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Mirar más allá del horizonte

Y no debemos de tardar mucho en hacerlo. Y abandonar cuanto antes el sistema ‘cholista’ del partido a partido y empezar a levantar la vista para mirar más allá y encontrar un proyecto de futuro para este país que un día fue grande. Y si abandonamos nuestros complejos, volver a hacerlo grande.

¿Alguien piensa que ahora mismo tenemos algún futuro? La unidad territorial más amenazada que nunca, la unidad política más dividida que nunca (a niveles de la pre-guerra), el futuro económico más en entredicho que nunca, la distribución de recursos más caótica que nunca con un tercio del país subsidiado entre paros, ayudas, rentas mínimas, y demás gaitas cautivas del voto.

Claro que hay escollos, y no pocos. Empecemos por el partido del gobierno. Si el PSOE ya había pagado su cuota de descenso con un presidente ‘florero’ llamado Zapatero, qué pinta ahora este Pedro Sánchez con su obsesión de reinventar la España de menos gloria que se recuerda. Nada bueno se podía esperar cuando este hombre ganó las primarias a una Susana Díaz con todas las locomotoras del socialismo histórico detrás de ella. Felipe, Alfonso, Zapatero, Rubalcaba y unos cuantos más no pudieron parar la llegada del hombre que estaba ‘llamado’ ¿a qué? A la mayor destrucción que se recuerda de nuestro panorama patrio.

Su compañero de cama, aunque ya duermen en camas separadas, sorprendido de lo bien que le ha venido el coronavirus, encerrando a todo el país en sus casas para poder desplegar vía BOE todas sus doctrinas bolivarianas. Acostumbrado a circular por carreteras secundarias, se encontró con una autopista y no la está desaprovechando. Un peligro para España. Un partido y un sujeto que hasta hace poco nadie quería estar con él, hasta que Sánchez, cual novia despechada, le entregó su alma porque corazón no tiene, y le puso en bandeja el Registro de la Propiedad de nuestra España, vía libre para cambiar los patrimonios de nuestro país, porque Iglesias no piensa en cambiar los linderos de las propiedades, su ideario es quedarse con ellas.

Y el líder de la oposición, que está obsesionado con opositar contra él mismo, parece que tampoco es el líder que necesitamos. Mientras tanto, nadie es capaz de convencer a Feijóo de que acepte el reto de la política nacional, y lo difícil que es hacerle ver que si fuera el presidente de España, también lo sería de los gallegos. Pero el partido que siempre presume de gestión, no es capaz de gestionar bien sus recursos humanos.

Abascal seguirá navegando, y por muy cerca que vea la orilla, seguirá remando y remando para estar siempre, mas ó menos donde mismo. Para ser presidente de España se necesitan por arriba de 100 escaños, y ese resultado es técnicamente imposible que lo obtenga, al menos, en las próximas legislaturas.

Ciudadanos ha perdido el tren, el único tren que pasaba por la puerta de su casa cuando Rivera desechó el plan que tan buen resultado le había dado con Rajoy, marcarle la hoja de ruta a Pedro Sánchez y que su partido, Ciudadanos, siguiera creciendo a un ritmo de vértigo. Han levantado las vías, y por donde antes pasaba el tren ahora simplemente pasan carretillas. Con todo el respeto a las carretillas. ¿Desplome definitivo?

Siempre hay algo que ver más allá del horizonte, levantemos la vista, por favor.

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