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Cultura
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Una interesante muestra fotográfica recoge la vida de los vecinos de Garafía en los años 60

  • Se puede visitar en la Sala O´Daly de la capital hasta el 31 de enero

Exposición fotográfica sobre la Garafía de los años 60 en la Sala O´Daly.

La Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico del Cabildo ha organizado una exposición en la que se muestran imágenes que nos ayudan a comprender la realidad cotidiana de Garafía en los años 60 y cómo ha cambiado en este tiempo. La muestra se podrán visitar en la sala O´Daly de Santa Cruz de La Palma hasta el día 31 de enero.

El municipio de Garafía ha sido históricamente la jurisdicción más aislada de La Palma. Aunque en la actualidad cuenta con un padrón de 1.700 vecinos, entre 1940 y 1960, Garafía albergaba a más de 5.000 habitantes y contaba con una animada vida social y una evidente escasez de recursos económicos. El discurrir de la localidad durante estas décadas quedó registrado gráficamente en las lentes de los tres profesionales con los que contó el municipio, Jorge López Mesa, Antonio Candelario Rocha y Ventura García López. El legado fotográfico de los últimos ha sido donado al Archivo General Insular.

La consejera de Cultura y Patrimonio Histórico, María Victoria Hernández, destaca "la importancia que tiene el Archivo General Insular para la conservación del importante legado patrimonial de La Palma. Y ejemplo de ello lo tenemos con este conjunto de fotografía tomadas bajo los objetivos de Jorge López Mesa, Antonio Candelario Rocha y Ventura García López, quienes nos revelan cómo era la vida en Garafía en los años 60 y en general de la isla. En unas 45 fotografías de diferente formato, va pasando ante el espectador la vida cotidiana y diaria del ciclo de la vida: nacimiento, infancia, juventud, trabajo, fiestas e incluso lutos y muerte".

El Archivo General de La Palma fue creado por el Cabildo Insular de La Palma en octubre de 2002 con el fin de reunir el riquísimo patrimonio documental atesorado en la isla. En principio recogió el archivo del distrito notarial de Santa Cruz de La Palma, aunque sucesivamente ha ido incrementando sus fondos.

Estos archivos que se han ido incorporando con posterioridad han pasado a formar fondos independientes identificados con el nombre de su donante o titular. En definitiva, se ha tratado de crear un archivo de magnitud insular que conserve y unifique toda la documentación que en estos momentos se encuentra dispersa por el territorio insular. Con ello se ha evitado su fragmentación, deterioro o pérdida o que pueda salir fuera de la. Asimismo, entre sus objetivos está la creación de un centro insular que sirva como depósito y referente para la cultura palmera, ya sea histórica, literaria, etnológica, científica, gráfica o visual o sonora.

Entre los conjuntos de imágenes conservados en el Archivo General de La Palma dependiente del Cabildo Insular, cabe enumerar los siguientes fondos: Fotógrafos y Dibujantes, Rosendo Cutillas Hernández, Fototilio, Emilio Carrillo Carballo, Blaaubouer-Rodríguez Castillo, Ventura García López y Antonio Candelario Rocha; así como las colecciones fsfc, Leal Monterrey, Jaime Pérez García, De la Rosa Fernández, Manuel Henríquez Pérez, Francisco Antequera Amor, Celestino Cabrera Perera, Guillermo Sautier Casaseca y Colección Facticia de Retratos.

El acceso al Archivo General de La Palma es libre y gratuito. En él se proporcionan servicios de organización y descripción de los fondos documentales, asesoría sobre búsquedas documentales e investigación, custodia y conservación del material original, visitas concertadas al archivo y búsqueda de información. Y el Archivo General de La Palma se encuentra emplazado en las instalaciones culturales del antiguo convento de San Francisco de la capital insular, en la plaza de San Francisco.

