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Plátanos: sobreproducción y cambio climático

Este año ha servido, sin embargo, para demostrar que, al menos ahora, es falsa esa idea tan repetida de que “la banana ocupa el hueco que le deja libre el plátano”

Tiempos revueltos para el plátano, en el que los precios, semana tras semana, se mantienen en niveles tan bajos que ponen en riesgo la rentabilidad de muchas explotaciones. Es cierto que el agricultor estaba acostumbrado a sufrir períodos de bajos precios, pero no se recuerda que esta situación se haya prorrogado durante tantos meses seguidos.

La explicación viene dada por una elevada producción para lo que es habitual. Hasta la semana 33 (mediados de agosto), el incremento de la fruta cosechada representaba un 10% más sobre el año anterior. De seguir en esta progresión, la producción estaría en torno a los 430 millones de kilos, prácticamente igual que en el año 2010, y muy por encima de los 420 millones que tradicionalmente se tenían como referencia para el cálculo de las ayudas europeas.

Es imprescindible analizar el porqué de esta producción. Como es habitual cuando un hecho excepcional se produce, no suele haber una única causa, sino la coincidencia de varios factores para generar una “tormenta perfecta”.

La principal causa es la climatología. Las temperaturas medias del otoño y del invierno han sido más calurosas de lo normal, y muy similares a las del año 2010. El incremento de las medias es asimétrico: mientras que las temperaturas máximas se mantiene en niveles normales, las temperaturas mínimas del otoño-invierno han subido, siguiendo la tendencia de los últimos años. La importancia de las temperaturas mínimas en el desarrollo del plátano es aún mayor que en otros cultivos, y en la mayoría de las zonas productoras se encuentran entre los 12 y los 14 grados. Es decir, justo en el límite en el que la planta detiene la emisión de hoja y el llenado del fruto. Cuando la temperatura mínima se encuentra por debajo de los 14 grados, la piña deja de llenarse. Si además baja de los 12 grados, la emisión de hojas se reduce hasta casi detenerse. Aun teniendo en cuenta las enormes peculiaridades del clima de las Islas, podríamos afirmar que este año han sido muy escasos los días con menos de 14 grados. En consecuencia, la planta no ha sufrido ese parón acusado que se produce en los años normales. Eso provoca, de una parte, el acortamiento del ciclo de llenado de la piña y el consiguiente adelanto en la fecha de corte. Y de otra, una concentración de los cortes: normalmente las piñas nacidas en la misma quincena se acaban de cortar en unas seis o siete semanas (período desde que se corta la primera a la última). Este año, en cuatro semanas estaban todas cortadas.

Como sabe el agricultor, “el adelanto llama al adelanto”. En este caso, al cortarse antes la piña, que frena el crecimiento del hijo, el sucesor acelera la emisión de hojas y, por tanto, en condiciones normales, la siguiente cosecha se adelanta, pero este efecto queda a expensas de las temperaturas de los meses siguientes.

Como se ha comprobado en otros años similares a éste, el calor provoca un incremento del peso medio de la piña, lo que contribuye a una mayor producción. Y hay quien afirma que el uso de nuevos productos fitosanitarios ha reducido el daño de las plagas y, por consiguiente, las mermas en la fruta.

En la elevada producción han influido otros aspectos, como el hecho de no haber sufrido temporales de viento fuerte durante los dos últimos años. También la mejora de las técnicas de cultivo podría influir, si bien la situación del bolsillo de los plataneros, tras dos años de precios medio-bajos, no facilita la inversión.

A menudo se oye hablar de que se ha producido un incremento de la superficie dedicada al plátano mediante la sustitución de otros cultivos. Y se tiene conocimiento de algunas explotaciones nuevas antes dedicadas al tomate, pero lo cierto es que, si tenemos en cuenta las ventas de planta nueva que se dedicaría a estas fincas, no parece que el efecto sea relevante. La Consejería de Agricultura posee datos para conocer realmente cuántas explotaciones nuevas se han puesto en producción, y sería muy interesante conocer este efecto, ya que resulta imprescindible saber si esta situación de exceso de producción es puntual o debemos acostumbrarnos en los años sucesivos a bajos precios e inutilización.

Cambio climático

Mucho se ha escrito sobre el controvertido tema del cambio climático, si bien, ya pocos son los científicos que discuten que es una realidad. Aunque estamos hablando en este artículo de un año concreto y de cómo afecta a la actual campaña agrícola, es interesante revisar los efectos futuros del aumento de temperaturas. Consultamos para ello un interesante trabajo, “Evaluación del calentamiento global en Tenerife”, en el que los científicos José L. Martín, José Bethencourt y Emilio Cuevas-Agulló estudian las tendencias de las temperaturas máximas y mínimas de Tenerife desde 1944 hasta 2010.

En sus conclusiones, confirman que las temperaturas medias han aumentado, pero lo hacen de forma diferente según zonas. En la vertiente norte de la Isla, la que da a Barlovento, y en cotas de 0 a 400 metros sobre el nivel del mar (donde se cultiva la platanera), la tendencia de las temperaturas medias mínimas va en aumento (no así las máximas), y eso se ha agudizado en los últimos años, desde 1970 en adelante. Según los autores, “el calentamiento es más intenso en las partes de la Isla bajo el mar de nubes en otoño e invierno”, es decir, en los meses en los que más limitación hay al crecimiento de la platanera. Para los autores, en el norte, “el aumento de las mínimas estaría favorecido por la barrera que las nubes ejercerían para impedir que la radiación infrarroja procedente del suelo escapara a la atmósfera durante la noche”. En las laderas sur, de sotavento, ocurre lo mismo pero el incremento de las mínimas es menor que en el norte.

Otra conclusión del estudio: “el aumento de las temperaturas medias mínimas y el estancamiento de las máximas tiene como consecuencia una apreciable disminución de la amplitud térmica”. Es decir, que se reducen las diferencias entre máximas y mínimas dentro del mismo día. Esa reducción favorecería también el crecimiento de la platanera, a la que los saltos de temperatura afectan de manera importante.

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Si la tendencia sigue así, es de esperar que se reduzca progresivamente el ciclo de la platanera y que con más frecuencia tengamos años “anómalos”.

La incidencia del calentamiento global sobre las plagas es también un dato a tener en cuenta. Se ha detectado un aumento de la araña roja, favorecida por el calor atípico, así como una modificación de la pauta de comportamiento del picudo.

Este año ha servido, sin embargo, para demostrar que, al menos ahora, es falsa esa idea tan repetida de que “la banana ocupa el hueco que le deja libre el plátano”. Si así fuera, este año nuestra fruta habría dejado muy poco espacio a nuestros competidores en el mercado. Y sin embargo, la realidad es que en el primer semestre, si bien habíamos enviado a la Península 19 millones de kilos más (+10%), en el mismo período entraron en la Península nada menos que 35 millones de bananas más que el año anterior (+35%) (Fuente: Administración de Aduanas e Impuestos Especiales de la Agencia Tributaria. Nuez J.) Es decir, que a pesar de todo, hemos seguido perdiendo cuota de mercado. Para reflexionar.

Artículo publicado por Ginés de Haro, Ingeniero Agrónomo, en la Revista Agropalca, número 34.

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