta dinámica artesanal, la visión comercial de Méliès lo llevó a poner en marcha una serie de empresas de carácter industrial. Fundó su propia productora, Star Film; creó un mercado de distribución internacional, que también llegó a España, y construyó un estudio, el primero de Europa, en la ciudad de Montreuil.

En 1897, Georges Méliès constató que necesitaba un lugar para rodar sus películas, donde pudiese controlar la luz, el espacio y los elementos escénicos sin tener que depender siempre de factores externos. Fue así como proyectó y encargó la construcción de un estudio en su propiedad de Montreuil, junto a París. El edificio tenía las paredes exteriores completamente de cristal, y las mismas medidas que el teatro Robert-Houdin, con un pequeño anexo aislado para la ubicación de la cámara. Se habilitó un foso y una pasarela metálica sobre el escenario para los trucajes, además de bastidores y camerinos.

2. 4. Georges Méliès, el primer director de cine

Georges Méliès creó una de las primeras industrias cinematográficas. Pero, además, fue el primero en introducir nuevos contenidos basados en la ficción: incorporó el guión, los actores, la iluminación y los decorados. Su pasión como mago lo llevó a imaginar efectos y trucajes que embelesaban al público.

Méliès realizaba sus películas pensando en la gente que las vería. Por ello, adaptó la temática de sus obras a los gustos de las clases populares y del cine de feria. Fue así como nacieron sus películas fantásticas y repletas de trucos, pero también las recreaciones de los grandes acontecimientos de la época y las adaptaciones de clásicos literarios y obras de teatro.

El público suspiraba por ver a los grandes personajes del momento, y el único modo de hacerlo eran las ilustraciones, las escasas fotografías de los periódicos y los museos de cera, que eran una verdadera atracción. Para responder a los gustos imperantes, Georges Méliès realizaba reconstrucciones de los acontecimientos más populares. Por ejemplo, en 1902 debía celebrarse la coronación del nuevo soberano británico, Eduardo VII. Méliès trabajó con eficacia y ya tenía a punto una película para el mismo día de la ceremonia, Le Sacre d’Édouard VII (La coronación de Eduardo VII). Sin embargo, al monarca se le detectó una apendicitis y la coronación tuvo que ser aplazada un mes. Así, la coronación pudo verse antes en la película de Méliès que en la realidad.

3. Le Voyage Dans la Lune y el legado de Méliés

3.1. Le voyage dans la Lune

El día 1 de septiembre de 1902, se estrenó una de las películas más importantes de la historia del cine: Le voyage dans la Lune. Al principio, los feriantes no querían comprarla porque consideraban que era demasiado larga (duraba más de 15 minutos). Méliès, convencido de su trabajo, preparó una proyección de muestra y el éxito fue espectacular. Años más tarde, Méliès lo recordaba así:

«Nunca he sabido cómo, en el mundo de los feriantes, las noticias pueden correr a tal velocidad. Lo que es bien cierto es que, al día siguiente, todos los feriantes de Francia estaban al corriente del gran éxito de Le voyage dans la Lune, y llovían encargos de todas partes.»

Citado por Georges Sadoul

Le voyage dans la Lune supuso su consagración absoluta como director. Pero, especialmente, representó el triunfo del cine narrativo, de las películas que explican historias. Esa fue la gran aportación de Georges Méliès. La película fue un éxito rotundo, tanto en Francia como en Estados Unidos, y fue imitada y copiada en incontables ocasiones.

Georges Méliès realizó muchas películas sobre viajes extraordinarios y lugares remotos, que al mismo tiempo le permitían experimentar con efectos especiales y trucajes. Gracias a todas sus aportaciones, Méliès está considerado como uno de los padres de la ciencia ficción cinematográfica.

Esta faceta del cine de Méliès es continuadora de los espectáculos de ilusionismo y de magia, que estaban muy de moda. A finales del siglo xix, también la literatura de viajes y los relatos fantásticos eran muy populares. Uno de los autores que tuvieron más éxito fue Jules Verne.

Le voyage dans la Lune está inspirada en dos obras de Verne: De la Tierra a la Luna (1865) y Alrededor de la Luna (1870). También se distingue en ella la influencia de la novela Los primeros hombres en la Luna (1901), de H. G. Wells.

3.2. La magnitud del espectáculo

Han pasado más de cien años desde que Georges Méliès imaginó y dirigió su Le voyage dans la Lune. Desde entonces, el espectáculo que creó ha evolucionado, perfeccionándose su tecnología y su lenguaje, y se ha extendido por todo el mundo. El cine se ha convertido en una gran industria de entretenimiento y en una de las grandes expresiones creativas del siglo xx, el séptimo arte.

Para rodar una película de las que en la actualidad vemos en las salas, se necesita la colaboración de muchas personas, meses de trabajo y un presupuesto considerable. Todo es muy distinto de como se hacía en los tiempos de Méliès, pero hay algo que permanece inmutable: hoy, como ayer, el cine es un gran espectáculo de magia, sueños y emociones.