Jorge López Mesa

El primer fotógrafo conocido con ejercicio profesional en Garafía fue Jorge López Mesa. Nacido en el pago de El Tablado de la Montañeta el 23 de abril de 1921, era hijo de Máximo López Viera, albañil, natural de Fuerteventura y buen bregador de lucha canaria, y de María Mesa Morales, que lo era de La Gomera. El matrimonio arribó al municipio norteño desde Gran Canaria sobre 1910, trasladándose de un barrio a otro en función de las ofertas laborales. En este contexto, Jorge López Mesa vio la luz en El Tablado, aunque desde muy joven vivió en el pago de Don Pedro, dedicándose a actividades ganaderas y agrícolas, que, años más tarde, compaginó con la fotografía. En abril de 1954 marcha a Venezuela y un año y medio después a Brasil, donde el arte de la imagen pasa a convertirse sólo en una afición; en Piracaia (São Paulo), murió en 1997. De carácter alegre, además de tocar la guitarra y considerársele un apasionado del baile, tuvo afición por el canto y la poesía oral, dedicándose en especial a la improvisación en décimas.

Su contacto con la fotografía se inició hacia 1940, gracias a una cámara de la que sirvió durante su ejercicio militar en el barrio llanense de Argual. De nuevo en Garafía, volvió a sus actividades agrarias. A raíz de crearse el documento nacional de identidad por decreto de 1944, el lotero y técnico fotográfico catalán Joaquín Serra, residente entonces en Santa Cruz de La Palma, conoce a López, ofreciéndole un trabajo como ayudante y guía en sus desplazamientos como fotógrafo ambulancia por Garafía; así, los garafianos comenzaron a contar con la fotografía tipo carnet requerida para la expedición de sus tarjetas de identificación personal.

Hacia 1951-1952, Serra principia su proyecto, acompañado de López. Ya en Garafía se aloja en El Topo (Don Pedro), en casa de López Mesa, y juntos recorren los barrios garafianos especializados en la fotografía de carnet. Además, recogían retratos antiguos que remitían a estudios peninsulares para su ampliación y coloreado, y que a su vuelta vendían a 30 duros (150 pesetas), un precio estimable para la época. El revelado se realizaba en el estudio que Serra tenía instalado en su domicilio del barrio de Timibúcar y fue allí donde López habría de iniciar el aprendizaje en las técnicas y procedimientos de positivado.

Entre 1952-1953, López se independiza y funda un estudio en una habitación del número 8 de la calle Anselmo Pérez de Brito de Santo Domingo; gracias a Serra consigue la maquinaria e instrumentos necesarios para las tareas de revelado y una ampliadora, y para cuyo funcionamiento se sirvió del motor eléctrico que suministraba energía a la Molina de Santo Domingo de la calle Ramón y Cajal. Hombre habilidoso, «si se ponía, hacía de todo: desde trabajos de carpintería hasta levantamiento de muros», recuerdan todavía hoy quienes lo conocieron. Proclive a lo artístico, componía fotomontajes con corazones y otros motivos. Su sello empresarial rezaba: «Foto Mesa Ampliaciones-Carnet Villa de Garafía La Palma». Las penurias económicas le llevarían a emigrar a Venezuela en abril de 1954, para afincarse definitivamente en Brasil. Antes de su partida, vendió el material de estudio a Antonio Candelario Rocha.

Antonio Candelario Rocha

Nacido en El Mudo el 8 de diciembre de 1913, quinto de diez hermanos e hijo de Agustín Candelario Rodríguez y de María Rocha Medina, vivió en la «casa de alto y bajo» que la familia construyó en 1926 en Las Varas (Juan Adalid). Soltero, fue hombre culto, en especial en temas de botánica, que conocía por sus largas horas de lectura. Asiduo al diccionario, que estudiaba a diario, sus contemporáneos admiraron siempre su riqueza léxica. Fue conocido como Antonio Sequera, apodo familiar proveniente de un apellido.

