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Opinión
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Manifiesto por una ciencia ética en favor de afectados por el volcán de La Palma

Francisco Rodríguez Pulido y Julio Muñiz Padilla.

Este llamamiento, abierto a todas aquellas personas que lo desean suscribir, surge por la necesidad de lograr una implicación activa, empática y solidaria de la comunidad científica, que permita, de manera individual o colectiva, una mayor implicación en la búsqueda de soluciones a todas las personas afectadas por el volcán Tajogaite. Porque un año después, son miles las personas que han visto empeorado sus condiciones de vida y bienestar. Bien de manera directa, debido a que su patrimonio, sus viviendas o sus fincas han sido sepultadas por las coladas de lava o toneladas de tefra; o aquellas otras a las que se le impide volver a sus casas, por considerarlas zonas de exclusión sin argumentos científicos de rigor, como son los núcleos de Puerto Naos y La Bombilla, o núcleos aislados y próximos al cono.

El llamamiento se une así a la iniciativa “Media hora por La Palma”, la cual pretende solicitar del mayor número de ciudadanos un acto o un gesto de empatía y solidaridad con la población afectada. Pero también quiere ser una demanda a las administraciones implicadas, desde los ayuntamientos, el Cabildo de La Palma y los gobiernos canario y español, para que las decisiones que han adoptado se corrijan y en el futuro, tengan como prioridad las opiniones y deseos de las personas afectadas, atendiendo a dictámenes científicos independientes. Es necesario que la ciencia ayude a la población del Valle de Aridane a recuperar una vida digna social y económicamente, trabajando con rigor, método y criterios sociales y éticos.

Desde el minuto uno de la erupción, la población del Valle de Aridane se vio sorprendida por un fenómeno que, por el lugar de ésta, presagiaba una catástrofe. Los vecinos más cercanos a la erupción, por sus propios medios, se vieron obligados a abandonar de manera precipitada sus hogares, en muchos casos, con lo puesto. El semáforo rojo determinó una decisión muy severa que obligó a una evacuación de miles de vecinos desde ese mismo día, de manera que el retorno a sus hogares o fincas estuvo del todo condicionada a las autorizaciones y decisiones del Pevolca, lo que dificultó que muchas personas no pudieran rescatar parte de su patrimonio.

En el Pevolca correspondía al Comité Científico de Evaluación y Seguimiento (CCES) la elaboración de informes que marcaron y aún siguen siendo deterministas en la vida de muchos palmeros. Los miembros del CCES, según las normas de funcionamiento, publicadas en el anexo 18 del Decreto 112/2018 de 20 de julio, del Gobierno Canario, deben firmar una declaración jurada de compromiso del cumplimiento de dichas normas. Además, en dicha declaración jurada, cada miembro “hará constar que no se podrá utilizar la información aportada al CCES por las diferentes entidades que forman parte de este para para cualquier fin (investigación, etc.) que no tenga relación exclusiva con el asesoramiento a la dirección del Pevolca”. Las limitaciones del CCES son contrarias a los principios éticos de la ciencia, ya que, a pesar de manifestar que el Gabinete de información del Pevolca no impedirá las declaraciones y relaciones de los miembros con la ciudadanía, “éstas están supeditadas a que siempre la información que se transmita sea consensuada en el seno de las reuniones”.

El CCES y, por tanto, el Pevolca, adoptan decisiones que, no solo restringen la libertad de expresión, sino que, embarcadas en un mar de contradicciones, no han ayudado a que la ciencia y la gestión política tengan como prioridad el bienestar y la salud física y mental de la sociedad del Valle de Aridane. La intervención sobre las coladas o en la fajana se han amparado en una dudosa declaración de emergencia in eternis, llegando a la realización de proyectos y obras innecesarias, como el embarcadero de La Bombilla o la vía de El Remo-La Zamora, o el oscuro e interesado cierre de Puerto Naos y La Bombilla. Mientras, se siguen haciendo promociones turísticas y enviando comunicados que potencian los miedos y las angustias de la población, o viendo como la inhibición y el silencio de los responsables de sanidad impiden la vuelta a la vida, en la costa y en El Valle.

