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La emigración clandestina a Venezuela y el armador Manuel Rodríguez Conde

El Delfina Noya o barcos “Serrano”, n un muelle de Galicia. Fotografía restaurada y coloreada por Abraham Tomás Díaz Abreu.

El período comprendido entre la Guerra Civil española y los primeros meses de 1952, constituye el marco temporal en el que se desarrolló un sistema migratorio en Canarias que si bien, en cuanto a su ilegalidad, no suponía un hecho novedoso en nuestra historia, sí lo fue por la organización de las expediciones y por el modo de transporte utilizado: pequeños barcos. Fue nuestra última emigración clandestina que tuvo como destino esencial los puertos venezolanos.

Los problemas de tipo económico, acompañados o no de un crecimiento poblacional, han sido motivos para la emigración, pero en estos momentos posteriores a la Guerra Civil a estas causas se sumaban otras derivadas de la contienda: las persecuciones, humillaciones y venganzas por motivos políticos de que eran víctimas aquellos que no participaban de las ideas impuestas por el nuevo régimen.

En los últimos años de la década de los cuarenta y primeros de los cincuenta, la emigración clandestina se llevará a cabo mediante la organización de viajes en pequeños barcos que en la memoria colectiva han sido denominados de diversas formas: barcos de la libertad, barcos de la ilusión y, sobre todo, barcos fantasmas. La mayoría pertenecían a pequeños armadores locales.

DON MANUEL RODRÍGUEZ CONDE
Nació en 1898 en Los Sauces y tenía poco más de 25 años cuando emprendió un negocio de transporte y venta de productos agrícolas entre su pueblo y la capital a lomos de bestias. En 1930 se estableció en Santa Cruz de La Palma donde abrió una ferretería y más tarde un almacén de productos coloniales. En 1944 inició su andadura como armador construyendo el motovelero <<San Miguel>>. Este barco hizo viajes constantes en el cabotaje interinsular y en agosto de 1948 lo vendió en 150.000 pesetas, a los promotores de un viaje clandestino a Venezuela.

El SAN MIGUEL
Este pequeño motovelero de 15 de metros de eslora, salió el 1 de septiembre de 1948 del norte de La Palma, con una expedición de 51 personas a bordo, la mayoría por razones políticas y otro grupo por razones económicas. En su travesía tuvo un encuentro con el buque de guerra peruano Teniente Gálvez. Su capitán quedó asombrado del valor de aquellos individuos que solo le solicitaron confirmación de la ruta a seguir y que al final le desearon suerte como si fuera él quien la necesitara y no aquel grupo de intrépidos palmeros. A lo largo del viaje fueron sorprendidos por un ciclón que se presentó de repente, apenas tuvieron tiempo de refugiarse en la pequeña bodega, seguras la entrada con tablas clavadas, cerrar de la misma manera cualquier hueco existente y esperar a que pasara la tormenta, lo que ocurrió después de unas veinte horas en una verdadera antesala del infierno. Una vez con el mar en calma observaron atónitos como la costa americana se presentaba ante sus ojos ya que el temporal en vez de alejarlos de la ruta los había aproximado a su destino.

El “Diario Universal” de Caracas, publicó el día 20 de diciembre la siguiente información: “Ayer amaneció hundido en la rada el velero <San Miguel> embarcación que a mediados del pasado mes de octubre anclo en el puerto trayendo 32 inmigrantes indocumentados procedentes de las Islas Canarias, los cuales, después de la intervención del Gobierno fueron admitidos en el país como tales. El <San Miguel> llegó a la Guaira en situaciones precarias, el casco roto hizo peligrar muy cerca de nuestras costas la vida de sus ocupantes…” En él viajaban varios vecinos de San Andrés y Sauces.

EL DELFINA NOYA O EL BARCO DE SERRANO
Esta embarcación fue adquirida en Galicia por un empresario de San Andrés y Sauces para dedicarla al transporte de emigrantes. Zarpó el 20 de mayo de 1950 en el embarcadero de los almacenes en el Poyo -Los Galguitos- (San Andrés y Sauces), con 231 personas a bordo entre tripulación y pasaje. El barco fue capitaneado por Delio Ortega, marino natural de Villa de Mazo, navegó durante 36 días, la mayor parte a vela. Fueron auxiliados en alta mar por el petrolero Campoamor que les suministró agua. La goleta desembarcó en Santa Cruz de Chirimea desde donde fue remolcada a la Guaira. En él viajaban muchos vecinos de este municipio, un nutrido grupo de los Galguitos, entre ellos, Marcos Abreu Perestelo. Parte del aprovisionamiento fue suministrado, desde la tienda de ultramarinos del Bar-Restaurante “El Caribe”, por su propietario Eulogio Hernández Hernández.

 

● La emigración clandestina de Canarias a Venezuela en los años cuarenta y cincuenta del siglo XX. Néstor Rodríguez Martín.
● Periódico Diario de Avisos 1 Febrero de 1949. El velero “San Miguel” naufragó en la rada de la Guaira. MMPH.
● Manuel Rodríguez Conde, armador de cabotaje. Juan Carlos Díaz Lorenzo.
● Fotografía del velero Delfina Noya o Serrano. Restaurado y coloreado por Abrahan Tomás Díaz Abreu. El velero está en un puerto de Galicia.

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