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Cultura
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Recorrido 'virtual' por las cruces de Breña Alta

La circunstancia de la pandemia mundial del Covid-19 ha imposibilitado celebrar la festividad de la Santa Cruz con los tradicionales enrames y “veladas”. Con esperanza dejamos para otro año engalanar, los tres elementos fundamentales de las cruces de Breña Alta: respaldar, arco y pie de cruz.

El año 2020 será el año de recuperar las cruces del interior de las viviendas, que hay muchísimas por toda La Palma, en patios, jardines, muros, senderos, huertas e incluso balcones. Quizás sea el año de hacer una pequeña Cruz nueva, de manera sencilla, que recuerde para generaciones venideras lo que estamos viviendo y al mismo tiempo sea una plegaria de oración.

Les ofrezco en este artículo un extracto, un recorrido “virtual”, por las Santas Cruces de Breña Alta, quizás me deje alguna o se ha incorporado alguna otra. Hace 15 años, en 2005, publiqué el libro: Breña Alta. Fiesta de la Cruz, editado por el Ayuntamiento, dónde puede encontrar mayor detallado recorrido y antecedes.

Desde hace décadas Breña Alta viene anhelando la declaración de estos peculiares y fastos festejos Bien de Interés Cultural, sin que los intentos reiterados hayan dado fruto. Méritos y antecedentes lo tiene de sobra, en nuestra opinión.

3 DE MAYO, DÍA DE LA SANTA CRUZ

Recodemos que el 3 de mayo del año 326 Santa Elena descubrió, en el monte Gólgota, la Cruz en la que murió Jesucristo.

Breña Alta conmemora desde tiempo inmemorial este hecho, cada 3 de mayo, engalanando decenas de cruces, repartidas por la geografía del municipio. Cada una de ellas, con diferente estilo, es una manifestación de profunda devoción cristiana, de historia y tradición popular.

CRUZ DEL CENTRO

Esta cruz ya se encontraba erigida, al menos, a finales del siglo XIX. Fue conocida también como cruz de María Barrios, una de sus fundadoras, y en los años 80 del siglo XX, su vieja hornacina fue sustituida por una nueva.

En la festividad de la Cruz, se engalana con valiosas joyas, recogidas entre los vecinos y devotos. Se recuerda la particularidad de la colocación centenes de oro. Completan el enrame los afamados “bichitos”, un bello trenzado de papel de seda.

Como en todos los cruceros, también en este la fiesta comienza, como antaño, con la bajada de la rama del monte. Con el gajo de loro más largo se marcaba el lugar elegido para construir “la abrigada” –especie de chozo- donde se resguardan los mayordomos.

CRUZ DEL MANCHÓN

Desde tiempos inmemoriales se conoce la existencia de la Cruz del Manchón, que en 1930 se cambió de lugar, desplazándose unos 30 metros hasta donde está hoy, y se levantó la hornacina que ocupa.

Poco a poco, y sin que se sepan razones, perdió a sus mayordomos y devotos. A partir de 1994 se retoma esta cruz y se le da continuidad, arraigándose desde 1998 los motivos que caracterizan su enrame, en el que la Cruz preside estampas costumbristas.

Las joyas que luce el día de la fiesta, se recogen entre el vecindario y, para evitar confusiones en el momento de la devolución, a cada persona se le asigna un hilo de color y una parte de este se anuda en la joya.

Nunca suele faltar en el enrame la ancestral costumbre de “los mayos”, en forma de grotescos machangos, y una Virgen de las Nieves, patrona de La Palma.

CRUZ DE LA PIEDAD

Los datos conocidos apuntan que esta cruz fue fundada, en el siglo XIX, por Antonio Guillermo Fernández Álvarez y su esposa Josefa Gregoria Rodríguez Afonso.

Según transmisión oral, fue la primera cruz que se enrama fuera del nicho, en la década de los años veinte del siglo XX. Una pauta que, más tarde, marcaría los usos y costumbres de esta fiesta.

En estos primeros enrames se utilizó una hierba rastrera, la barrilla, traída desde la costa de Fuencaliente, de fruto y hojas muy brillantes. La cruz presidía, entre peñas y rocas, un surtidor de agua.

Cada 3 de mayo, anillos, cadenas, zarcillos, pulseras, el pequeño tesoro de cada familia devota, visten de oro esta Cruz.