Como su antecesor, se dedicó profesionalmente a la agricultura. Autodidacta en el terreno de la fotografía, comenzó su trayectoria en el mundo de la imagen tras la marcha de López Mesa a Venezuela, a quien compró el instrumental de su estudio de Santo Domingo. Dedicado por las mañanas al campo, las tardes y las noches las destinaba al laboratorio; cuando le requerían, acudía con su cámara a toda clase de actos: bodas, bautizos, eventos políticos, faenas del campo, manifestaciones deportivas, fiestas, acontecimientos históricos… Nada escapó a su ojo avizor. En un cuarto alquilado en Santo Domingo, situado en la planta alta de una casa (en la prolongación de la calle Blas Pérez González, esquina con Anselmo Pérez de Brito), instaló su taller.

Sin perder el carácter de fotógrafo ambulante, Candelario Rocha cumplía sus desplazamientos por los barrios garafianos, primero a pie y, años más tarde, en su Land Rover. Ello le obligaba a viajar de improviso a su estudio de Santo Domingo cuando completaba los carretes. Considerado buen fotógrafo, era cuidadoso en sus encuadres y composiciones. Hombre risueño y dotado de buen humor, recibió algunas ofertas para trabajar en estudios de otros municipios, que desechó.

Preocupado por los adelantos y novedades, se adentró en la fotografía en color (reveladas fuera de la isla), que continuó compaginando con la fotografía en blanco y negro, para las que disponía de sendas cámaras.

Hacia 1980, abandonó el ejercicio fotográfico. En alguna ocasión confesó: «Yo no abandoné la fotografía, la fotografía me abandonó a mí». Con una progresiva falta de trabajo y con un aluvión de cámaras y fotógrafos amateurs, se peridó su buen hacer para siempre. Candelario falleció en Santa Cruz de La Palma el 14 de noviembre de 2002. Su legado fotográfico fue afortunadamente rescatado por su sobrina María Milagros García Candelario y donado luego al Archivo General de La Palma por su familia.

Ventura García López

José Ventura García López nace el 3 de diciembre de 1933 en el barrio de Don Pedro. Sobrino del fotógrafo Jorge López Mesa, acompañó a su tío a diferentes eventos, en los que realizó numerosas instantáneas. Consciente de que la fotografía constituía una interesante fuente de ingresos, tras la marcha de López a Venezuela, decidió probar fortuna en el terreno de la imagen. Se destacó, además, como un espíritu emprendedor, dedicándose a la compraventa de mercancías agrícolas, la regencia de tiendas de comestibles y bares y la explotación ganadera.

Como sus antecesores, compaginó el trabajo en el campo y el comercio al por menor con el arte de la fotografía. Hacia 1954-1955, poco después de que comenzara su actividad profesional Antonio Candelario, Ventura García principia su ejercicio como fotógrafo. Sin estudio propio, empezó su labor con una cámara adquirida al fotógrafo de Santa Cruz de La Palma Tomás Ayut, encargándose del revelado, en la capital, éste y su hermano Tomás Ayut, Diego Robles o Miguel Béthencourt Arrocha y, en Los Llanos, Lonqui.

Su primer encargo -recuerda el propio García- fue en una fiesta patronal de Tijarafe, en la que retrató a la reina y su corte de honor. Su espectro de trabajo incluyó fiestas, bautizos, ciegas, matazones de cochinos o gallofas…, unas veces, porque era invitado expresamente como reportero gráfico y, otras, por propia iniciativa. Aunque laboró fundamentalmente en Garafía, su actividad se proyectó igualmente por otros municipios limítrofes, como Puntagorda o Barlovento. Mantuvo su ejercicio hasta aproximadamente 1961, en que pasó a dedicarse por completo al comercio y a otros negocios de diverso tipo.

En fecha más reciente, en el municipio de Garafía han desarrollado su actividad otros fotógrafos, aunque con carácter amateur; es el caso, por ejemplo, de Ismael Fernández, antiguo juez de paz de esta demarcación.

 

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