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Pere Aurell defenderá su condición de ganador en la Transvulcania 2019

Pere Aurell, tras vencer la pasada edición de Transvulcania. Foto de Arturo Jiménez

Pere Aurell saldó su deuda pendiente con la Transvulcania a lo grande. Después de su duro abandono de 2017 cuando apenas le quedaban unos kilómetros, el deportista catalán armó una estrategia inmejorable que le sirvió para cruzar la meta de Los Llanos de Aridane como primer clasificado en 2018 el mismo día que su pareja, RagnaDebats, se proclamaba campeona del mundo.

Aurell sueña ahora con repetir ese doblete, pero hacerlo en la Transvulcania 2019, con él ganando la ultra masculina y Debats venciendo en la femenina. “Por supuesto que estaré allí para defender el título”, señalaba Aurell antes de significar que ese hipotético doblete “sería otro sueño hecho realidad”.

Su temporada, después de la Transvulcania, ha ido marcada por la regularidad hasta volver a encontrar un nivel óptimo hace pocas fechas en Tromso (Noruega), pero su recuerdo del triunfo en La Palma le acompaña en el día a día y le sirve como elemento motivador.

“La llegada a Los Llanos la recuerdo como el momento más bonito de mi carrera deportiva, aunque sufrí mucho para llegar, pero creo que no hay una meta tan espectacular y con tanta gente, fue realmente brutal”, señalaba Aurell que reconocía que la Transvulcania es una prueba diferente “por su gente”. “Toda la Isla conoce y se vuelca con la carrera y hacen la mejor llegada del mundo, pero el recorrido tiene mucho que decir porque correr en una isla es muy bonito, los contrastes son increíbles, del negro de la tierra al verde intenso de los árboles, el azul del cielo, el mar de nubes, el océano siempre presente… es simplemente un espectáculo”, reseñaba Pere Aurell.

Pero no fue un paseo el que se dio Aurell por la legendaria ruta de la ultra palmera, y más después de su experiencia de 2017. “Aquel año llegué cansado, tenía jet lag por haber competido en China apenas unos días antes y tuve problemas estomacales en el kilómetro 25 por lo que no pude comer ni beber lo que quería así que llegué muy justito a Tazacorte y en el barranco de Las Angustias me empecé a marear y aunque seguí andando mi cuerpo dijo basta y me desmayé. No quería abandonar e intenté seguir, pero no pude. Abandonar fue la mejor decisión, pero en ese momento me dije que al año siguiente volvería más fuerte y con la ventaja de conocer ya el recorrido”, recordaba Aurell.

Y vaya si volvió con la lección aprendida. “En este 2018 todo fue muy distinto, preparé la carrera a conciencia y estaba muy fuerte física y psicológicamente. Ya en la línea de salida estaba muy concentrado, tenía ganas de salir y ver si las sensaciones eran buenas y soñaba con cruzar la meta en una buena posición”, significaba un Aurell que fue encontrando un ritmo adecuado poco a poco desde que se instaló en lo que definió como “el grupo bueno”.

“Los americanos salieron como locos, tirando muy fuerte y yo me encontré con un grupo que iba a un ritmo cómodo, los kilómetros se me fueron pasando rápido y podía comer y beber bien para afrontar la última parte de la carrera con fuerza”, desvelaba Aurell dentro de esa estrategia para la primera parte de una carrera que le emparejó con el ruso DmitryMityaev y el francés ThibautGarrivier.

A partir del avituallamiento del Pico de Las Nieves todo se redujo a un mano a mano entre Aurell y Mityaev. “Arriesgué un poco y tiré, pero antes de llegar al Roque me cogió una pájara y Dmitri me recuperó casi toda la ventaja por lo que me centré en comer y beber bien para tratar de abrir hueco en la bajada sabiendo que ahí yo voy mejor”. Y así fue hasta que llegó al punto fatídico del barranco de Las Angustias. “Cuando entré en el barranco lo pensé, ya estoy aquí de nuevo y mi condición no era mucho mejor que la de 2017 y llegué a tener algo de miedo porque sentía que me iban abandonando las fuerzas, tenía muy presente lo que me había pasado hasta que pasé por la roca donde me quedé en 2017 y me dije a mí mismo que ya me había superado. Me dio ánimo para el final, aunque la última subida se me hizo eterna, no tenía fuerza, la hice como pude, pero llegar al pueblo y ver toda la gente que esperaba allí en la meta me dio la fuerza justa para hacer la última recta. Lo había logrado y era la persona más feliz del mundo”.

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