CRUZ CHICA

La cruz se encuentra en este lugar desde tiempos inmemoriales y su nombre se atribuye a que el tamaño de su cuerpo era, en un principio, menor que el de otras de la zona.

En un inicio, su enrame consistía en tapizar el interior del nicho con telas o colchas, hierbas, musgo y ramas de monte. En 1934, se cubre con un respaldar, que se prepara para colocar la cruz. Ya en los años ochenta del siglo XX comienzan a utilizar papel recortado o en forma de canutillo, poniéndole colmo –paja de trigo- en el centro, para darle consistencia.

En madera de pino de tea, con un peso de unos 7 kilogramos, 1,10 metros de alto y 60 centímetros de brazo.

Nunca se dejó de enramar con joyas, ni siquiera durante la guerra civil o cuando se ha producido una muerte cercana a los devotos.

Entre las mayordomas de mayor edad, se recuerda que al regreso de los jóvenes de la guerra civil, en acción de gracias, la cruz permaneció enramada cinco días y sus noches, en lugar de un día y una noche, velada por una anciana.

CRUZ DE LA CALLE ELÍAS PÉREZ HERNÁNDEZ

Con el transcurso de los años, la devoción a la Santa Cruz va creciendo en Breña Alta. En 1999, Anadolia Martín Concepción prometió enramar una cruz, si después de abandonar el barrio por la ruina de su casa, volvía al mismo lugar. Una vez rehabilitada la vivienda, volvió y cumplió la promesa.

La cruz fue bendecida por el párroco Fernando Lorenzo Matías. Otros vecinos se unieron a la fundadora de esta cruz, que, por costumbre, visten mujeres solteras, manteniéndose la creencia de que en ese año encontrarán esposo.

CRUZ DEL MEDIO

Al parecer su origen se remonta al siglo XIX, por promesa de una vecina. En los años treinta del siglo XX, se comenzó a enramar con papel de seda rizado a tijera, mientras en la cruz prendían las joyas venidas de Cuba y Venezuela.

En la actualidad se trabaja la enramada preferentemente con productos naturales.

Por esos días, cada persona tiene su cometido en la organización del festejo. Los hombres recogen dinero con destino a los “fuegos” y las mujeres para los otros gastos.

La primera bandera que se plantaba en la zona se llamaba “del fuego”, porque a partir de ese momento, unos siete días antes del 3 de mayo, comenzaban a tirar voladores (fuegos artificiales).

Se recuerda la vieja costumbre de poner, en señal de respeto y recuerdo, una bandera negra y blanca, si ese año había muerto algún mayordomo.

CRUZ DE MIRANDA

En 1862, ya se tienen noticias de la existencia de esta cruz, que en sus orígenes se encontraba a los pies del drago.

De madera de tea, de pino canario, de 1.15 centímetros de alto y un peso de unos 9 Kilogramos, en su delicado trabajo, tallado con motivos vegetales, figura el año 1880 y la iniciales M.E.M, que debe corresponder al año que fue colocada, o sustituyó a otra, y a las iniciales del fundador. Antaño, se representaban en su honor, loas e incluso piezas teatrales.

El momento más emotivo es el de colocar la cruz, ahora bellamente vestida y engalanada con riquísimas joyas. Envuelta en una sábana blanca, la llevan cuatro jóvenes solteras hasta el lugar donde le espera el “pie” – lugar donde se apoya la cruz-. Existe la creencia de que ese año la joven conseguirá esposo, tradición que en ocasiones se ha cumplido.

Otro emocionante momento tiene lugar cuando se ha de recoger el respaldar y el arco y devolver la cruz al lugar que ocupa el resto del año. Labor que se realiza cantando, con un nudo en la garganta:

Ya nos vamos cruz bendita,

ya nos vamos a retirar,

hasta el año venidero

que te vuelvan a enramar.

CRUZ DE LA LAJA DEL BARRANCO

La colocación de esta cruz se debe al emigrante Manuel Fernández Morera (1859-1943), quien, viéndose gravemente enfermo en Cuba, prometió que si curaba de esa enfermedad, cuando regresara a Breña Alta construiría una cruz, la pondría en el camino y la enramaría todos los años.

