
Manuel Marcos.
Fui senador en las últimas legislaturas en las que Felipe González presidió el Gobierno, las de 1989 y 1993. Aquella etapa fue decisiva para España y para quienes tuvimos el honor de servir desde el socialismo democrático. Por eso contemplo con respeto, pero también con preocupación, las polémicas recientes entre el expresidente y el actual Gobierno de Pedro Sánchez.
Felipe González es una de las figuras centrales de nuestra democracia. Bajo su liderazgo, España consolidó la integración Europea, culminó su modernización institucional y dio un impulso definitivo al Estado de Bienestar. La universalización de la sanidad, el fortalecimiento del sistema público de pensiones, la expansión educativa o la modernización de infraestructuras situaron a nuestro país en una senda de convergencia real con Europa.
Precisamente por la magnitud de este legado, resulta incómodo asistir a un debate público en que su voz puede asociarse más a la descalificación que a la orientación estratégica. La discrepancia es legítima. Siempre lo ha sido en el socialismo español. Y lo es aún más en alguien con su experiencia y autoridad. Pero una cosa es discrepar y otra erosionar. También es verdad que quizá no se ha sabido integrar con inteligencia política la figura del expresidente.
El Gobierno de Pedo Sánchez ha afrontado circunstancias excepcionales: una pandemia devastadora – pensemos por un momento cómo se habría afrontado con un gobierno de otro signo político – , una crisis energética derivada de la guerra de Ucrania, un contexto internacional de enorme incertidumbre y hasta un volcán. En ese escenario España ha mantenido un crecimiento sostenido, ha reducido el desempleo y se ha situado entre las economías más dinámicas de la Unión Europea.Son datos conocidos dentro y fuera de nuestras fronteras.
Eso no implica negar errores ni renunciar a la crítica. Yo mismo discrepo de algunas decisiones. Pero sería injusto reconocer los avances logrados o proyectar una imagen de fracaso total que no se corresponde con la realidad económica y social del país.
Los socialistas de mi generación aprendimos que el proyecto colectivo está por encima de los liderazgos concretos. En un contexto de creciente polarización y de cuestionamiento de consensos básicos, la división interna sólo debilita al espacio progresista y fortalece a quienes aspiran a revertir avances sociales consolidados durante décadas. Aún resuenan en mis oídos aquellas palabras que contribuyeron a alimentar un clima de crispación insoportable: ¡Váyase Señor González !.
“Quo vadis, Felipe?” no es una pregunta retórica ni un reproche personal. Es una apelación respetuosa a quien fue artífice de la modernización de España. Discrepar es legítimo; contribuir a fortalecer el proyecto común, imprescindible.
Manuel Marcos Pérez Hernández, exsecretario general del PSOE de la isla de La Palma
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manolosan
Y si dentro del partido hay alguien que traiciona al ideario del mismo, ya sea haciendo tratos con indeseables, ocultando información, desviando fondos, ayudando a la colocación de amigos y familiares de manera irregular, ¿no es legítimo denunciarlo? ¿Lo considera traicionar y “erosionar” al partido?
Entonces, da ud a entender que no sólo está de acuerdo con todo lo que he enumerado, sino que pretende que los demás también lo estén… y que se callen y lo dejen estar… La salvación de un partido (aunque aquí es el PSOE, lo extiendo a cualquiera), según ud, debe estar por encima de la ética, la moral y si me apura, el deber con el ciudadano… Ahí es nada…
Creo que llega un momento que cansa cuando ves un disparate y una serie de hechos indefendibles, sucediendo una y otra vez, sin que nadie haga nada al respecto mientras tú lo estás advirtiendo, ya sea en tu partido, tu pueblo, tu familia y hasta la comunidad de vecinos… Y uno acaba por estallar … Y el señor González, estalló.
Ahora imagínese cómo nos sentimos los ciudadanos cuando vemos y padecemos todos los dislates de los políticos, da igual el bando, una y otra vez, una y otra vez, durante toda la vida…
Imagínese toda esa tensión, rabia, abatimiento, acumulados…
Dense con un canto en los dientes de que no ha pasado nada.
Aunque seguro que si la gente se movilizara y armara una buena, ud también los consideraría traidores.
*(Qué el señor González también tuvo lo suyo, ojo, pero estamos hablando del momento presente)
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