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Rosario Valcárcel/ Opinión

Hasta siempre, Paco Paredes

  • "Parecía que la muerte lo andaba buscando"

Rosario Valcárcel, escritora.

Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.

Elegía a Ramón Sijé – Miguel Hernández

 

      Parecía que la muerte lo andaba buscando.

      Los comentarios entre los amigos coincidían, decían que lo veían preocupado, desmejorado, pero él no paraba de reflexionar, de idear, de ensayar, sin perder el entusiasmo. De sacar su talento y las  capacidades y los secretos que los actores llevan dentro, de escuchar a unos y a otros, opiniones contrarias y miradas cómplices.

      Desde que volvió a la isla de La Palma, con su compañera Carmen, su trabajo consistía en convertir la magia del teatro en algo natural.    

       En los últimos meses con motivo de las fiestas lustrales, preparaba varias actividades, entre otras el Carro Alegórico de la Bajada de la Virgen de Las Nieves, por eso se dedicó en cuerpo y alma a trabajar con los actores, con su físico, con los lenguajes no verbales. Armonizaba las voces de los niños, la música, los tonos, la iluminación, los sonidos. Se le veía cansado, como si todo se le viniera encima.

       Y el sábado pasado cuando Los Llanos de Aridane celebraba uno de los actos la fiesta de la Patrona, en la Plaza de España, cuando la noche se convertía en un espectáculo, cuando surgía la alegría, las tapas en las calles y las bebidas, la música y los voladores. La muerte se le acercó a Paco y como un hilo invisible tiró de él. Se produjo el silencio.

       Al día siguiente el Teatro Circo de Marte lo recibía y todos acudimos a acompañarlo a él, a sus hermanos que vinieron de su tierra murciana, a una de sus hijas, a sus amigos, a sus compañeros del teatro. A Carmen, con la que tenía una relación tan amorosa que era entrañable verlos juntos. ¡Qué divertido era estar juntos, escucharla! ¡Cómo relataba aquellos estrenos, aquellas vivencias peninsulares!  

      Todos estábamos allí envueltos en una música suave, en una tonalidad melancólica, en el llanto silencioso.

      Y yo empecé a tantear en los recuerdos, en la primera vez que lo vimos, allá, en Madrid, cuando él representaba en el teatro de La Latina "La venganza de Don Mendo". Recordé las últimas comidas que compartimos con los amigos, ya en la isla. Recordé a Luis González, el compañero de Gloria Esther que una fuerza oculta se lo llevó a otra morada, recordé la noche que en su casa le enseñó a mi hija Marietta las fotos solemnes de su recorrido teatral.  

     De pronto el escenario palpitó y la Coral Awara interpretó "Señor me cansa tanto la vida". Rafael Rodríguez leyó un mensaje remitido por el director de la Compañía Nacional del Teatro Clásico al que Paco perteneció; Antonio Abdo, muy emocionado, declamó aquel poema de Miguel Hernández a Ramón Sijé.   

    Y Paco Paredes igual que en un sueño, interpretó su último monólogo: Su muerte.

 

 

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