El esmero, en el fino trabajo del respaldar, destaca el 3 de mayo, con el brillo del oro viejo en las joyas que luce.

Manuel Fernández Morera regreso de Cuba entorno a 1890 y hasta su muerte siguió cumpliendo con su promesa. Después, su familia y vecinos han continuado engalanando y festejando esta cruz.

Según devotos y mayordomos, los voladores “son la única voz que tiene la cruz”. El sonido bronco de la pólvora festiva anuncia que ha llegado el momento preciso de poner la cruz o que ya está puesta en el sitio elegido. Enteradas, las cruces vecinas responden con otras explosiones de voladores.

Cada año, durante el enrame, se escucha un curioso relato, que recuerda aquel en que en la casa donde se estaban poniendo las prendas –joyas- a la cruz entró una bella mariposa blanca, revoleteando alegremente. No fue posible alejarla y, más tarde, apareció en la hornacina de la cruz, sin que encontrara lugar para posarse, ante el esmero de cruz y respaldar. Los devotos quisieron ver en esa mariposa el signo de una lejana promesa, de persona desconocida.

CRUZ DEL MORRO

La memoria de los mayores no recuerda el motivo y origen de esta cruz, pero coincide la memoria popular en que ya se engalanaba desde el siglo XIX. El nicho u hornacina se construyó en los años 50 del siglo XX, y posteriormente se reformó quedando cubierta a modo de baldaquín.

En las fechas de la festividad esta cruz llegó a salir en procesión hasta las cruces más próximas. En los enrames antiguos predominaban palmas, monteverde, musgos, papel y tela. Actualmente destaca la utilización de cuerda o soga vegetal, picada con tijeras muy menudo, teñida de diferentes colores. Laboriosidad minuciosa donde las manos quedan en sangrientas llagas. Todo ello -dolor y esfuerzo- merece el resultado final, a modo de ofrenda a la Santa Cruz.

Los temas que se eligen son cada año diferente, desde contendidos religiosos o espirituales.

La imaginación de los devotos hizo concebir un año la figura de una paloma articulada que bebía de un corazón. El asombro era evidente entre las gentes. La sencilla tramoya consistía en un invisible hilito del que tiraba, desde detrás del respaldar, un niño, a la señal disimulado de un mayordomo.

Entre las cruces del entorno existe y existía pique –rivalidad- por poseer el más bello gajo de rama, donde se colocaba por la noche la luz que daba un petrogás y en su entorno se rezaba el rosario. Al amanecer se tiraban globos de papel con forma de distintas figuras.

CRUZ DEL LLANITO

En el año 2013 se incorporó esta imponente y pesada cruz de tea. Volvió a encontrarse, como de antiguo, en la ruta de los Santos Cruceros de Breña Alta. Cuenta un triste hecho acontecido en 1957. El llamado temporal de “las Breñas”, y la crecida del barranco del Llanito, se “llevó la pesada cruz dejándola barranco abajo, enredada en un rosal de color blanco”. Una de las mayordomas Doña Concha Hernández Afonso, hoy con 91 años, la recogió y la guardó en su casa.

Concha y otras vecinas eran las encargadas de enramarla antes del que el barranco se la llevara en enero de 1957. En el año 2013 se motivaron en “restacarla” y la volvieron a enramar. En el primer año representaron la imagen de los destrozos que hizo la crecida de las aguas en aquel lamentable suceso que causó unas 26 victimas y daños considerables en viviendas e infraestructuras en la zona. Una nueva generación de mayordomos/as, y los vecinos que recordaban los antiguos festejos, entre las que se encuentran Ana, hija de Concha, Teresa y Esteban y otros, la volvieron a “vestir” y “velar”. Fue un gestó que conmovió al vecindario y generó un especial cariño y devoción a la Cruz que el barranco arrastró y la depositó más abajo “enredada en un rosal de color blanco”.

No cuenta con nicho propio, se lo llevó el barranco, y cuando la enraman la ponen en el mismo lugar dónde estaba primitivamente, sitio hoy ocupado por un inmueble particular, al borde de la carretera general, en margen derecho del barranco y próxima al puente, hoy reconstruido, dónde se encuentra con una cruz de mampostería y unas lápidas que recuerda el hecho luctuoso y a las víctimas.

