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Opinión
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Máximo Pérez Tejera

¿Monarquía o República?

  • Política de andar por casa

Tal y como se van desarrollando los acontecimientos, la cuestión cobra actualidad y sacude nuestra Democracia.
Parece que se está abriendo la caja de Pandora y los vientos no son muy agradables. Como siempre, nos encontramos con las más encendidas opiniones por ambos lados que parecen no tranquilizar el ambiente. Por un lado, se reclama un referéndum, que dada la correlación de fuerzas, intuimos que por ahora no se va a celebrar. Y por otro, se intenta dar una salida que sin entrar en las intricadas justificaciones e injustificaciones jurídicas, pues no tengo formación para ello, se percibe desde la calle como cicatera y nada democrática.

El Referéndum de 1947, cargado de las irregularidades de una dictadura metida a decidir sobre cuestiones monárquicas, no es aceptado, yo diría que por amplios sectores de la ciudadanía, como una base firme, a pesar de ese 93% del sÍ, pues valientes eran los que decían lo contrario. Otra cosa es lo que opinan las cúspides de los partidos, lo que demuestra una vez más el alejamiento de la calle, pues algunos como en el PSOE piensan que, por haberse convertido ellos a la monarquía, lo han hecho todos sus votantes.

Sobre el tema se ha escrito bastante y yo no voy a descubrir la pólvora ni a sentar cátedra. Reconociendo mis limitaciones, quiero hablar de ello como algo normal y corriente de nuestra vida, vamos, de "andar por casa", sin ánimo de levantar ampollas y sin los miedos y suspicacias que uno intuye en el ambiente. La libre expresión es un derecho y haríamos un flaco favor nuestra democracia si reconocemos temas tabúes o intocables.

La monarquía como don o delegación divina para conducir a un pueblo, supongo que ya no tenga seguidores, se mantiene como una Institución más o menos representativa que asume una "jefatura del Estado" que, según las opiniones de sus defensores, aglutina a un pueblo en un territorio concreto, dándole garantías de unidad y pervivencia.

La razón fundamental de los que no la aceptamos, es, entre otras, que no creemos en una genética que nos garantice que todas las personas sean aptas para una función, y menos de por vida. Por ello, pensamos que esa función debe ser realizada por una persona electa para un período de tiempo concreto. Al electo lo podríamos llamar Rey, como ha ocurrido en algunas culturas, o simplemente Presidente, como ha venido a llamarse en las Repúblicas, cuyas garantías de funcionamiento creo que ya no son discutibles.

La palabra República, a pesar de que en la Comunidad Europea 21 de los 28 integrantes son repúblicas, tiene para parte de las generaciones mayores de nuestro país un matiz peyorativo. Para algo han servido cuarenta años de adoctrinamiento del régimen que se alzó contra una República legalmente establecida. Hay que reconocer que había dificultades y anomalías, claro está, pero se pudo haber intentado resolverlas de forma democrática sin el empleo de la fuerza, que, además de medio millón de muertos, trajo una larga etapa de oscuridad y tristeza de la que aún quedan flecos preocupantes.

Por otra parte, la legitimidad de la monarquía hereditaria, aún dentro de sus defensores, no ha estado siempre clara. Cuántas luchas, cuántas guerras, cuántas intrigas en el pasado y cuántas discrepancias en la modernidad. ¿Fue legítimo el reinado de Isabel la Católica o fue una usurpación basada en la difamación y las intrigas para robar el trono a Juana "La Beltraneja? ¿De quién es la razón, de los isabelinos vencedores o de los carlistas derrotados? ¿Qué hubiera pasado si Franco hubiese aceptado como válida la revocación de su renuncia hecha por D. Jaime, (hermano mayor de D. Juan de Borbón) que parece ser que hasta el último momento no lo tuvo claro? ¿Reinaría su nieta?

Y ¿Si D. Juan de Borbón, figura admirable que se enfrentó a Franco, no hubiese renunciado? o ¿Si D. Juan Carlos se hubiese negado a jurar sobre una Biblia guardar fidelidad a los principios del Movimiento Nacional y demás Leyes fundamentales del Reino, lo que después no hizo, dejándonos en la duda de si fue un franquista convencido o cree que el fin justifica los medios?

En fin, que a la luz de la calle, sin entrar en oscuros derechos dinásticos, hay muchísimos motivos para dar origen a posturas "respetables" de los ciudadanos. Lo importante es que sepamos debatirlas, y defenderlas o rechazarlas en paz. Y no vendría mal que de vez en cuando las constituciones se refrendaran de nuevo en sus términos más importantes. Nada es eterno. La Constitución del 78 fue refrendada por los mayores de 20 años, por lo que todas las personas menores de 56 años no han opinado sobre ella y es un gran porcentaje de los españoles.

Reitero mi criterio de que los partidos políticos no pueden, o no deben, sustraer al pueblo las decisiones importantes, sólo porque sus cúspides crean que ellos son los poseedores de la verdad. Hacen falta reformas y hace falta que se acabe de una vez con esta política inmovilista, que se eliminen, se redefinan y se revitalicen las instituciones, que sus cargos se renueven según ley y por procedimientos democráticos y no cuando los "hijos de Dios" estén seguros de contar con las personas adecuadas a sus fines, o cuando se pongan de acuerdo para sus intereses, ya que, como estamos viendo, no son los de los ciudadanos a los que parecen temer negándose a preguntarles abiertamente cuáles son los suyos.

En resumen: Otra política y otros modos de hacerla. Ese es el clamor que se necesita juntando miles de granos de arena para que sea posible. Para forjar entre todos una regeneración forzada desde fuera, ya que como he expuesto en otras ocasiones, las catarsis internas si que van demostrándose utópicas.

Y ¿por qué esas prisas para abdicar y coronar al Príncipe Felipe? Eso es harina de otro costal y seguirá dando que hablar.

 

 

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