3.3. La feria y el cine

El primer cine encontró en los feriantes a unos grandes aliados. El mundo de la feria estaba muy bien estructurado gracias a una red consolidada de localizaciones, calendarios e, incluso, organizaciones sindicales. El desarrollo del ferrocarril y las roulottes habían agilizado los desplazamientos y el transporte de materiales. Además, contaban con una prensa propia, con publicaciones como L’Industriel Forain, Actualité Foraine, L’Inter-Forain y Vie Foraine. Incluido dentro de este circuito, el cine se extendió masiva y rápidamente.

El cine fue el gran espectáculo de las ferias francesas entre 1897 y 1905. Durante ese periodo, se creó un público que fue educado en el nuevo lenguaje visual. Y fue en ese entorno donde se fueron probando distintas innovaciones tecnológicas y perfeccionando los dispositivos de proyección.

El cine de Georges Méliès vivió su esplendor durante ese periodo: las aventuras, los trucos y los viajes fantásticos entretenían y fascinaban a un público popular totalmente entregado. Un elemento que acredita la popularidad de Méliès es la cantidad de anuncios que llegó a realizar. Las marcas se lo disputaban para rodar películas publicitarias, que se incorporaban a las sesiones. No se conserva ninguna de estas piezas, pero queda el testimonio de algunas fotografías de los rodajes.

3.4. Declive, guerra y silencio

A partir de 1905, el cine ya empezó a ser un negocio muy rentable. Se habían mejorado las condiciones de seguridad y de proyección, y las productoras, que habían ido creciendo, en especial Pathé y Gaumont, apostaron por crear una red de salas estables. Para reforzar su estrategia comercial y asegurar el éxito de sus locales, dejaron de vender y alquilar películas a los feriantes (1908). Una ley de 1912 que introducía nuevas medidas de control sobre los feriantes supuso su declive definitivo. Fueron unos años de cambios, a los que hay que añadir la tragedia de la Primera Guerra Mundial.

La productora de los hermanos Pathé pasó a controlar gran parte de la distribución y los noticiarios. La compañía Gaumont acumulaba éxitos gracias al fichaje de Louis Feuillade como director y las historias del malvado Fantômas. Se puso de moda otro tipo de historias, más parecidas al teatro, más del gusto del público urbano y burgués.

Por otra parte, las mejoras tecnológicas también permitieron alargar cada vez más la duración de las películas. En el caso de Georges Méliès, que controlaba la mayor parte de los procesos cinematográficos, eso significaba multiplicar por mucho su trabajo. La forma de hacer cine de Méliès quedó superada por las innovaciones técnicas y el cambio de gustos del público… En 1911 perdió los derechos de distribución de sus películas a favor de la productora Pathé, y en 1913 rodó su última película.
Por si fuera poco, su esposa murió y tuvo que encargarse él solo de sus dos hijos. Volvió a realizar espectáculos de teatro, pero su estrella se había apagado. Cayó en desgracia y lo asfixiaban las deudas: la ruina total. En un ataque de rabia, incluso quemó gran parte de sus películas para obtener la plata que se usaba en la fabricación del material (nitrato de plata). El nombre de Georges Méliès fue olvidado…, desapareció.

3.5. La tienda de juguetes de Montparnasse

En 1925, estando completamente hundido, Georges Méliès se reencontró con Jehanne d’Alcy, que había sido una de las actrices de sus películas. Jehanne d’Alcy lo rescató de la pobreza, contrajeron matrimonio y ambos se ocuparon de un pequeño puesto de juguetes que ella regentaba en la estación de trenes de Montparnasse, en París, catorce horas al día, los siete días de la semana.

En 1926, el director de la revista Ciné-Journal, Léon Druhot, reconoció a Georges Méliès en la tienda de juguetes de Montparnasse. Aquella casualidad abrió el camino a la reivindicación de la figura de Georges Méliès.

3.6. Georges Méliès, el creador del cine

Los cineastas franceses trabajaron rápidamente para rehabilitar el nombre de Georges Méliès. Se organizaron cenas y galas para recaudar fondos a fin de que pudiese vivir dignamente, sin trabajar en la tienda de juguetes. Poco a poco, su obra fue recuperada. Pronto empezaron los homenajes y las exposiciones, que han llegado hasta nuestros días.

Georges Méliès se retiró, junto con Jehanne d’Alcy, a una residencia para cineastas en el castillo de Orly. Allí pudo dibujar y escribir, dos de sus grandes pasiones. Y también tuvo tiempo para hacer balance de toda su obra en numerosas entrevistas y colaboraciones con periodistas. Murió el 21 de enero de 1938.

Georges Méliès es uno de los personajes fundamentales de la historia del cine. Supo entender a la gente y los gustos de su tiempo. Con creatividad y astucia, dio forma al espectáculo cinematográfico tal y como lo entendemos hoy: un momento mágico en el que caben las grandes y las pequeñas historias, las emociones y la fantasía. Su huella ha llegado hasta la actualidad.

El 22 de octubre de 1931, en un banquete en el Hotel Claridge de París y ante 800 invitados, Georges Méliès recibió la Legión de Honor, máxima condecoración del Estado francés. Durante la ceremonia, Louis Lumière tomó la palabra y se dirigió a Méliès diciendo: «Rindo homenaje, en usted, al creador del espectáculo cinematográfico».

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