CRUZ DE BOTAZO

El paso de la carretera general de La Cumbre forzó el cambio del lugar original donde se encontraba esta cruz, que al parecer ya se enramaba en el siglo XIX. Su hornacina actual se construyó a finales de los años ochenta del siglo XX.

Su origen se debe a la promesa de Domingo Concepción y fue bendecida por encargo de María Josefa Martín González.

Los materiales más usados en el enrame para celebrar la festividad son paja de centeno, batatas de flores, musgo o semillas. Entrelazadas con finísimas e invisibles puntadas, bellísimas y antiguas joyas penden de la cruz, destacando los rosarios de oro.

Se recuerda como sumo cariño a Asunción Brito, la mayordoma que impulsaba entre el vecindario el enrame de cada año y que continuó haciéndolo hasta contar con más de noventa años de edad.

Durante un tiempo los niños y niñas del barrio enramaban su propia y pequeña cruz, que se colocaba cerca de la principal

CRUZ DE LA ESCUELA

En 1989 profesores, padres y alumnos del Colegio Público Botazo deciden enramar una antigua cruz que se encontraba, abandonada a su suerte, un poco más abajo de donde está hoy.

Fue una forma novedosa de introducir a los niños y niñas, apoyados por padres y profesores, en los entresijos de la Fiesta de la Cruz.

CRUZ DE LA ESPERANZA, O DE LA SOCIEDAD

Esta cruz se fundó por la devoción de Nieves Rodríguez Fernández, en 1873. Fue erigida por su hijo, José Antonio García. La hornacina cuenta con valiosos y peculiares esgrafiados.

Antiguamente se enramaba el nicho con ricas telas y con joyas. El exterior del nicho se engalanaba con flores y frutas –elemento de enrame, este último, muy antiguo que se conserva en la festividad de San Pedro, patrono del municipio-.

La cruz posee joyas propias, que fueron donadas por la devoción de mayordomas, muchas de ellas hoy difuntas. Con un peso de unos 12 kilogramos, en madera de tea de pino canario, es la misma cruz que se enrama en la festividad.

Es conocida por diferentes nombres: La Esperanza; la Sociedad, por estar próxima a una antigua sociedad privada; y la Coruja, por ser el lugar elegido para descansar estas aves nocturnas.

Contó con la ancestral “aparecida y loa”. En la posguerra se representó una, en acción de gracias por la vuelta, sanos y salvos, de los mozos que participaron en ella. Consistió en la escenificación de un campo de guerra, con alambradas y ruinas, donde resaltaba una bella casa, salvada de los bombardeos, en la que hondeaba una bandera de España. Desde detrás del nicho salieron dos hombres, portando la cruz, vestidos con el uniforme de soldados y falange. Cuando la colocaron en el altar se cerraron dos grandes abanicos y aparecieron dos jóvenes con el mapa de España y La Palma y entablaron un diálogo alegórico a la escenificación, acompañado por la música interpretada por la Banda “La Esperanza”.

En 1941 la representación, por promesa de Petra Martín, se desarrolló la “aparecida”, con la desaparición de un elegante castillo y la aparición de la cruz, flanqueada por banderas, mientras se escuchaba los versos de una joven, que representaba a Breña Alta. Concluía con la ruptura de una bella nube que contenía en su interior, a otra joven, que representaba al Ángel de la Guarda y se inició un diálogo entre ambas.

CRUZ DEL CENTRO DE ACOGIDA NINA JAUBERT

En 1999, aprovechando la sabiduría popular de los residentes en las antiguas y entrañables artes del enrame de las cruces, el Centro de Acogida Nina Jaubert decidió incorporarse a la ruta de cruceros del 3 de mayo.

Las labores comienzan con el entelado de la cruz, con algodón, a modo de acolchado, revestido por una tela. Posteriormente, se recubre con tela de raso lujoso, sobre la que se trabaja, primorosamente, ondas, rizados y plisados, sujetos por finas puntadas de hilos y alfileres.

A los mismos residentes se unen algunos familiares, quienes aportan, para el día grande de la fiesta, joyas personales. Cada devoto porta, en una cajita, las joyas haciéndole entrega de un documento que describe la joya y asignándole un hilo de color distinto.

