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Invierno lluvioso, verano de hierba seca y peligroso

Este invierno que acaba de terminar nos ha dado varias alegrías, dentro del desastre del COVID: unas lluvias abundantes que necesitábamos con urgencia vital, y unos maravillosos paisajes pre-primaverales de campos verdes y floridos. Hace muchos, muchos años, que no veíamos algo igual, y nos ha ayudado bastante a levantar el ánimo ante la baja moral provocada por la larguísima pandemia. Pero, como no seamos precavidos, previsores, tenemos muchas boletas para que nos toque un verano desastroso…por el enorme peligro de incendios que se barrunta a pocos meses vista.

Si miramos nuestro entorno, vemos que las numerosísimas huertas y espacios abandonados, sin cultivos, de nuestros campos y zonas circundantes a las poblaciones, tienen en estos momentos una masa de hierba espesa y muy alta, de más de un metro de alto. En poco tiempo, tornará a secarse, y no hace falta que llegue el verano. Bastaría una primavera algo seca, o una entrada de calor sahariano, para que tengamos un verdadero polvorín en nuestro entorno. Una chispa, una imprudencia, una actitud negligente o criminal, y podemos encontrarnos con un incendio como no recordamos en décadas, especialmente peligroso para las zonas habitadas. Tengamos en cuenta que una hierba de ese espesor y altura puede, en caso de incendio con viento, provocar unas llamaradas de una intensidad y velocidad de desplazamiento incontrolable. ¿Recordamos el incendio de hace años, que se originó en Mazo, y llegó en escaso tiempo a través de las huertas abandonadas a Fuencaliente? Rodeó en un santiamén las casas del casco urbano con gran riesgo para las vidas, amén de propiedades. Pues mucho peor podría ser. Tendríamos que estar ya, en estos momentos, actuando, con toda premura, con urgencia vital. Y hay que hacerlo en primavera, ya, no esperar al verano.

¿Qué trabajos se tendrían que estar realizando en estos momentos? ¿Quiénes? A nivel de Cabildo, todas las carreteras y pistas de la isla tendrían que tener un margen de varios metros a ambos lados totalmente limpio de hierba seca, pinillo u otros materiales combustibles. Pero a nivel de ayuntamientos y particulares propietarios de terrenos  es donde reside la mayor tarea y urgencia. En pocos meses, repito, en esta primavera y antes del verano, tiene que estar cortada y retirada la hierba de todas las propiedades no cultivadas. Son nuestras autoridades locales las principalmente responsables de actuar con rapidez, decisión, haciendo su parte del trabajo, y vigilar que los demás cumplan también su parte, tomando las medidas de información, advertencia y sancionadoras que hagan falta. Y, por supuesto, redoblar la vigilancia hacia cualquier tipo de negligencia en los trabajos o actitudes pirómanas que puedan existir.

Si actuamos con cordura y anticipación, tenemos posibilidades de tener un verano sin sobresaltos, o con los menores daños posibles. Si no, el agua acumulada en nuestras presas en este invierno húmedo no dará para atajar tanta pandemia de incendios  como puede caernos encima.

Como dice el dicho: “Más vale prevenir que curar”, y “los incendios de verano se atajan en invierno”. Pues eso. Dicho queda.

Fdo. Tomás Ramos.

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