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¿2020, un año para olvidar o para recordar?

El virus COVID-19, tiene la referencia numérica, referido al año que se gestó y se descubrió en ciudad de Wuhan, y no fue por tanto en 2020, sino en 2019. Sin embargo, es a 2020, al que le echamos la culpa de todos los males de la pandemia, porque en el 2019 era un problema exclusivamente chino.

Y es esto, precisamente, lo que me ha llevado a compartir unas líneas de reflexión en este último día de 2020. Y es que no son pocos los pensadores y sociólogos que vaticinan que dentro de 50 años, este año ya no se recordará, y si se recuerda será más por lo que no pasó, que por todo lo horrible que ha pasado.

Es el mismo cortoplacismo, el que nos hizo mirar para otro lado con las noticias que llegaban de Wuhan, que el que nos hace olvidar, lo que puede significar para una Sociedad tener Planes para afrontar los retos del futuro.

Este año pudimos observar la vulnerabilidad del ser humano, que se hizo más visible en los que ya eran vulnerables. Pero también vimos cómo nuestro país no tenía industria, ni para fabricar mascarillas, ni respiradores. Nos dimos cuenta de nuestra dependencia económica en las islas, y de la importancia de la globalización. En los bancos de alimentos se podía realizar un balance sobre la magnitud de la economía sumergida. Ah!, también aplaudimos a los sanitarios, pero comprobamos la precariedad de su trabajo y de la falta de medios y respuesta. Descubrimos, aún en la era tecnológica, las dificultades del trabajos distancia o teletrabajo. Analizamos la importancia de la biodiversidad y del cambio climático.

Y ante la ausencia de medios, ante la falta de Planes, y el desconocimiento, surgió la capacidad del gran capital humano; de personal sanitario, de personal de supermercado, de voluntarios, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, de nuestra gran Unidad Militar de Emergencias, equipos sociosanitarios, de ganaderos, agricultores, transportistas…Llegó el momento de las personas, del trabajo en equipo, de la solidaridad comunitaria, del ejercicio individual para la suma colectiva. Cualquier gesto contaba. Y muchos, la gran mayoría, lo entendieron. Y no olvidemos el personal educativo, que sacó la primera evaluación con Sobresaliente. Y yo he comprobado la entrega y trabajo de muchos funcionarios municipales ante circunstancias adversas. Mientras, la investigación no paraba para poner a disposición vacunas en tiempo récord.

Los seres humanos a lo largo de la Historia hemos demostrado que somos capaces de lo mejor y de lo peor. Somos seres complicados. Y si algo debemos recordar de 2020, es que hemos sido conscientes de nuestras carencias, pero también en la capacidad del desgaste individual con fines colectivos. Hemos desarrollado empatía, porque el virus nos ha igualado a todos sin condición.

Nuestros antepasados libraron pestes, calamidades, guerras y hambrunas, y no se merecían acabar su periplo vital así. Por tanto, no debemos olvidar lo que aprendimos en 2020, y deseo que en 2021 se den las circunstancias para atender las necesidades del momento y para comenzar a construir la Sociedad de nuestros hijos, nuestros nietos, y los tataranietos de nuestros nietos, con planificación y pensamiento catedral, escuchándonos, colaborando, siendo solidarios, generosos, en Sociedad, juntos. Propongo brindar por nuestros buenos antepasados y por el trabajo colectivo de nuestra Sociedad.

Feliz y Buen Año 2021.

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