El respaldar del crucero se recubre armónicamente, según la forma y dibujo de la madera, con los ricos materiales florales de la zona. En los meses que preceden a la fiesta, el lugar se convierte en una taller entrañable en el surgen recueros de juventud que aúnan a residentes y trabajadores del centro. Las manos curtidas y, en algunos casos, temblorosas por la edad son capaces de preparar la mejor y más vistosa ofrenda a la Santa Cruz, que luce orgullosamente en el patio del centro.

CRUZ DEL LOMO

Es la cruz que mejor recuerda la vieja costumbre del “aparecer o de la aparecida”. La fama de la cruz que en su festividad tuviera este acto recorría la isla.

La aparecida consistía en una pequeña obra de teatro, escrita entre prosa poética y poemas –normalmente en décimas- por los vecinos, que culminaba con la aparición sorpresiva de la cruz en el escenario, ayudada por espectaculares artilugios mecánicos y acompañados de música.

La aparecida del año 1940 se celebró, por promesa, el 19 de mayo, al regreso de los mozos de la guerra, y contó con la participación de la Banda de Música la Esperanza.

El nicho se construyó en 1915. La memoria histórica recuerda los peculiares enrames con colchas de encaje y tiras bordadas, que recubrían los escalones en los que se colocaban figuras de ángeles y bellas jarras con flores de papel y naturales.

Cuentan que en los años 50 del siglo XX robaron la cruz y se piensa que la original se encuentra en el municipio de El Paso, aunque se duda de ello. El nuevo Santo Madero lo hizo el carpintero Julio Muriaco, en 1953.

En el trabajo artesano del enrame para el día de la fiesta predomina el papel, característica que identifica a este crucero.

CRUZ DE LA PLAZA, DE SAN MIGUEL

Por los años veinte del siglo XX ya se encontraba construida esta pequeña plaza y su cruz. Se debe a la fe de los vecinos del lugar que durante 24 horas cumplían promesas de acción de gracias a su pie.

El gusto por decorarla para la festividad les motivo a la utilización de piedritas marinas, ramas y hojas secas pintadas en purpurina, para engalanar el crucero. Más tarde se le incorporaron ricas joyas de fino oro –rosarios, cadenas, medallas, clavos de pecho- y se continuó utilizando materiales naturales para el respaldar, arco y pie de la cruz.

De una Corona Real parten cuatro banderas hacia las cuatro esquinas que configuran el templete de la cruz -como cuatro son los puntos cardinales-, como símbolo del abrazo a todo el territorio nacional. Cuentan que, terminada la guerra civil, un año se rompió una de las banderas y fue sustituida por la bandera republicana, al verla un grupo de visitantes dijeron “son ustedes muy valientes” y depositaron una buena limosna.

La cruz mira de frente a la pequeña ermita barroca de San Miguel, bendecida el 29 de septiembre de 1705, que guarda la imagen del arcángel, capitán de las milicias celestiales, con unas curiosas alas articuladas, junto con las pinturas de San José y el Niño y la Virgen de Aranzazu, advocación vasca que sólo se encuentra en La Palma.

CRUZ DEL CALVARIO DE LA PASIÓN

En La Palma desde los primeros momentos de la evangelización se construyeron Calvarios en altiplanos, a modo de recordatorio del monte Gólgota, en la entrada o en el trayecto de los caminos que conducían directamente a los templos. Estas tres cruces corresponden a esa antiquísima costumbre litúrgica, que más tarde se incorpora a la festividad del 3 de mayo.

Las tres cruces se visten con ricas telas, pero sólo dos se “enjoyan”- la de Jesús y el Buen Ladrón-, con vistosas prendas de oro, la tercera, que correspondería a la conocida popularmente como la del “mal ladrón”, se deja desnuda de joyas.

Hace años, el día de la fiesta, salía en procesión hasta esta Cruz el relicario que conserva el Lignus Crusis – una partícula de la Cruz donde murió Cristo con certificación o “autentica” del año 1885- y se guarda en el templo de San Pedro.

Los vecinos enraman cada año el lugar utilizando como material predominante el papel. En la noche de la “velada” no falta el deseado caldito de gallina, chocolate, roscas, bizcochón, café, pan con chorizo y otras viandas. Que hace más llevadero la guarda y custodia de la venerada cruz por el vecindario y los cientos de visitantes.

