
La primera noche que fuimos al Muro de las Lamentaciones era jueves y había una multitud que lanzaba vigorosas imprecaciones junto a la pared del Templo, se movía con frenesí mientras leía y hasta vociferaba los libros sagrados junto a sus niños. El viernes, sábado y domingo no había gente.
Impresiona llegar a un lugar con cinco mil años de historia, tantas invasiones, destrucciones y conflictos, y que además es un referente para la mayor parte de la humanidad, las tres religiones monoteístas. Cuando divisas la ciudad desde el Monte de los Olivos ves la cúpula dorada de la Explanada de las Mezquitas y más allá la cúpula gris azulada del Santo Sepulcro.
Tras cruzar las murallas por la puerta de Damasco parece que has entrado en las galerías de un zoco pues abundan los vendedores, los aromas de los dátiles y las especias. Las calles son estrechas, y a medida que vas conociendo el barrio musulmán, el armenio, el judío y el cristiano te das cuenta de la estética de esta ciudad impresionante, sus monumentos de piedra caliza, sus callejas que fueron conquistadas 26 veces por egipcios, asirios, babilonios, persas, romanos, árabes, otomanos, británicos.
Malos tiempos para el planeta, porque unos tiranos arman guerras que luego no pueden controlar. Desde hacía tiempo teníamos el proyecto de hacer este viaje y la oportunidad vino del cura de Todoque, el de la iglesia devorada por el volcán, que nos incluyó en una partida a Tierra Santa, es decir Israel y las partes disgregadas de Palestina, en buena parte ocupadas ilegalmente por colonos judíos y que no forman parte de la franja de Gaza. Alberto Hernández Felipe ya había hecho esa ruta con mucha gente de la isla. En Tierra Santa está todo tan organizado que parece un Parque Temático.
Con la guerra entre Israel, el Líbano e Irán abundan los controles en los que chicos y chicas muy jóvenes exhiben sus fusiles. El servicio militar ocupa dos años para ellas, entre los 18 y los 19, y tres para los varones, de los 18 a los 21. No todos los israelíes apoyan las barbaridades de Netanyahu, tiene sobre él la sombra de procesos judiciales por corrupción. Con los ataques de Irán, algunos drones y misiles consiguen saltar por encima del sistema defensivo, causan pocos daños pero generan impactos visibles. El terrorismo palestino provocó la matanza del 7 de octubre, y eso no se olvida, ha supuesto mayores discriminaciones para la población.
Varias veces al día resuena la megafonía de las mezquitas, y al mediodía se dejan oír las campanas de las iglesias. Esta ciudad de las tres culturas no puede perder su estatus especial.
Cuando paseas por sus calles sientes la presencia del pasado, se han elaborado maquetas de cómo era la ciudad en los tiempos de Cristo. La principal huella de los romanos es El Cardo Máximo, una de las principales avenidas, redescubierta en el Barrio Judío. Todavía conserva parte de las columnas originales y los espacios comerciales. Jerusalén permitiría excavaciones con buenos resultados, podría aparecer el teatro romano, los baños públicos, etc. Bajo la actual ciudad hay muchos pliegues de otras ciudades, y los cristianos todavía pueden caminar la Vía Dolorosa, que atravesando tiendas dedicadas al turismo, recuerda el camino que recorrió Jesús con la cruz.
Actualmente no es posible emprender este viaje, hay que esperar tiempos mejores, que según todos los síntomas van a tardar. Los judíos fueron víctimas en la II Guerra Mundial, seis millones de muertos, pero las víctimas del ayer se han transformado en verdugos del hoy, y por el otro lado el terrorismo islámico dificulta la solución de los dos Estados, Israel y Palestina. La guerra iniciada por Trump y Netanyahu ha provocado cancelaciones masivas de vuelos y una reducción drástica de las peregrinaciones. Vivimos en un mundo salvaje.
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pevalqui
Magnífica descripción de la ciudad de Jerusalén. Una ciudad magnética. Fue la víspera del Sabbat, día de descanso según la tradición judía, que allí sucede los viernes desde el amanecer. Llegamos desde el puerto de Haifa en un recorrido que se prolongó por espacio de algo más de dos horas, desde el que se podían divisar multitud de olivos. Una vez llegados a Jerusalén desde las estribación más alta de la ciudad y a lo lejos el desierto de Judea, se puede ver una imagen perfecta de la ciudad, principalmente, el casco histórico. Un enjambre de calles empedradas y estrechas llenas de puestos de comida, preferentemente, fruta y verduras, como de tiendas donde vendían merchandasing turístico de la ciudad, en medio de una multitud de turistas que a veces debíamos franquear el paso a retenes de militares armados hasta los dientes, que patrullaban la ciudad junto a familias judías, llevando consigo a toda la prole. Nos detuvimos poco más de una hora en la enorme explanada del Muro de las Lamentaciones. La iglesia del Santo Sepulcro como El Huerto de los Olivos, ofrecen un testimonio único de recogimiento espiritual. Mas allá, el Jerusalén más moderno, convive como mundo aparte, allí almorzamos en un hotel. Quien iba a decirnos que horas más tarde se sucedería la masacre de Hamás que abriría el camino al genocidio del pueblo palestino, unida a la total destrucción de Gaza.
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