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Al que yerra, perdónale una vez, mas no después

Reacciono con estupor e indignación al uso mediocre del “…..y es que” cuando me tiran en la cara los muertos, escucho y leo en algunos medio de comunicación, e incluso en el seno de la Cámara de la soberanía popular que “sin el confinamiento hubiera habido 300.000 muertos”.

También podría preguntarse ¿Cuántos muertos hubiera habido si no se hubiesen celebrado los actos masivos del 8 de marzo? Una respuesta rápida y certera sería “pues la mitad que en Alemania atendiendo a la población”.

Vamos a ponernos exquisitos, alguien podría pensar que es tan miserable decir lo uno que lo otro, y no le faltaría razón. Así que lo suyo es no hacer política de baja altura y volar en adelante un poco más alto. Y esto no se arregla ni con 10 campañas de crowfunding.

Apliquemos en adelante algo más de mesura y sentido común a la hora de gestionar el escenario actual, buscando un exquisito equilibrio entre preservación de la salud y no deteriorar aún más la economía (la segunda deriva de la actual catástrofe); y tengamos presente aquello que dice “al que yerra, perdónale una vez, mas no después”, según lo cual la reincidencia merecería castigo .

Y lo de la reincidencia tiene sentido cuando nos enteramos del pacto entre la coalición gubernamental y los filoetarras para derogar la reforma laboral, lo cual da igual que sea total o parcial porque en el momento actual es absolutamente inconveniente. Volver al escenario anterior de rigidez contractual traerá graves consecuencias para el empleo, y sino al tiempo.

En otro orden de cosas, en un artículo de opinión anterior titulado “Alarmante deriva jacobina” ya alerté acerca del error de pretender desde el gobierno central aplicar soluciones homogéneas ante situaciones distintas y que no valía el argumento demagógico de que el virus no entiende de territorios, opinando que, a pesar de que en materia de salud pública el poder de decisión debería recaer en el gobierno central, deberían tenerse en cuenta las aportaciones que hagan las comunidades autónomas al respecto, ya que son administraciones más cercanas al ciudadano. En las últimas prórrogas del actual estado de alarma aunque sea aparentemente se aboga por una cogobernanza parcial en la implementación del mismo, aunque sospecho que más que por convicción propia sea forzado por la premura de recabar el apoyo de algunos partidos nacionalistas o regionalistas periféricos; de ahí que siga vigente la expresión alarmante deriva jacobina.

A lo ya dicho sobre los Länder alemanes, apunten lo que se está haciendo ya en Italia, Estado de contrastada cultura administrativista, al descargar en sus Regiones la implementación de la desescalada. Llegados a este punto no está de más seguir tirando de nuestro rico refranero, trayendo a colación “Quien yerra y se enmienda, a Dios se encomienda”, porque “de hombres es errar; y de bestias perseverar en el error”, dicta una sentencia acerca de las personas dóciles y poco obstinadas en sus convicciones.

Abogado y Doctor en Derecho*.

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