CRUZ DE LA PAVONA

Hay un dicho popular extendido por toda La Palma que dice, al ver a una joven bellamente enjoyada, elegante y bien vestida: “parece la Cruz de la Pavona”. Memoria popular que la asocia a los peculiares enrames de esta cruz.

Se alza a los pies de la montaña de la Pavona, en una encrucijada de caminos. El motivo concreto de su establecimiento se desconoce, pero pudiera corresponder tanto a la devoción o promesa de algún lugareño, como a la costumbre de que bendijera a los caminantes de aquellos viejos y tortuosos caminos de arrieros, por las cumbres de la isla.

Los respaldares elegantes y bien ejecutados para la fiesta se llegaron a trasladar a la iglesia próxima de San Isidro, para adornar el templo durante todo el año.

La gran oferta de valiosas joyas, por los devotos, motiva que cada año sean elegidas, de acuerdo con el diseño, entre oro amarillo o blanco.

Música y baile arropan a la cruz en su festividad, jolgorio popular y mesones, para ello los mayordomos y mayordomas están todos los años pendientes de recaudar los dineros necesarios, incluso vendiendo lotería de Navidad.

CRUZ DE LOS BOLOS

Los recuerdos más antiguos señalan que en los adornos de esta cruz para su festividad predominaban flores, hojas de palmeras, candelabros, papel –en banderitas y otros motivos- y el enjoyado con onzas de oro. Actualmente se utilizan materiales naturales como semillas, pétalos, plantas y hojas de palmeras.

Las mayordomas eran las encargadas de recoger, entre ellas mismas, las joyas que lucía la cruz, bella y armónicamente enlazadas sobre la tela que la viste, siempre de color blanco.

A la construcción en madera tallada en forma de bolos se debe la denominación popular por la que se le conoce y que la diferencia de otras.

En los enrames de antaño se cubría la cruz con papel plateado, en el que se sobreponían joyas y onzas de oro, colocando a los pies figuras y jarras de fina porcelana. Hoy, los materiales que se utilizan para embellecer el lugar son variados, entre ellos cáscaras de huevos coloreadas y pajitas de balango -avena fatua- con lo que suelen recrear bellos cortinajes.

CRUZ DE LOS CHICOS

El nombre popular de este crucero recuerda, a perpetuidad, a un grupo de chicos –chavales y niños- que en 1981 se incorporaron a la tradición de sus mayores. Para ello, levantaron una cruz que adornaron primorosamente con flores, vistosas plumas de gallina y bisutería. Les motivó la ausencia de cruces en su calle. A partir de 1982 se bendijo y se empieza a recoger entre los vecinos “el oro” para engalanarla.

La madrugada de la velada, el 3 de mayo, se esfuerzan por mantener al vecindario despierto con los juegos de la carrera de sacos y de la manzana. No se permite que nadie duerma. Se cuenta que a quien lo haga se le hace una foto junto a Macario, un ridículo muñeco. No en vano, desde su fundación conserva la viejísima tradición palmera de colocar, en las proximidades de la cruz, los llamados “mayos” a modo de grotescos muñecos.

Estos peleles pertenecían originalmente a las festividades paganas del primero de mayo y sin que nadie se lo propusiera han pasado a la festividad de la cruz.

CRUZ DE LA UNIÓN

Según la tradición, la hornacina o nicho de esta cruz lo construyó Francisco Cruz Hernández en el siglo XX. Las tierras donde se encuentra pertenecieron a la familia Massieu Campos y Castillo, quienes construyeron en el siglo XVII el gran portón de entrada a la hacienda que producía “pan sembrar” –trigo- y parras de malvasía y vidueño.

En la posguerra, esta cruz era conocida por las Rabiscas, para más tarde ser conocida por la Unión, según la transmisión oral, debido a la buena concordia, armonía y alta participación del vecindario.

CRUZ DE LAS LEDAS

Esta cruz originalmente se encontraba en el interior de la casa de la vecina Petra Álvarez. Cuando llegaba la festividad la “sacaban al camino” y allí se enramaba con flores, plantas y rama. La memoria de los vecinos recuerda que al menos desde la primera década del siglo XX ya recibía culto y era velada.

