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Los dos entierros y pico del último alcalde republicano de Los Llanos de Aridane

Fotografía Fosa del alcalde. Autor desconocido, cedida por María Victoria Hernández.

Francisco Rodríguez Betancort, último alcalde republicano de Los Llanos de Aridane, murió asesinado en 1936 y fue enterrado en una fosa común en el Pino del Consuelo, en Fuencaliente, pero casi seis décadas después su familia consiguió encontrar sus restos en una búsqueda que desembocó en una intervención judicial pionera en España.

Son, en palabras de su nieto Francisco Rodríguez, “los dos entierros y pico de Paco”, el título del libro que acaba de escribir para preservar la historia familiar y que resume una peripecia que comenzó con una desaparición en plena Guerra Civil, continuó con seis meses de búsquedas clandestinas en 1993 y 1994 y llegó hasta la colada que sepultó parte del cementerio de Las Manchas en 2021.

Ahora, una investigación desarrollada para el documental ‘Consuelo 94’, que será estrenado a principios de 2027, ha recuperado documentos judiciales, informes forenses, fotografías y grabaciones inéditas que permiten reconstruir aquella exhumación y aportan nuevos elementos sobre su relevancia histórica.

El guionista y periodista Javier Rodríguez, descendiente del alcalde represaliado y responsable de la investigación documental, explica que el expediente judicial, localizado después de una larga búsqueda en archivos de La Palma y Tenerife, reúne entre 300 y 400 páginas de diligencias, desde las primeras actuaciones abiertas en 1993 hasta la identificación de los cinco cadáveres en el Instituto de Toxicología de Madrid.

La documentación, sostiene, demuestra que la intervención del Pino del Consuelo fue mucho más que una recuperación informal de restos por parte de los familiares. Una jueza y un médico forense acudieron al lugar y aplicaron una metodología científica para recuperar, limpiar, individualizar y analizar los cadáveres.

“Por primera vez son tratados como individuos y no como un amasijo de huesos”, resume Rodríguez, que considera que este procedimiento constituye un antecedente hasta ahora prácticamente desconocido de las exhumaciones científicas de víctimas del franquismo.

La historia sitúa habitualmente en octubre de 2000, con la exhumación de Priaranza del Bierzo (León), el inicio de las exhumaciones científicas de represaliados del franquismo.

La investigación de Consuelo 94 no cuestiona la importancia de aquella intervención, pero incorpora el caso de La Palma como un precedente anterior en el que ya se aplicaron técnicas forenses, aunque todavía no existían las pruebas de ADN que posteriormente permitirían realizar identificaciones genéticas.

Una búsqueda a ciegas
La historia comenzó mucho antes de que la Justicia entrara en escena. Entre noviembre de 1993 y mayo de 1994, los hijos y nietos de Rodríguez Betancort acudieron durante varios fines de semana al entorno del Pino del Consuelo en busca de una fosa cuya ubicación exacta desconocían.

El nieto, Francisco Rodríguez, recuerda que buena parte de la búsqueda se desarrolló en secreto. Su padre y sus tíos apenas les contaban a los nietos qué estaban haciendo y ni siquiera sabían con exactitud a qué iban cuando se desplazaron por primera vez hasta Fuencaliente.

“Era una dictadura pura y dura con ellos”, explica Rodríguez, que atribuye aquel silencio a un miedo que la generación de los hijos de los represaliados había aprendido a llevar consigo y que también intentó transmitir a sus descendientes como una forma de protección.

La pista definitiva llegó después de una cadena de confidencias mantenidas durante décadas. La investigación del documental ha recuperado incluso grabaciones en casete de la persona que habría transmitido la ubicación de la fosa, un testimonio que permite reconstruir cómo la información llegó finalmente a los familiares.

“Todos estos son papá”
Después de seis meses de búsquedas infructuosas, los familiares habían decidido dejar de acudir al monte, pero casi por casualidad, durante una comida en la que una conversación versaba sobre el cultivo de boniatos, un comensal que escuchaba alejado acabó poniendo en contacto a Francisco con una persona que conocía la posible ubicación.

Cuando regresaron al Pino del Consuelo, la búsqueda cambió de naturaleza y durante la excavación apareció una rótula, encontrada por uno de los nietos.

Los familiares detuvieron los trabajos, avisaron a una abogada y cubrieron provisionalmente los restos con unos plásticos azules.

Una jueza y un forense acudieron al lugar y se hicieron cargo de la recuperación de los cadáveres. Las fotografías originales recuperadas por el documental muestran, según Javier Rodríguez, que los restos fueron tratados de manera individualizada y que se documentó su posición antes de proceder a su extracción.

La escena tiene además una dimensión familiar que ha quedado grabada en la memoria de los descendientes. Hasta ese momento, los huesos eran para ellos una evidencia anónima. Al encontrarlos, Francisco recuerda la expresión de su padre: “Todos estos son papá”.

Los cinco cadáveres fueron trasladados posteriormente a Madrid, donde permanecieron cerca de un año en el Instituto de Toxicología. Sin ADN, los forenses recurrieron a una metodología basada en el análisis antropológico de los restos y en la información aportada por familiares, instituciones y el juzgado.

Los entierros posteriores
El procedimiento permitió identificar a los cinco represaliados. Entre ellos estaban Rodríguez Betancort y Antonio Fernández, dirigente sindical y amigo del alcalde, además de Manuel Peña y otros dos hombres cuyos nombres figuran en el expediente judicial recuperado.

Para Francisco Rodríguez, encontrar a su abuelo supuso primero miedo y después un “alivio tremendo”, la familia sólo quería enterrarlo junto a su esposa y cerrar una ausencia que había atravesado varias décadas.

Pero el segundo entierro tampoco estuvo exento de dificultades, los restos fueron trasladados a Los Llanos de Aridane y su paso por la iglesia generó un conflicto con el párroco, que inicialmente se opuso.

En 2021, la colada del volcán Tajogaite alcanzó el camposanto y volvió a sepultar parcialmente la tumba del alcalde republicano, aunque los trabajos de reconstrucción del cementerio de Nuestra Señora de Los Ángeles, en Las Manchas, ya han liberado el nicho.

“Lo escribí para que las generaciones que vengan detrás, mis hijos y mis nietos, sepan cómo fue la historia de la búsqueda”, explica Francisco Rodríguez, que durante años conservó en la memoria detalles que nunca llegaron a ponerse por escrito.

Ahora, mientras el libro de su nieto rescata la memoria familiar, el documental Consuelo 94 recupera los documentos que permiten reconstruir aquella exhumación. Francisco Rodríguez Betancort fue enterrado dos veces, y una tercera vez quedó bajo la lava, pero su historia ha comenzado a desenterrarse de nuevo.

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