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Opinión
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`Quillas en alas de lona´

Foto de José Ayut.

Con motivo de la llegada a Lanzarote de la primera edición de la Regata de San Ginés, el Semanario Pronósticos de Arrecife publicó en 1947 un artículo firmado por Fidel Roca en el que describía a los regatistas como “aquellos que han luchado valientes y heroicos contra los elementos y han competido en noble lucha con la sola arma del arte de saber llevar unas quillas en alas de lona”.

En la actualidad, las velas ya no son de lona y las quillas han adoptado formas más acordes con las nuevas tecnologías, aunque el arte de saber llevarlas sigue siendo el arma que todo regatista emplea en la noble lucha por la victoria. Sin embargo, estaríamos equivocados al pensar que esa lucha es contra el adversario; es contra la mar, el viento, en ocasiones el miedo, el frio, incluso contra uno mismo. Quizás sea ese el motivo por el que el deporte de la vela lleva aparejado un alto grado de formación y maduración personal. Desde luego, no cabe duda de que promueve valores y aptitudes como el respeto, el compañerismo, la iniciativa, la autoconfianza o la comunicación, al igual que lo hacen otras disciplinas deportivas. Pero la conjunción entre actividad física y mental, y el medio que nos rodea lo hacen único, y de especial relevancia en una isla que se precia de ser Reserva Mundial de la Biosfera.

Como diría el periodista y escritor Ángel Tristán Pimienta, el “acceso optimist” es la fórmula mediante la cual los niños llegan al mundo de la vela. Se trata de un pequeño barco simple, estable y a la vez competitivo, por lo que los niños y niñas, de entre 7 y 14 años, ganan mayor seguridad en sí mismos y pueden desarrollar sus habilidades. Su origen es bastante curioso ya que a los jóvenes de un pueblito situado en la costa oeste de EE. UU. se les ocurrió utilizar las cajas de jabón industrial que desechaba una fábrica local para colocarles ruedas, una vela, y lanzarse con ellas a recorrer las calles. Ante las vertiginosas velocidades que alcanzaban esos carritos veleros, los alarmados vecinos hicieron llegar sus quejas al alcalde quien como solución encargó a un ingeniero que se valiera de esos mismos materiales para crear algún tipo de embarcación que proporcionase a los chicos diversión en el agua y no en medio de la población. Con el paso de los años y la mejora de su diseño, causó un “boom” mundial que lo convirtió en la base de la navegación a vela.

Efectivamente, el optimist es el cimiento del deporte de la vela -por mucho que algunos, rendidos al boato y el artificio, pretendan obviarlo-. En él se han forjado los grandes campeones que ha dado Canarias y en él navega el futuro de este deporte.

Este fin de semana tenemos la oportunidad de presenciar el espectáculo que supone reunir a los mejores regatistas de prácticamente todo el archipiélago con motivo del Campeonato de Canarias de Optimist. Nuestros representantes: Aulis Pursino, Claudia Concepción, Ezequiel González, Kuan Deutschen, Mario Suárez y Valeria Díaz, han llevado a cabo una gran preparación, esforzándose y sacrificándose en duras jornadas de agua, viento, y frio. Más allá de la clasificación que logren, ellos se habrán ganado a sí mismos, haciéndonos sentir orgullosos de que seis jóvenes regatistas palmeros, junto a un centenar de chicos y chicas de todo el Archipiélago, se hagan a la mar para competir en noble lucha con la sola arma del arte de saber llevar unas quillas en alas de lona.

Buena proa.

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