Se alza en su remozado nicho en el camino de El Brezal, lindante con el municipio de Breña Baja. Devotos de los dos márgenes del camino, pertenecientes a los dos municipios, se encargan de vestirla cada año con ricas telas de color blanco, con cuidados frunces entre los que se entrelazan prendas -joyas-.

CRUZ DE PEDRO PAQUETE

Se encuentra en el barrio de Breñas, próxima a la Cruz de la Piedad. Según la memoria popular la devoción a la Santa Cruz del vecino Pedro Paquete hizo que construyera, al mismo tiempo que su casa, el nicho de esta cruz, integrada en la arquitectura y diseño del inmueble.

En la festividad, sus familiares y nuevos propietarios continúan adecentando la hornacina, cambiando la tela que la recubre, la enraman con flores y encienden velas a sus pies.

CRUZ DE LA CORSILLADA

Cruz de las llamadas de cruces de caminos, se levantaba en el punto de encuentro de varias vías de herradura, con asientos para los caminantes y descanso de los vecinos, sitios llamados también “mentidero”, de reuniones de los lugareños al caer la tarde. Pertenece al barrio de Buenavista de Arriba.

En la memoria histórica se ha perdido el año de su establecimiento, que posiblemente coincidió con la misma época de la construcción de la vivienda donde descansa o bien, al edificar la casa, se respetó el lugar donde estaba una cruz más antigua.

Cuando llega la festividad, no faltan en sus pies flores y velas encendidas. Se recuerda que en los años cuarenta del siglo XX se le hizo una gran fiesta, por promesa y agradecimiento de una vecina, a la que acudieron gentes venidas de diferentes lugares.

CRUZ DE LA GLORIETA

Se pierde en la memoria popular a quién se debe el levantamiento de esta cruz, pero debió pertenecer a la heredad o hacienda de la familia Massieu. Antiguamente se encontraba al lado del portón de entrada de la finca o hacienda.

A Josefa Álvarez Gil, hija de Gabriel Álvarez Massieu, se la recuerda como la más antigua devota que enramaba esta cruz.

En los años noventa del siglo XX, después de diferentes emplazamientos, los vecinos recuperaron la tradición de enramarla para la festividad. Conserva una bonita base de piedra tallada, o pie de la cruz.

CRUZ DE ÁNIMAS

La tradición religiosa del rezo por las Ánimas del Purgatorio tiene hondas raíces en la devoción religiosa de La Palma. En las parroquias de la isla existieron cofradías y altares dedicados a las ánimas. No sólo los templos guardan memoria de esta devoción, sino que también ha pasado a la toponimia insular y es usual encontrar lugares con nombre del Lomo de las Ánimas y otros.

Al arraigo de esa tradición debe pertenecer el origen de esta cruz. Se cuenta que hace muchos años los “luchanos” –soldados que realizaba el servicio militar en la isla- profanaron la cruz, rompiéndola y robando las limosnas. Los vecinos denunciaron los hechos y el Regimiento Militar asumió el coste de la reposición.

La construcción de la nueva se debe al carpintero Miguel Hernández Hernández y a la generosidad de un vecino, de profesión herrero, la reja que protege esta cruz, que también se conoce con la denominación del “herrero”.

Conserva los antiguos enrames con telas y sin prendas -joyas-. Es usual encontrar a sus pies figuras de cera en forma de personas, niños, miembros, animales, ejemplo de las numerosas encomiendas, gratitud y devoción popular de este crucero.

CRUZ DE LA PAZ o LOS CAMINEROS

Enmarcada por un antiguo y bello arco de medio punto de piedra tallada, esta cruz fue conocida por la de Los Camineros. Debió tener entre sus devotos a los camineros –encargados del mantenimiento de las antiguas vías y caminos públicos- quienes le ponían flores y la enramaban

Por los años cuarenta del siglo XX, la festividad era reclamo de asistencia de público, ante las tradicionales representaciones de loas sobre un escenario debidamente decorado con monte y palmas, en versos –normalmente décimas- populares sobre la cruz, en las que los protagonistas iban vestidos de ángeles. Terminaba la jornada con un baile.

Se celebraban también otros actos populares como carrera de sortija a caballo, de sacos y de carneros.

CRUZ DEL ROSAL

En el mes de mayo, dos hermosos y floridos rosales, que estuvieron enraizados sobre el nicho, de color blanco y crema, le dieron nombre a esta cruz, de antiguo conocida por las de “los carlistas”.

