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Forjadores de libertad: El legado de Manuel Guardia y el maestro Cándido Marante

El “Maestro Cándido” el día de la entrega de la Orden de Alfonso X El Sabio (1966).

La historia de la educación y el progreso social en San Andrés y Sauces no es solo una cronología de fechas, sino el relato de una resistencia intelectual frente al inmovilismo. A principios del siglo XX el municipio se hallaba bajo el yugo de un caciquismo férreo, representado por cinco familias que convertían el ayuntamiento en un tablero de intereses privados. En ese escenario de sombras, dos figuras emergen como impulsores de una transformación irreversible: Don Manuel Guardia Roldán y el Maestro Cándido Marante Expósito.

En 1901, la llegada del catalán Manuel Guardia Roldán supuso un choque de modernidad en un pueblo sometido a arbitrariedades. Guardia Roldán no solo trajo ideas, sino una capacidad organizativa que desafiaba las estructuras del poder establecido. Su primera gran victoria fue la organización de la Comunidad de Regantes, arrebatando el control del agua a la gestión caprichosa de unos pocos que la utilizaban como palanca de poder. Su labor no se detuvo en lo material. A través de la sociedad El Progreso, desplegó una actividad cultural y musical que sirvió de refugio y formación para una ciudadanía que empezaba a despertar. Su fallecimiento en 1931 marcó el fin de una era, pero dejó el terreno abonado para que la semilla de la enseñanza encontrase donde germinar. En su honor, la Casa de la Cultura lleva su nombre.

EL MAESTRO CÁNDIDO: ARQUITECTO DEL BACHILLERATO
Es en los años treinta cuando aparece la figura de Don Cándido Marante Expósito (1898-1970). Si Guardia Roldán preparó el tejido social, “El Maestro Cándido”, construyó el andamiaje académico. Desde sus primeras clases de ingreso al bachillerato, su visión fue clara: evitar que el talento de la comarca se perdiera por la imposibilidad de trasladarse a la capital o fuera de la isla.

La fundación de la Academia Montserrat en los años cincuenta, junto a Don José García Marques, fue un acto de fe. Pese a no ser rentable y depender de modestas subvenciones municipales – como las 4.000 pesetas registradas en 1958-.

La Academia fue el embrión del Colegio Libre Adoptado. Gracias a su tenacidad logró que los tribunales del Instituto de Santa Cruz de La Palma se desplazasen a un local del ayuntamiento para examinar a los alumnos, democratizando así el acceso al título.

El reconocimiento a esta “inmensa labor docente en tiempos difíciles” llegó de diversas formas. En 1966, se le otorgó la Orden de Alfonso X El Sabio, pero quizá el mayor honor fue el acuerdo unánime del Pleno en 1980: bautizar al nuevo Instituto Nacional de Bachillerato con su nombre.

Hoy, el busto esculpido por Antonio Rodríguez Hernández en los patios del instituto no es solo un homenaje a un hombre, sino a una generación que entendió que la cultura era la única herramienta capaz de quebrar el caciquismo. San Andrés y Sauces es hoy lo que es porque hombres como Guardia Roldán y Marante Expósito decidieron que el conocimiento no debía ser un privilegio, sino un derecho arraigado en su propia tierra.

Fondo documental:
● San Andrés y Sauces…una mirada a su pasado. José Antonio Batista Medina y Néstor Hernández López.
● Archivo Municipal. Ayuntamiento de San Andrés y Sauces.
● Fotografía. Don Cándido Marante el día de la entrega de la Orden de Alfonso X El Sabio, en el centro. 1966. Fondo Eulogio Hernández y Fernando Fernández. Coloreada con I A.

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