La ciencia y la política, más allá de las medallas y la autocomplacencia, ante unos hechos que han sido una catástrofe, necesita asentarse en la autocrítica y la reflexión abierta. La ciencia tiene que ser rigurosa y contribuir a la búsqueda de soluciones. Es necesario que las ciencias y el conocimiento ejerzan una contribución positiva. Se deben vertebrar sobre principios de solidaridad y ética. La angustia, la ansiedad, la depresión y el dolor de miles de personas del Valle de Aridane no puede estar condicionada por intereses o enfrentamientos entre científicos.
Durante la erupción fueron decenas y decenas de científicos, miembros o no del CCES quienes convirtieron a La Palma en el laboratorio de sus proyectos e investigaciones. Algunos se convirtieron en personajes mediáticos. La mayoría ahora está callada. O, a veces, se pronuncia usando un lenguaje que causa temores y aún más ansiedad en una población que no vive con tranquilidad, como ocurre con la gestión sobre las emanaciones de los gases en la costa, o la “alarma” sobre las temperaturas de las coladas. La catástrofe natural existió, y su alcance no fue impedido por ninguna actuación de la emergencia. Ni siquiera el autobombo de que no hubo muertes justifica ninguna medalla. Nunca en las erupciones históricas de Canarias de mayor impacto (Timanfaya, Garachico, San Juan, Teneguía o Tagoro) hubo muertes, más allá de algunos casos muy puntuales.

Justo un año después de acabada la erupción, se vive una situación de incertidumbre, desinformación y escasa valoración de los deseos y opiniones de la población afectada. Sin noticias de lo que pasará con sus propiedades, cubiertas de lava, enterradas o aisladas en islas, o con las viviendas a las que se les niega ir a vivir; se emiten decretos, apelando a la información de los técnicos, y nunca ha habido apertura a otras opiniones u otras posiciones de la ciencia. Nadie puede ignorar que son muchas las personas que aún no tienen vivienda, ni tierras que cultivar, ni siquiera una identidad, ni a los vecinos de toda una vida.

El trabajo de la ciencia, sean empíricas o sociales, siguen un método. Observar, investigar, hacerse preguntas, hipótesis… Identificar y aportar respuestas. Pero la ciencia también necesita basarse en un componente ético. El volcán ha sido mucho más que un fenómeno natural. La Geoética es prioritaria, y debe ponerse en valor el componente humano, la empatía y las respuestas humanitarias. Las soluciones de la ciencia deben ser interdisciplinares, basadas en el trabajo en equipo, la transparencia, la honestidad y la solidaridad.

El astrofísico Neil DeGrasse, que presentó los nuevos capítulos de la aclamada serie de Carl Sagan, Cosmos, nos resumió en el último capítulo por qué la ciencia ha ayudado al bienestar de la humanidad. Usando sus propias palabras, solo necesitamos aplicarlo a la ciencia que se necesita hacer en el Valle de Aridane:

Debemos cuestionar la autoridad. Como Galileo, la ciencia puede y debe cuestionar a los gestores políticos. No se pueden justificar las decisiones amparadas en “criterios técnicos” no contrastados.

Hay que pensar por uno mismo. Ninguna idea es cierta porque alguien lo diga. En La Palma, los argumentos “científicos” nunca pueden presentarse como dogmas, ni nunca deben crear temores.

No creer solo porque queramos hacerlo, porque creer en algo no lo convierte en realidad. Si hay gases o no los hay no debe quedar en formulismos, aforismos o incertezas, por ejemplo.

Hay que demostrar las ideas con pruebas obtenidas a través de la observación, la identificación de hipótesis y la experimentación. La ciencia no se limita solamente a tomar datos de manera aséptica.

Uno puede estar equivocado. Los científicos se equivocan. Les ha pasado a los mejores. Es necesario la autocrítica y el reconocimiento de los errores. Y esto debe llevar a revisar el camino adoptado.

Todas las personas que firmamos y apoyamos este manifiesto deseamos que tenga el eco necesario para que la ciencia y la política dé un giro en favor del bienestar de la población del Valle de Aridane.

Promotores del Manifiesto: Francisco Rodríguez Pulido y Julio Muñiz Padilla (Químicos, profesores jubilados).

 

Enlace de la petición en CHANGE: https://chng.it/BvNQsZrd5d

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