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Treinta y cuatro tejados y cien promesas

En Tazacorte hemos aprendido a distinguir entre gobernar y presidir un comité de bienvenida. Nosotros hicimos lo primero entre 2019 y 2023, y lo que sigue en pie literalmente, en ladrillo, es la prueba. Lo que vino después es, de momento, un solar con maleza y un despacho que cobra alquiler de las musas.

Empecemos por la promoción pequeña, si es que treinta y cuatro viviendas pueden llamarse pequeñas para quien las necesita. Vimos la demanda de vivienda pública de nuestros vecinos y pusimos a disposición del Instituto de Vivienda del Gobierno de Canarias ochocientos ochenta y ocho metros cuadrados de suelo. Y no nos quedamos ahí, que es donde suelen quedarse los ayuntamientos: redactamos nosotros mismos el proyecto, treinta y siete viviendas dibujadas, medidas y entregadas en bandeja. Propusimos además que se comprasen cuarenta y seis pisos de otra promoción, hoy habitados por afectados del volcán, que buena falta les hacía un techo y no un comunicado de pésame.

Entonces llegó la administración autonómica con su talento particular para adelgazar lo ajeno: encargó un nuevo proyecto y de treinta y siete viviendas quedaron treinta y cuatro. Tres pisos evaporados por el camino, y la explicación que nos dieron. Independizar el acceso de los garajes, que era compartido con la otra promoción. Tenía la solidez de un argumento de sobremesa, porque si ambas promociones iban a ser públicas, el garaje compartido lo compartía el mismo dueño consigo mismo. Solo la insistencia, y presentarles el proyecto ya masticado, evitó que se quedara en croquis. Sin aquellos pasos, hoy no habría grúas en ese solar; habría, como mucho, una placa inaugurando el futuro.

Y ahora la promoción grande. La de las cien viviendas, que da para una novela por entregas. Gestionamos un suelo de dos mil cuatrocientos ochenta y dos metros cuadrados, y por convenio urbanístico conseguimos gratis mil trescientos metros más para una calle y trescientos cincuenta para zona verde, que en la Administración lo gratis siempre sabe a milagro. Logramos entrar en el programa de fondos europeos NextGenerationEU: de ochenta y ocho municipios canarios, solo doce entramos en el reparto de seiscientas setenta y una viviendas, cien de ellas aquí. Se redactó el proyecto de ejecución, diecisiete millones seiscientos cuarenta y cinco mil seiscientos sesenta y un euros sobre el papel. El Gobierno licitó otras promociones. La de Tazacorte, no.

Aquí conviene una digresión, porque la palabra lo pide: licitar viene del latín licitari, pujar en una almoneda por lo que se subasta. Y lo curioso es que en esta almoneda concreta el Gobierno de Canarias pujaba por todo menos por Tazacorte, como el que va a la subasta y levanta la mano para todos los lotes salvo el que había prometido llevarse.

Ya en la oposición, llamé al director de vivienda para preguntar por qué se quedaba fuera. Me confirmó lo que ya sabíamos: que los fondos había que justificarlos antes del treinta de junio de dos mil veintiséis y que las cuentas no salían. Le respondí que si no salían para nosotros, que buscaran cómo salían para lo que ya habían adjudicado a otros, porque a Tazacorte nos dejaban en el limbo con la maqueta bajo el brazo. La conversación no terminó bien. Días después volvió a llamar, esta vez porque había publicado un artículo y no le había gustado. Que un funcionario tolere el agravio pero no la tinta dice bastante de dónde le duele de verdad.

El alcalde, mientras tanto, practica un silencio muy trabajado, del que solo emerge para asegurar que «trabaja de la mano» con el Gobierno de Canarias, una mano que, a juzgar por los resultados, se dedica sobre todo a estrechar la otra en las fotos.

Tazacorte puso de su bolsillo tres mil setecientos treinta metros cuadrados, un millón doscientos mil euros en suelo entregado sin condiciones. El Gobierno de Canarias puso, de momento, un plazo que se le escapa y una promesa que no cuaja. Yo no les pido milagros: les pido que busquen la financiación que dejaron perder y liciten de una vez las cien viviendas.

Cuando el presidente del Gobierno me pidió una vez que sintetizara más, le contesté que había cosas que no se pueden sintetizar sin mentir. Esto tampoco se puede sintetizar: hay quien construye, y hay quien inaugura silencios.

 

Juan Miguel Rodríguez Acosta

Portavoz de Nueva Canarias en el Ayuntamiento de Tazacorte

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