Actualmente la festividad es una expresión del colorido de musgos, semillas y flores, en medio de un respaldar alegórico. En los últimos años vienen desarrollado motivos costumbristas.

CRUZ DE LA DURA

Esta bella hornacina, de marcado estilo ecléctico, se debe a la devoción de Ildefonso Matos, quien encontrándose en Cuba prometió que si volvía a La Palma le construiría un nicho a esta cruz. Así lo hizo en 1912.

Su enrame tradicional combina flores y papel. Su nombre se debe al encontrarse en el viejo camino de herradura llamado de la Dura, aunque hay quien opina que originalmente se llamaba de la Duda.

CRUZ DE LA CALAFATA

El nombre de esta cruz procede del viejo oficio de calafatear –cierre de las uniones de las maderas de los barcos, con estopa y brea-, trabajos que ocuparon antaño a los vecinos de estos lugares, otrora ricos en maderas que se destinaban a la construcción de embarcaciones y a la elaboración de brea, en hornos específicos para ello.

Debió vivir entorno a esta cruz algún vecino o devoto, que se dedicaba específicamente a estos trabajos. Del oficio del varón debió pasar –a modo de apodo- a la esposa y por eso se le conoce por “calafata”.

Al menos desde el siglo XIX ya se enrama. Antiguamente se engalanaba forrando el nicho y la escalinata con telas, con el complemento de figuras de porcelana, cortinas, macetas de flores y helechos.

Después de la Guerra Civil comenzaron a incorporarse respaldares, con papeles bellamente trabajados en dobles y rizos. Hoy los materiales de mayor uso son: musgo, cristales, cochinilla, vinagrera, cáscaras de huevos trituradas, semillas y otros.

Para mayor lucimiento el día de la fiesta, por los años 50 del siglo XX los mayordomos pidieron una imagen al párroco de San Pedro, Luis Van de Valle. Cuentan que ese día llovió y las devotas resguardaron, cruz e imagen, bajo un gran paraguas.

Antiguamente la velada durante las 24 horas del 3 de mayo al pie de la cruz, se hacía más llevadera con la degustación de turrado –amasijo de trigo y almendras tostadas molidas y almíbar- vinos propios y diferentes licores.

CRUZ DE LAS VUELTAS

Próxima a la zona de la Pared Vieja, en el llamado camino del Lindero o de la banda se encuentra erigida una pequeña cruz. Se desconoce el nombre del fundador o fundadores, así como el año de inauguración. La memoria de la leyenda ha quedado guardada por Rafael Pérez Armas, quien relata –por transmisión de su abuela Mercedes Armas Leal (1854-1946) – que una noche vio ésta aun hombre por esos peligrosos caminos, al que la necesidad obligó a utilizar la cruz que allí existía para hacer una antorcha e eliminarse el Santo Madero del camino.

Doña Mercedes hizo el juramento de reponer la cruz –como así lo hizo-, siendo su mayordoma mientras vivió. Construyó un murete o especie de cueva que protegía la cruz y un banco que sirvió como descanso a los caminantes. Por iniciativa de Rafael Pérez, el Ayuntamiento remozó el lugar, quedando la primitiva estructura de piedra. La cruz dispone de una inscripción que recuerda a los protagonistas de esta leyenda, doña Mercedes y Antonio Ramos Hernández (1862-1912), aquel que utilizó la primitiva cruz como antorcha. Anualmente se suele decir misa en el lugar, en el mes de mayo.

OTRAS CRUCES

Tenemos conocimiento de otras cruces en Breña Alta que aunque reciben el respeto debido no cuentan con enrames especiales. Entre ellas tenemos: La Cruz de Padrón, la cruz de la familia Sicilia, la cruz de los Cuatro Caminos, la cruz de la palmera o de la palma, y alguna más. Algunas de estás últimas mantienen los primitivos enrames. El catálogo de los cruceros de Breña Alta no se puede dar por cerrado y está, desde siempre, abierto a nuevas incorporaciones y proyectos de rescate de algunas antiguas.

* Cronista Oficial de la ciudad de Los Llanos de Aridane (2002), miembro de la Academia Canaria de la Lengua (2009) y de la Real Academia Canaria de Bellas Artes San Miguel Arcángel (2009)

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